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EUCARISTÍA Y MATRIMONIO Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Que las familias descubran en la Eucaristía la fuente y la cumbre de la vida familiar. Su Santidad Benedicto XVI en su carta encíclica Sacramentum Caritatis, afirma que “La Eucaristía, sacramento de la caridad, muestra una relación particular con el amor entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio. Profundizar en esta relación es una necesidad propia de nuestro tiempo. El Papa Juan Pablo II afirmó en numerosas ocasiones el carácter esponsal de la Eucaristía y su relación peculiar con el sacramento del Matrimonio: «La Eucaristía es el sacramento de nuestra redención. Es el sacramento del Esposo, de la Esposa».” (Sacramentum Caritatis, nn. 27-29) La familia vive de la Eucaristía, afirmar esto es subrayar la importancia de la Eucaristía dentro de la vida, pero sobre todo es afirmar que la Eucaristía es luz y vida, es fuente y cumbre de la vida del cristiano y de la familia. Desconocer esto es ir cavando la tumba de la familia. En un mundo en donde la familia se ve desintegrada, con un numero creciente de divorcios, violencia intrafamiliar, comunidad no precisamente de vida y de amor, pues impera el egoísmo y la infidelidad, donde la vida no se ve ya como un don, sino como un gran problema, de ahí que se recurra a los anticonceptivos, promoción de la píldora del día siguiente y de emergencia, al aborto, etc., todo esto lleva a pensar en la muerte progresiva de la misma de la familia. Recordemos que la familia natural, formada por papá, mamá e hijos, y bendecida a través del sacramento del matrimonio, es la célula vital de la sociedad, es una comunidad de vida y de amor, donde se forman las personas, es Iglesia doméstica, es santuario de la vida, es escuela de santidad… ¿pero como lograr que la familia pueda ser lo que es, cumpliendo su misión? ¿Cómo hacer para que la familia se nutra y crezca como comunidad de vida y amor? ¿Cómo cuidar y dar vida al vínculo conyugal que une a los esposos, que decidieron fundar una familia por su amor mutuo? ¿Cómo fortalecer la vida matrimonial de los esposos? ¿Cómo hacer ver a los padres de familia acerca de su misión, como primeros educadores de sus hijos? ¿Cómo lograr que la familia sea una auténtico santuario de la vida?. Es urgente volver la mirada a Dios, a su proyecto, a su voluntad, pues El nos tiene la respuesta, y nos la ofrece en su Hijo Jesucristo Eucaristía, luz y vida del nuevo milenio. En efecto, “hay que afirmar que el matrimonio y la familia son fruto eucarístico o de la eucaristía, en cuanto que no puede haber verdadero matrimonio y familia cristianos sin eucaristía, lo mismo que no puede haber verdadera Iglesia sin eucaristía”. Por eso, inspirados en la Carta Encíclica del Papa Juan Pablo II, “Ecclesia de Eucaristía”, es decir “La Iglesia vive de la Eucaristía”, encuentro la respuesta a las situaciones que viven nuestras familias: “La Familia vive de la Eucaristía”.
La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano “La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano, en efecto, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto sellada con la sangre de la cruz. Y en este sacrificio de la Nueva y Eterna Alianza los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal” (Familiaris Consortio, 57) El apóstol san Juan en su primera carta nos recuerda que “Dios es amor. El amor que Dios nos tiene, se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito para que vivamos por el”. Este amor de Dios es un amor esponsal, que en el antiguo testamento encontramos expresado en la alianza con su Pueblo Israel: “Israel, yo te desposaré conmigo para siempre. Nos uniremos en la justicia y la rectitud, en el amor constante y la ternura; yo te desposaré en la fidelidad y entonces tu conocerás al Señor” (Oseas 2,21-22), y que se manifestará en plenitud en Jesucristo que se entrega a su Iglesia, padeciendo, muriendo y resucitando para la salvación de todos los hombres. El amor de Dios a su pueblo, el amor de Cristo a su Iglesia se encuentra expresado asombrosamente en la celebración de la Eucaristía, sacramento de amor. En efecto: “En la Eucaristía, testamento de su amor, El se hace comida y bebida espiritual…”(Prefacio de Eucaristía III, Misal Romano). Por eso la Eucaristía es el sacramento por excelencia del misterio Pascual. Pues bien, al ser la Eucaristía testamento de amor de Dios, dándonos a su Hijo Jesucristo, será la fuente misma del matrimonio cristiano. La familia cristiana se funda en el amor de un hombre y una mujer, consagrado en el matrimonio, signo del amor divino. Recordemos el Prefacio C que se emplea en la celebración del sacramento del Matrimonio: “Por que dignificaste tanto al hombre, creado por bondad tuya, que en la unión del hombre y la mujer has dejado la imagen verdadera de tu amor…” El misterio del matrimonio, significa el amor divino y consagra el amor humano, nos recuerda el designio inefable del amor de Dios. Los esposos unidos en matrimonio prefiguran la unión de Cristo y de la Iglesia, el apóstol san Pablo a los efesios señala: “…que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo. Maridos amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia, y se entregó por ella para santificarla…” (Ef 5,21-26) Con lo dicho anteriormente y al subrayar cómo la eucaristía es fuente del matrimonio cristiano, por todo lo que significa, los esposos consagran su amor en el sacramento del matrimonio celebrado en la Eucaristía. Por tanto la santa misa alimenta, nutre, fortalece y da vida a su amor. Pero, ¿Por qué tantos matrimonios cristianos, se están divorciando? ¿Es que acaso la preparación al matrimonio no es la adecuada? ¿A caso el matrimonio cristiano ha perdido su valor? Es evidente que no hay una clara conciencia acerca de la grandeza del sacramento del matrimonio y mucho menos acerca de la Eucaristía como su fuente. El amor humano se ha degenerado, cayendo solo en un plano utilitarista, como lo manifiestan expresiones de los novios: “si me amas demuéstramelo”, o en la difusión de anticonceptivos y abortivos, que mas que solucionar un problema, lo agravan, pues se motiva a vivir la sexualidad irresponsablemente, con todo lo que implica el tema. Esto lleva solamente a crear “familias” de un solo padre o madre, uniones libres, y por tanto a menospreciar el sacramento del matrimonio, pues en un ambiente de irresponsabilidad, ¿quién se atrevería a hacer tal alianza que implica: “te acepto…y prometo serte fiel en lo prospero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarte y respetarte todos los días de mi vida”? El número de divorcios crece escandalosamente, esto nos lleva a cuestionarnos varias cosas. La preparación de los novios es solamente inmediata (catequesis prematrimonial) pero no hay un proceso real que ayude a nuestros jóvenes a discernir su vocación al matrimonio, además nuestras celebraciones dentro de la Eucaristía, tristemente, en la mayoría de los casos, se han convertido en meros eventos sociales; y por último, cómo están alimentando su vinculo conyugal los esposos, ciertamente que no en la Eucaristía. Urge, por tanto, además de anunciar la buena nueva acerca del matrimonio cristiano, el concientizar a cerca del sacramento de la Eucaristía, por lo ya antes mencionado. Los esposos cristianos que no ven en la Eucaristía la fuente de su matrimonio, por supuesto que su amor estará en riesgo hasta dejarlo morir. Los esposos al celebrar su matrimonio en la Eucaristía son bendecidos y su amor es consagrado en el amor Divino, a su imagen. Al participar plenamente en la Eucaristía, su amor se alimenta: crecen en fidelidad, en comunión, en respeto, en responsabilidad, en entrega; a imagen del amor divino, tal y como Cristo amo a su Iglesia. Por tanto la Eucaristía es fuente del matrimonio cristiano. Reflexión pronunciada durante la procesión de Corpus Christi, 7 de Junio de 2007.
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