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ENTREVISTA AL SR. OBISPO D. MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN


"Estoy agradecido con Dios por permitirme servir a la Iglesia"
Don Mario De Gasperín en el XXV Aniversario de su Ordenación Episcopal


Por Gilberto Hernández García



Al contemplar estos 25 años de servicio episcopal, ¿cuáles son sus sentimientos?

Siento un agradecimiento a Dios por este tiempo que me ha permitido servir a la Iglesia como miembro del colegio de los obispos; además, le agradezco muchísimo al Papa Juan Pablo II y ahora a Benedicto XVI, por haber depositado en mí la confianza para servir en este nivel a nuestra Iglesia católica.

También experimento gratitud a los hermanos sacerdotes, porque un obispo sin su presbiterio nada puede hacer . Tanto en la diócesis de Tuxpan, durante 6 años, como en Querétaro durante estos 19 años, he encontrado colaboradores generosos, abnegados, fraternos, tanto sacerdotes como religiosos y religiosas.

Y agradecido con el pueblo de Dios. En Tuxpan encontré gente sencilla y abierta a Dios, en las ciudades, en las rancherías, en la sierra, los hermanos indígenas; aprendí a ver su fe, su amor a Dios y a la Iglesia. Aquí en Querétaro me encontré con una realidad muy distinta: gente con grande tradición católica. Hay una religiosidad acendrada, con una riqueza eclesial muy grande; simplemente baste recordar la peregrinación al Tepeyac, un acontecimiento de esta naturaleza que es único en México, que tiene un arraigo profundo en el pueblo queretano. Esto, para mí, es una bendición grande de Dios.

¿Cómo recibió, hace 25 años, la noticia de su elección como obispo? ¿Cómo se preparó para ese encargo?

En realidad no me preparé: son cosas que llegan de improviso porque nadie estudia para obispo. Recuerdo que me llamaron a la Delegación Apostólica y Mons. Jerónimo Prigione me dijo: «¿Usted ha predicado la obediencia?» y le dije «Sí, señor Delegado, cómo no», «Pues ahora el Papa le pide que obedezca: se va usted de obispo a Tuxpan» y le contesté: «Bueno, si lo dice el Papa, en nombre de Dios, obedezco». Así fue: una cosa muy sencilla, en el estilo del señor Delegado de entonces. Así se manifestó la voluntad de Dios y realmente no digo que no haya habido dificultades, pero Dios va abriendo camino.

¿Cuáles han sido algunas de esas dificultades que refiere?

En Tuxpan, por ejemplo, la carencia de sacerdotes. Realmente fue una cruz de todos los días ver la necesidad tan grande de presbíteros y no poder satisfacer las peticiones de un sacerdote de las comunidades. Había comunidades de veinte mil personas sin sacerdote; o donde había otros grupos religiosos que se hacían presentes de manera muy incisiva y no podía ofrecerles un sacerdote. Sin duda que esa fue una de las grandes penas. Ahora, gracias a Dios, parece que esa diócesis ha levantado ya el número de presbíteros.

Aquí en Querétaro, todos sabemos la transformación que ha sufrido la ciudad episcopal, el crecimiento que ha experimentado. He podido crear como 35 parroquias. Esto es resultado del desarrollo poblacional humano, económico e industrial de la ciudad, y este es un reto muy grande, es una preocupación de todos los días. Ahora, gracias a Dios, la ciudad ya casi está rodeada con parroquias, porque siempre iba siguiendo la mancha urbana y no la alcanzaba; ahora ya he podido establecer parroquias en casi toda la periferia de la ciudad y eso me da mucho gusto, porque ahí es donde están los problemas más grandes desde el punto de vista humano y religioso y donde las gentes están más necesitadas de Dios, de la ayuda y presencia de la Iglesia.

¿Cuáles son otras de las realidades que lo desafían como pastor?

El problema mayor es el de la evangelización, la transmisión de la fe en la nueva cultura, que todavía no sabemos exactamente en qué consista y que es, como dicen algunos sociólogos; una cultura líquida que como que se nos escurre entre los dedos y no la podemos aprisionar, no la podemos moldear porque se nos va. Si el Evangelio tiene que hacerse cultura, pero la cultura que vemos delante es inasible, amorfa, entonces la tarea y el reto son mucho mayores. Para mí ese es el gran reto que tiene la Iglesia en Querétaro.

Por eso me he esforzado, en la medida de las posibilidades de la diócesis, en crear centros culturales, sea el periódico El Observador, sea la Universidad Católica, sea el centro de investigación que dirige el doctor Rodrigo Guerra; aunque son fundaciones de laicos católicos, yo he tratado de apoyar; es decir, vamos buscando todos estos modelos de acercamiento a la nueva cultura.

¿Qué mensaje quiere enviar a los fieles de la diócesis que se alegran con usted en este aniversario?

Estoy muy agradecido con todos ellos por el cariño que siempre he recibido en todas las comunidades. Su fe y su alegría, a veces en situaciones difíciles, siempre me anima y me estimula a servirlos mejor. En los años que Dios me conceda servirlos todavía trataré de hacerlo lo mejor posible. Creo que esa es la síntesis final, porque, al fin y al cabo, un obispo es el servidor de todos los fieles.
 

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