Dice su Santidad
Benedicto XVI, en la Exhortación Apostólica: “El sacramento del amor”:
Que los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, están
íntimamente unidos. Y así es. Porque la Eucaristía es la fuente y
culmen de la vida cristiana. De algún modo pues incluye y culmina
todos los sacramentos.
De hecho la
Eucaristía tiene varios momentos de reconciliación. Desde el principio
comenzamos pidiendo perdón con el “yo confieso… que termina con el
Señor, ten piedad de nosotros”. Después en el Padrenuestro, en el
Cordero de Dios, y en otras ocasiones.
Y al mismo tiempo
la Eucaristía es el ofrecimiento de Cristo como nuestro redentor y de
nuestras obras gratas al Padre, junto con Cristo, como dice san Pedro.
Además, la
conversión que la Eucaristía promueve, acerca al sacramento de la
reconciliación, que realiza el perdón de los pecados.
Al principio de la
Iglesia el sacramento de la reconciliación era muy exigente, sólo se
administraba en Cuaresma y tenía muy en cuenta el aspecto social,
ahora dice S. Santidad Benedicto XVI, se está perdiendo el sentido de
la culpa, que hace acercarnos a la comunión con un corazón no
suficientemente purificado, lo cual hiere el amor de Dios, origen de
todo sacramento. Además el pecado lesiona, a la comunidad eclesial que
la Eucaristía expresa y celebra.
El Papa recomienda
a los sacerdotes facilitar a los fieles la reconciliación, para
recibir así con un corazón limpio la Eucaristía.
El Papa recomienda
también la práctica equilibrada de la indulgencia, que nos ayuda a
tener en cuenta que solamente el Señor nos salva y que igualmente nos
acerca a la reconciliación y a la Eucaristía pues la indulgencia es:
“la remisión ante Dios de la pena temporal de los pecados ya
perdonados en lo referente a la culpa” que solamente se realiza
después del bautismo, por la confesión, y su gracia se conserva sobre
todo por la Eucaristía.
Que el Señor nos
conceda siempre un corazón purificado que la confesión nos
proporciona, para poder participar luego como se debe en el
Sacramento, inicio y culmen de toda la vida cristiana.