DILEMAS ÉTICOS DE LA VIDA

MEDICINA DE LOS TRANSPLANTES


Pbro. Dr. Javier Coellar Ríos

 

El progreso y la difusión de la medicina y cirugía de los trasplantes consciente hoy el cuidado y frecuentemente el recupero de muchas enfermedades que hasta hace poco tiempo podían atenderse con la muerte o, en el mejor de los casos, una existencia dolorosa y limitada.

Esta exposición pretende enfocar los principales problemas suscitados en la prometente rama de la medicina, distinguiendo cuidadosamente las cuestiones éticas de la obtención de los seres vivos como de los cadáveres.[1]

 

1.1 La medicina de los transplantes 

El transplante consiste en el transferir órganos (ej. Riñón, corazón), de tejidos vivos (ej. Huesos, piel, sangre), de células (ej. Células óseas), de un individuo (donador) a otro (receptor), con el objetivo de mantener en el que lo recibe la integridad funcional de los órganos o tejidos o células transferidas. El donador puede ser un viviente (sobre todo para riñón, partes de hígado y tejidos que se regeneran, como sangre y medula ósea) o un cadáver (indispensable para el corazón, todo el hígado, páncreas, que no pueden ser extraídos de un viviente).

Con los vivientes los problemas médicos mayores son la técnica de extracción, que debe ser lo menos posible traumática. Con el cadáver la mayor dificultad deriva de la escasa resistencia de la mayor parte de los órganos.

Después de haber realizado el transplante, un riesgo es el rechazo por parte del organismo que lo recibe. La reacción de rechaza es tanto más fuerte cuanto mayor es la diferencia genética entre donador y receptor (máxima en el transplante de especies diversas).

En base a la relación genética entre donador y receptor se distinguen:

  • Autotransplantes: un tejido viene transferido desde una sede del mismo organismo (ej. Transplante de hueso para curar una fractura).

  • Isotransplantes: entre individuos genéticamente iguales (ej. gemelos monozigotos).

  • Allotransplantes (u homotrasplantes): entre individuos genéticamente diversos, pero de la misma especie.

  • Xenotransplantes (u heterotransplantes): entre individuos pertenecientes a especies diversas.

En el caso de un autotransplante y de un Isotransplante no hay prácticamente ningún riesgo de rechazo.

 

1.2 Extracción desde un viviente y oblatividad

Mientras el autotransplante, por el principio de totalidad no pone problemas morales, en el caso de que el transplante venga de un donador viviente, surge el problema moral de la mutilación de la integridad física del donador mismo. Una vía de salida fue tenida desde 1944 por B. Cunningham, cuando todavía los transplantes de órganos eran experimentales, extendiendo el principio de totalidad: si en efecto se considera el sujeto como parte social, entonces se podrá tomar en consideración el sacrificio del sujeto para el bien de la comunidad.

Tal extensión fue explícitamente rechazada por el Papa Pío XII. Mientras en efecto un singular órgano no tuene un sentido y una destinación sino en función de un organismo del cual es parte, un hombre tiene un sentido y una vocación personal independientemente de la comunidad a la que pertenece. La solución a la cuestión no puede encontrarse en una peligrosa subordinación del bien del singular al bien común, sino en prospectiva cristiana de la caridad que nos lleva a amar al prójimo como a nosotros mismos.

La integridad física, a pesar de ser un bien precioso, no es el bien más alto de la persona que, en una prospectiva evangélica, se realiza plenamente sólo en el don de sí mismo y en el amor al otro. “La renuncia a un órgano o a una función no esencial para la sobrevivencia física y a la integridad psíquica –escribe Chiavacci – no me impide continuar vivir mi vida de don, pero se vuelve un testimonio de tal elección radical. El hombre no puede disponer a su arbitrio del propio cuerpo, al contrario se dispone con sabiduría y prudencia. La integridad física está subordinada no solo al bien del organismo en su conjunto, sino al bien espiritual, a la verdadera realización en la libertad y en la caridad, de la persona: y esta plena realización o perfeccionamiento espiritual puede pasar propio por una libre mutilación no sólo por la tutela de la libertad o dignidad del auto mutilarse, sino también por la tutela, la libertad, la riqueza humana de los demás. Naturalmente eso vale sólo si el sacrificio es hecho en plena libertad y exclusivamente por caridad, excluyendo en el modo más absoluto cada intervención coactiva de la autoridad pública.”

 

1.3 Criterios de practicas éticas

Reconociendo en el principio de solidaridad la justificación moral de la donación de órganos, es necesario establecer algunos criterios prácticos.

 

a) No lesión y proporcionalidad

 Salvaguardar la vida y la salud psicofísica del donador. La no lesión no es entendida en sentido absoluto, sino más bien como lesión tolerable y razonable. Es moralmente inadmisible provocar directamente la mutilación invalida o la muerte de un ser humano, sea para retardar el fallecimiento de otras personas.

Proporcionalidad: el daño provocado en el donador debe corresponder a un mejoramiento proporcionado de la cualidad de vida del que recibe el órgano.

 

b) Libertad y gratuidad

 No se puede obligar positivamente a una persona a lesionar su integridad física para el beneficio de otra, pero no dar células o tejidos (ej. sangre) cuando es posible y necesario, podría ser considerado una omisión. Por desgracia son bien documentadas las noticias de personas indigentes, sobre todo en países del tercer mundo que, empujados de la necesidad, ofrecen sus órganos a comerciantes sin escrúpulos.

No de raro se crea al interno de la familia de uno que necesita un transplante la siguiente pregunta ¿a qué punto es libre un hermano que dona su riñón a su hermano? ¿cuáles presiones indirectas han portado esta acción?

Los progresos médicos hacen esperar que el uso de células estaminales hagan superfluas las donaciones de un viviente y no se creen estas cuestiones de dilema.

 

1.4 Problemas éticos de las muestras de cadáveres

El catecismo de la Iglesia católica dice “el don gratuito de órganos después de la muerte es legitimo y puede ser meritorio” n. 2301. Pero no faltan problemas morales.

 

a) Cerciorarse de la muerte

En el caso de que el donador este muerto, los pasos de la extracción se dan en un tiempo relativamente breve y variable según los órganos. Hoy las técnicas de reanimación logran sostener las principales funciones vegetativas del organismo (cardiocirculatorio, respiratoria, riñón, metabólica), por lo cual después de la constatación de los signos clínico-instrumentales de muerte cerebral, se puede proceder a la extracción. En la practica tenemos la extracción de órganos, incluso de corazón, provenientes de sujetos muertos, pero con el corazón latiendo.

 

b) Disponibilidad del cadáver

No se puede tratar un cadáver como si fuera un simple objeto inanimado. El principio es el respeto por el despojo mortal que es el recuerdo y el símbolo de la persona que subsistía en aquella realidad somática y que esta destinada a la resurrección de los cuerpos.

El cadáver no es más, en el sentido propio de la palabra, un sujeto de derecho, porque está privado de la personalidad…además destinarlo a fines útiles, moralmente y elevados no es de condenar, sino de justificar positivamente.

El cuerpo del difunto es, hablando en términos estrictamente jurídicos, una res, una cosa “diversa a las otras cosas” –escribe L. Eusebi- porque lleva en sí la huella del viviente, y por tanto digna de respeto, pero por siempre una cosa de cual se dispone”. Bajo este punto de vista el cadáver podría ser considerado una res nullis, del cual los parientes son los custodios, pero no los propietarios, y por lo tanto una res societatis, puede ser destinada a la finalidad útil de la sociedad bajo el control y los límites establecidos de aquellos que buscar establecer el bien común.

 

c) Reunión del consenso

Hay controversia. Se necesita primero un consenso para extraer órganos de un cadáver y eventualmente quién y cómo debería expresarse tal consenso.

Teóricamente hablando, pueden darse diversas modalidades:

a. El estado podría establecer que cada cadáver, cualquiera que haya sido el parecer del sujeto, puede ser fuente de órganos.

b. Consenso tácito o presunto, por el cual es legitimo extraer órganos y tejidos de un difunto en todos los casos en cual él no hubiera manifestado explícitamente un refuto.

c. Es posible extraer del cadáver sus órganos si expresamente en vida él estaba a favor. Esto sería el modo éticamente y humanamente más significativo para recoger el consenso, porque expresaría con clareza el sentido oblativo de la extracción post mortem.

d. La extracción puede ser practicada solamente después que los parientes hallan expresado su consenso. Los derechos no son los titulares de algún derecho de propiedad sobre el cadáver, pero pueden ser tenidos como los custodios y los responsables de su tutela por motivo de su natural afecto.

e. Una última posibilidad – prevista en la norma italiana del 1999 – Todos los ciudadanos adultos están adecuadamente informados sobre el problema y vienen interrogados sobre su voluntad para el uso de su cadáver. Quien da el asentimiento será un donador, quien lo refuta no podrá ser utilizado, quien es interrogado y no expresa ni aceptación ni refuto, su silencio vendrá interpretado como asentimiento.

 

1.4.1 Abusos

a. La necesidad de tener órganos para los transplantes puede conducir a médicos con pocos escrúpulos a no hacer todo lo posible para salvar una vida.

b. Generar una cultura de la violencia que se vuelve insistentemente e indelicada con los potenciales donadores y sus familiares.

c. Comercialización de los cadáveres, especulando sobre la miseria de la gente.

d. Embriones y fetos como bancos de órganos y tejidos.

 

1.5 Transplantes de órganos particulares

No todos los órganos se pueden donar desde el punto de vista ético, en particular como el cerebro y las glándulas, en donde toma cuerpo la unicidad irrepetible de la persona y de su identidad psíco-fisica y pro creativa.

Se puede hacer una hipótesis, por ejemplo, que un padre de familia con el cuerpo trinchado en un incidente, pueda recibir el cuerpo todavía funcionando de un difunto para continuar una existencia normal: no es obviamente el cuerpo del difunto que recibe un nuevo encéfalo, sino es el sujeto trinchado, en práctica el encéfalo, que recibe un cuerpo de recambio: es un transplante de cuerpo; es difícil establecer los efectos de esta intervención (por ahora solo imaginaria).

En el caso de transplantes de glándulas debemos distinguir el clásico transplante a la Voronoff, destinado a reintegrar una secreción glandular endocrina insuficiente, del transplante que permite conservar la función gametogenética. El transplante sea del testículo, sea del ovario para restablecer la sola hormonogenesis – según nuestro parecer – debe ser tenido como lícito (hecho por motivos seriamente terapéuticos), igual que los transplantes de tejido de tiroides y parecidos. No sabemos mucho de los influjos de las hormonas sobre el comportamiento y sobre la personalidad en general, pero se puede hacer una hipótesis con un cierto fundamento que, siendo los productos inciertos y los respectivos pattern de secreción dependientes de la acción reguladora de los centros hipotálamo – hipofisarios, la glándula debería integrarse armoniosamente en el nuevo organismo y no aportar elementos de disturbo o de indiferencia provenientes del organismo de partida.

Diverso es el caso de un transplante de glándulas que conservan su potencialidad gameto genético: en este caso habría una incongruente inserción del patrimonio genético propio de un individuo en otro individuo, y la eventual generación sería una situación moral reportada al modelo de la fecundación artificial heteróloga. Esto es inaceptable. Se interroga además sobre las consecuencias psicológicas de los hijos, en el caso que vinieran a saber que son nacidos de gametos de un cadáver o fetos abortados.

 

2.6 Moralidad de los xenotrasplantes

Entre los animales y el hombre existen problemas de carácter médico y psicológico antes que de orden moral.

El principal problema médico esta constituido de la refutación del órgano animal; infecciones xenogenéticas, sobre todo virales, por eso hay que proceder con gran cautela por este camino.

En el contexto del organismo humano no se desvanece la dignidad de la persona, sino al contrario, constituye una ulterior afirmación de su señoría sobre lo creado.

Por motivos terapéuticos se pueden admitir los xenotrasplantes de glándulas para restablecer o reforzar la función hormonal perdida, como los casos celebres de injerto a la Voronoff (injerto de testículo de chimpancé en hombres ancianos o débiles). Los éxitos de la terapia hormonal sustitutiva son inciertos, e inútiles.

En el caso de xenotrasplante de cerebro o de partes del encéfalo, si hubiera una modificación cualitativa de la personalidad del que lo recibe, es un grave atentado a su integridad psico-física y mejor dicho a su misma humanidad.

 

Conclusión

Detrás de los transplantes no solo son problemas técnicos, sino problemas éticos y culturales. Los transplantes serán siempre más importantes en la medicina del futuro y esto requiere que se desarrollo más la cultura de la solidaridad y del don. La donación es una ocasión preciosa para usar la misericordia con el hermano.

El Santo Padre Juan Pablo II dice: «Gracias a la ciencia y a la formación profesional y a la entrega de los médicos y operadores de la salud se presentan nuevas y maravillosos desafíos. Estamos desafiando a amar a nuestro prójimo en modos nuevos; en términos evangélicos de amar “hasta el fin”». (Juan Pablo II, a los participantes del primer Congreso Internacional sobre Transplantes de Órganos, 20-6-1991, en Enseñanzas 14/1,1711).

 

Pbro. Dr. Javier Coellar Ríos

Santiago de Querétaro, 18 de Noviembre de 2006


 


[1]  Bompiani A., Sgreccia E., Trapianti d’organo. Progressi tecnologici, aspetti etici, prospettive di legislazione, Milano 1989; Bondolfi A., «Per una considerazione etica globale de la medicina dei trapianti», in Bioetica e Cultura 3 (1994) 77-92; Migone L., «I trapianti di organi nei dibattiti dell’etica contemporanea», in Medicina e Morale 44 (1994) 11-37; Perico G., voce «Trapianti», in Compagnoni F., Piana G., Privitera S., Nuovo Dizionario di Teologia Morale, 1383-1391.

 

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