—¿Qué lo motivó a ser sacerdote?
Monseñor de Gasperín: Un llamado de Dios, que es difícil expresar,
pero Dios se sirvió de un sacerdote que iba a la Parroquia en donde
yo estaba en Córdoba y me invitó al seminario, al cual ingresé
debido a las ganas que tenía de estudiar y de superarme. Después se
fue abriendo poco a poco el camino hacia la vocación sacerdotal, fue
un proceso de ir separando horizontes, hasta que se me ofreció la
posibilidad de ser sacerdote y acepté.
—¿Cómo llega de Veracruz a Querétaro?
Yo estuve 20 años en Jalapa como
maestro en el seminario, y 14 años en una parroquia. El Papa Juan
Pablo II me invitó a ser Obispo de Tuxpan, acepté y estuve 6 años en
esa Diócesis tan hermosa. Después me pidió que si prestaba ese
servicio aquí en la Diócesis de Querétaro y le dije que sí. Y de
esta forma me vine a vivir a Querétaro hace 17 años, con mucho gusto
y a la vez con mucha preocupación, ya que era una Diócesis con mucha
tradición, con grandes valores, con una historia muy rica tanto en
el aspecto religioso como en el cívico y una ciudad en expansión y
crecimiento. Confieso que me vine con temor, y con mucha esperanza.
Encontré unos feligreses muy
dispuestos a colaborar, unos sacerdotes muy generosos y
colaboradores muy activos con quienes hemos realizado un plan de
pastoral. Y aquí estoy a su servicio.
—¿Cuál ha sido el reto más importante en su vida sacerdotal?
Yo creo que mi vida dentro del camino
sacerdotal ha sido normal. Desde luego esos momentos de decisión son
graves, dejar una parroquia, dejar una diócesis para pasar a otra,
son momentos difíciles, pero cuando uno se pone en las manos de
Dios, nos abre el camino. No puede decir que haya tenido momentos
especialmente difíciles, que no han faltado algunos. Pero son dentro
de la normalidad de una vocación, de un servicio como el que presta
un sacerdote o como el que presta un obispo.
— ¿Cómo motiva a nuevos jóvenes para el sacerdocio?
Cuando a los jóvenes se les presenta
la imagen, la vida y el ejemplo de Jesucristo, escuchan el llamado
de Dios. Dios ha puesto en el corazón de los niños y de la juventud
su inmensa generosidad, y a pesar de todos los obstáculos que van
encontrando que el llamado de Dios es más fuerte.
—¿Qué opinión le merece Benedicto XVI?
Extraordinario, yo lo conocí cuando
era Cardenal, una vez que tuve oportunidad de ir a tratar un asunto
con él allá en el Vaticano, en la Congregación para la Doctrina de
la Fe. Pero ahora que fue elegido Papa, tuve la oportunidad de ir
con los obispos mexicanos a la visita ad limina, a la cual vamos los
obispos cada cinco años a rendir cuentas y a tener un diálogo
pastoral con el Papa. Es un personaje extraordinario, de una gran
cordialidad, con gran intuición, con una delicadeza y un respeto
enormes. Concretamente tiene un interés muy acentuado sobre la
situación de México y de la Diócesis.
—¿Cómo definiría el papel que juega la mujer dentro de la Iglesia?
La mejor definición de la dignidad,
del papel y de la función de la mujer en la Iglesia es la Virgen
Santísima, ningún ser humano después de Jesucristo ha merecido
tantas alabanzas, tanto aprecio y tanta veneración como ella. Yo
creo que tenemos que ver a la mujer desde ese trasfondo, desde ese
vitral que es la Virgen Santísima ya sea la madre, la esposa, la
hermana o la hija, debemos de tener ese respeto con que Dios la
trató.
—¿Cuál es el papel que los católicos
deben asumir cuando aparecen discusiones en la academia y en el
espacio público, como el caso de la píldora del día siguiente?
Lo que pide la Iglesia es que se
respete la dignidad de la persona humana, el derecho a la vida desde
el primer momento de su concepción hasta su término natural. La
Iglesia siempre va a rechazar todo aquello que sea introducir
elementos contrarios a la vida que afecten o que denigren la
dignidad de la persona humana. La ciencia tiene progresos
maravillosos, pero debe estar al servicio de la vida y de la
persona, más nunca en su contra.
—¿A qué se
debe el debilitamiento de las familias en los últimos años en
nuestro país y en el mundo entero?
Hay muchas familias debilitadas,
desde la carencia de valores morales y espirituales, hasta
situaciones de economía, de subsistencia, de salud y de trabajo. De
hecho muchas familias se dividen, se separan o quedan fracturadas
por cuestiones del fenómeno migratorio, que es algo muy complejo que
atañe a la familia y le afecta.
La Iglesia quiere fortalecer los
nexos familiares por medio de los valores cristianos entre los
esposos, los padres y los hijos para que se salvaguarde esa célula
que es fundamental para la sociedad y para la Iglesia.
LA PROFESIÓN DE LA FE
—¿Cuántas parroquias ha creado y a cuántos sacerdotes ha ordenado
desde que fue nombrado obispo?
Acabo de fundar la parroquia número
100 de las que cuenta nuestra Diócesis de Querétaro, de las cuales
yo he erigido 34, la mayor parte en la ciudad de Santiago de
Querétaro y he ordenado unos 130 sacerdotes, en estos 16 años. Dios
nos ha bendecido con sacerdotes.
—Usted
tuvo la suerte de estar en Roma con Juan Pablo II, ¿qué nos puede
contar de esa experiencia?
Me tocó dos veces la visita ad limina
con el Papa Juan Pablo II cuando yo era Obispo de Tuxpan y después
siendo Obispo aquí de Querétaro. Eran unos encuentros muy cordiales,
con mucho cariño. Recuerdo que le llevé una imagen muy hermosa de la
Virgen de Guadalupe con otros regalos que algunos fieles me dieron
para entregarle y cuando vio la imagen de la Virgen me dijo
emocionado ésta es para mí, el mostraba siempre este cariño hacia la
Virgen de Guadalupe y hacia nuestra patria.
—¿La Iglesia considera peligrosos a los medios de comunicación?
Los medios de comunicación han
sufrido un desarrollo enorme, porque se han afectado de esta
tecnología tan impresionante y desde luego aquí hay que decir que es
una bendición de Dios, que son dones de Dios, el disponer de tantas
herramientas de comunicación para los seres humanos. El evangelio es
comunicación y la Iglesia los ve con buenos ojos.
Otra cosa es el uso que cada uno de
nosotros haga de estos medios. Hay quien abusa de ellos, hay quien
los usan para hacer el bien y sobre todo para difundir los valores y
promover la paz, la concordia, la dignidad de la persona y los
derechos humanos. La Iglesia ve todos estos medios como un don de
Dios y siempre invita a un uso responsable de los mismos.
—¿Qué consecuencias tendría la regulación de la eutanasia en México?
La Iglesia pide respeto a la vida,
desde su concepción hasta su fin natural. La palabra eutanasia es
una palabra falaz, porque significa buena muerte o dulce muerte. Y
en el término que se usa ahora es una muerte provocada, no natural y
eso no lo ve factible la Iglesia puesto que la vida merece el
respeto porque su origen está en Dios, el es el señor de la vida, Él
la da y Él la recoge.
—Cuando la Iglesia se establece como poder, ¿empieza a corromperse?,
¿cómo maneja el poder la Iglesia?
No quisiéramos hablar de poder dentro
de la Iglesia, más bien de autoridad y como servicio, como la
entendió y como la proponer Jesucristo en su Evangelio. La autoridad
viene de una palabra latina que significa aumentar, hacer crecer. Se
concibe como un servicio a las personas, a las comunidades, a la
humanidad para hacerla crecer y para esto necesita ciertas normas,
leyes y reglas que hay que observar, pero siempre en bien de la
persona. El poder ya implica un cierto dominio, una cierta violencia
que hay que ejercitar y eso no queremos que se dé dentro de la
Iglesia.
—¿Cómo domina las pasiones humanas un sacerdote?
Hay toda una educación, la palabra
virtud que se opone a las pasiones desenfrenadas viene de una
palabra que significa fuerza y fortaleza. Se propone un ideal, se
dan las razones y después se va ejercitando, de modo que se vaya
formando una repetición de acción y se van formando virtudes y por
medio del ejercicio de las virtudes se van superando las pasiones
humanas y sobre todo este esfuerzo humano, está la gracia de Dios,
porque Dios nos ayuda y al que recurre a Él, no le niega su gracia y
su auxilio.
—¿Cuál es su opinión de los pederastas?
La pederastia es una degeneración que
es reprobable en cualquier situación y en cualquier persona. A todas
las personas se les merece un enorme respeto y más aún desde el
punto de vista del cristianismo que el cuerpo humano es un templo
vivo del Espíritu Santo.
—En cuanto al tema de la homosexualidad, y a raíz de algunos
escándalos que se han hecho públicos recientemente, ¿qué opina del
papel que ha tomado el Papa con sus obispos a nivel mundial al
respecto?
Es un tema muy complejo que la prensa
ha manejado de muchas maneras, sería muy difícil dar una apreciación
precisa de los casos que se han tocado y que han salido a la luz
pública. La Iglesia ha manejado con gran respeto a las personas y al
mismo tiempo haciendo la debida justicia.
—¿Qué opina de tantas sectas protestantes que se abren como comercio
y que inducen vivir un mundo marcado por el relativismo de los
valores?
Sí, se ha desatado una especie de
supermercado de religiones, de ofertas. Por una parte esto responde
a una necesidad del ser humano, a una búsqueda de valores y de Dios.
Por otra parte también nos deja ver que los valores cristianos que
han sido capaces de formar toda una civilización y de generar una
enorme cultura a veces se encuentran opacados, ocultos o
deteriorados, entonces surgen todos estos movimientos con sus
ofertas parciales. Lo peligroso de eso es que nunca llegan a
satisfacer por completo el deseo religioso del hombre y siempre lo
dejan a la mitad del camino y generalmente después degeneran en un
agnosticismo, en una indiferencia religiosa y eso es peor.
—Cree usted que la jerarquía eclesiástica está siendo hoy en día un
ejemplo de congruencia a los valores y principios que se profesan en
la Iglesia Católica?
Los obispos y los sacerdotes de
Querétaro estamos haciendo un esfuerzo, estamos revisando nuestra
conducta, nuestro servicio, nuestros planes de pastoral, acabamos de
tener un retiro de tres días en donde cada tres meses se revisa
nuestro servicio ante la comunidad.
Escuchamos también a los laicos, a
los grupos y a los movimientos, de modo que tengamos un interlocutor
y podemos servirlo mejor, eso es lo que puedo decir con toda
sencillez.
—Platíquenos algo de las misiones de la Iglesia Católica en el
mundo.
La labor de la Iglesia en el mundo es
extraordinaria. En el servicio de la caridad tuve la oportunidad de
participar en el Sínodo de los Obispos en el 2001 en Roma, había
obispos de todo el mundo y por ejemplo la Iglesia en África crece
con un ritmo muy acelerado, un obispo decía que era la única
esperanza de desarrollo, de dignidad, de crecimiento y de libertad.
Pero nos decía que eran pocos sacerdotes y que contaban con muy
pocos recursos.
Es una Iglesia en expansión, pero muy
necesitada del compromiso de todos los católicos. El último dato que
tengo, es que el 27.5% de la atención y curación del SIDA en África
lo está atendiendo la Iglesia Católica, casi un 30% de los
hospitales y los centros de atención de esta enfermedad está en
manos de la Iglesia Católica, yo creo que eso es algo maravilloso.
Nos cuesta mucho dar a conocer estos
datos, pero el trabajo real es muy grande. Las Misioneras Marianas
acaban de abrir una misión el Centro de África y tienen misiones en
Bolivia y Ecuador, en la selva amazónica.
—¿Qué opina de la visita de Ratzinger a Israel en este momento, por
su gran convicción de la paz mundial?
Es una visita difícil y arriesgada,
pero al mismo tiempo muy esperanzadora. Con Israel nos unen lazos
muy profundos puesto que Jesús viene de ese lugar y como decía Juan
Pablo II, somos hijos de Israel, ya que son nuestros padres en la
fe. Tenemos esos lazos históricos muy profundos con este pueblo que
quisiéramos estrecharlos y al mismo tiempo ser un instrumento de
diálogo y de concordia con los otros pueblos con los que el
cristianismo está comprometido.
Si llega a concretarse esta visita
del Papa debe ser en este sentido, de ser un instrumento de paz para
Israel y de concordia para todos los pueblos.
—¿Cómo percibe la situación sociopolítica actual en México?
Difícil, pero esperanzadora, yo
pienso que son dolores como de crecimiento, la democracia se va
consolidando, necesita mayores espacios. Nosotros necesitamos mayor
experiencia y reflexión sobre lo que está pasando, pero la sensatez
y la sabiduría del pueblo mexicano nos va a llevar a salir adelante
y fortalecidos en la democracia.
UN POCO DE SU VIDA
—Platíquenos un poco de sus padres y de su familia.
Mi padre se llamaba Modesto, mi mamá
Margarita. Mi padre vino del norte de Italia, muy joven, después se
nacionalizó mexicano y se casó con mi madre y todos nosotros somos
muy mexicanos. Somos ocho hermanos, siete hombres y una mujer, todos
están en Córdoba. Yo soy el mayor de los hombres, después sigue
Hugo, Ramiro, Rubén, Rodolfo, Gino y después Graciela.
Mi padre vino con un grupo que invitó
a trabajar Porfirio Díaz para trabajar en el campo, y llegaron a
sembrar café. Fueron de los primeros cultivadores de café, hace más
de 120 años. Toda la vida mi papá tuvo su parcela y trabajó en el
campo, especialmente en Veracruz y concretamente los cafetaleros.
Los abuelos de mi madre habían venido en una expedición anterior de
Italia, pero nosotros todos nacimos aquí, veracruzanos y mexicanos y
ahora queretanos.
—¿Cómo tomaron sus papás la decisión de ser sacerdote?
Siempre con mucho respeto, con
esfuerzo para sostener a un hijo en el Seminario. Yo estuve siete
años en Roma, y allá me ordené como sacerdote, mis padres no
pudieron asistir. Cuando me ordené obispo en Tuxpan fue un momento
muy emocionante para ellos pues nunca habían visto a su hijo en una
ceremonia de ordenación. Y después me acompañaron cuando fui
recibido muy calurosamente en el estadio Corregidora aquí en
Querétaro.
—¿A qué jugaba de chico?
De muy chico a las canicas como todos
los niños. En el Seminario jugábamos muchos deportes, como el
basquetbol, teníamos encuentros muy célebres, en Jalapa, con las
facultades de la Universidad Veracruzana sobre todo con la Facultad
de Leyes que eran muy buenos para el basquetbol. Después con la
Normal Veracruzana que tenía un buen equipo de futbol. Todos los
años teníamos encuentros que eran famosos en Jalapa. Y también
jugaba béisbol cuando la Liga Invernal Veracruzana estaba en su
esplendor porque después ya vino a menos. Gracias a Dios me dio
salud para ejercitarme en esos deportes.
—Algunas de las personas más importantes en su desarrollo
profesional.
Quisiera recordar con especial cariño
a quien fue mi párroco en Córdoba quien después fue el Obispo
de Tuxpan, del cual fui yo sucesor: Monseñor Ignario Leonor Arroyo,
él me bautizó, en una casa particular, después de que fue a celebrar
un funeral y me dio un papel. Posteriomente saqué mi boleta de
bautizo.
Eso sucedió en 1936, en tiempos de la
persecución religiosa. Y después Dios quiso que yo fuera su sucesor
como Obispo de Tuxpan. Él fue un gran párroco y un magnífico obispo.
—¿Cuál es su comida favorita?
Siendo obispo uno acepta y come con
mucho cariño todo lo que le dan a uno las personas. No tengo ninguna
comida favorita.
—¿Qué hace en sus ratos libres?
Me gusta mucho leer, yo estuve 20
años de maestro en el Seminario, para mí los libros eran el pan
nuestro de cada día. Durante 20 años di clases de Teología y de
Sagrada Escritura en el Seminario de Jalapa, y se me quedó la
costumbre de leer libros y estudiar. Para mí es parte sustancial de
mi vida dedicarme a leer.
—¿Cuáles han sido algunas de sus experiencias más emotivas en
Querétaro?
Desde luego el recibimiento; los
grandes acontecimientos como el Aniversario de la Coronación de la
Virgen del Pueblito en el estadio, fue un momento muy importante;
los encuentros con la juventud; el Congreso Juvenil Misionero; hace
unos días estuve en el Barrio del Tepetate celebrando a San Roque,
un barrio muy populoso, muy queretano, lleno de tradiciones. Estuve
saboreando los panes que hacen los panaderos.
Desde luego ver cómo va creciendo el
Seminario, los momentos de la Ordenación Sacerdotal, acabo de
ordenar seis nuevos sacerdotes, para un obispo es un momento de
cumbre de su vida y de su ministerio, el dar a la Iglesia
sacerdotes.
—¿Cómo es un día en su vida?
El día de hoy me levanté al cuarto
para las seis de la mañana, después del aseo personal, celebré la
misa ya que no tenía compromiso fuera, atendí un grupo de personas
con las cuales desayuno los lunes. Hace un rato estaba atendiendo a
sacerdotes, después tuve esta entrevista, en la tarde suelo ir al
Seminario, al Curso Introductorio, visitar alguna parroquia, algún
sacerdote enfermo y así se me va el día y el momento que me queda
para leer y oír un poco de música, sobre todo a Mozart que me gusta
mucho.