LA EUCARISTÍA Y SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN


Sr. Cango. Antonio Cárdenas Salinas

 

Dice su Santidad Benedicto XVI, en la Exhortación Apostólica: “El sacramento del amor”: Que los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, están íntimamente unidos. Y así es. Porque la Eucaristía es la fuente y culmen de la vida cristiana. De algún modo pues incluye y culmina todos los sacramentos.

De hecho la Eucaristía tiene varios momentos de reconciliación. Desde el principio comenzamos pidiendo perdón con el “yo confieso… que termina con el Señor, ten piedad de nosotros”. Después en el Padrenuestro, en el Cordero de Dios, y en otras ocasiones.

Y al mismo tiempo la Eucaristía es el ofrecimiento de Cristo como nuestro redentor y de nuestras obras gratas al Padre, junto con Cristo, como dice san Pedro.

Además, la conversión que la Eucaristía promueve, acerca al sacramento de la reconciliación, que realiza el perdón de los pecados.

Al principio de la Iglesia el sacramento de la reconciliación era muy exigente, sólo se administraba en Cuaresma y tenía muy en cuenta el aspecto social, ahora dice S. Santidad Benedicto XVI, se está perdiendo el sentido de la culpa, que hace acercarnos a la comunión con un corazón no suficientemente purificado, lo cual hiere el amor de Dios, origen de todo sacramento. Además el pecado lesiona, a la comunidad eclesial que la Eucaristía expresa y celebra.

El Papa recomienda a los sacerdotes facilitar a los fieles la reconciliación, para recibir así con un corazón limpio la Eucaristía.

El Papa recomienda también la práctica equilibrada de la indulgencia, que nos ayuda a tener en cuenta que solamente el Señor nos salva y que igualmente nos acerca a la reconciliación y a la Eucaristía pues la indulgencia es: “la remisión ante Dios de la pena temporal de los pecados ya perdonados en lo referente a la culpa” que solamente se realiza después del bautismo, por la confesión, y su gracia se conserva sobre todo por la Eucaristía.

Que el Señor nos conceda siempre un corazón purificado que la confesión nos proporciona, para poder participar luego como se debe en el Sacramento, inicio y culmen de toda la vida cristiana.

Reflexión pronunciada durante la procesión de Corpus Christi, 7 de Junio de 2007.

 

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