Nuestro Sr. Obispo


Escudo


Cartas Pastorales


Mensajes


Homilías


Circulares


Meditaciones


Entrevistas


Reseña del X Sínodo General Ordinario de los Obispos


Viacrucis Bíblico


 

 

HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

JUEVES SANTO

Santa Iglesia Catedral, Santiago de Querétaro, Qro., 5 de Abril de 2007


1. Hoy, Jueves santo, la Iglesia nos invita a recordar tres misterios santos: La Institución de la Cena del Señor, el Sacerdocio del Nuevo Testamento y el Mandato del amor fraterno. Estos tres misterios, es decir, signos del amor de Jesús hacia nosotros, son su Testamento antes de padecer. Mañana comienza, pues, el Triduo Pascual: El Viernes de la muerte redentora de Cristo, el Sábado, día santo de su santa sepultura, y el Domingo de su gloriosa resurrección. Esta solemne celebración vespertina es el pórtico al Triduo Sacro de la Pascua del Señor. 

2- El primer misterio que conmemoramos es la Institución de la santa Eucaristía o Cena del Señor, como anticipo de su sacrificio en la Cuz. Escuchamos en la segunda lectura el contexto en que Jesucristo la celebró: el de la cena pascual judía, o sea, del recuerdo del paso de Israel de la esclavitud de Egipto a la libertad de la tierra prometida. El signo principal era el cordero inmolado, cuya sangre marcaba los dinteles de las puertas de los hebreos y el ángel exterminador, al verla, pasaba de largo, librándose así de la muerte. Pascua es paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida. Ahora es Jesús ese Cordero que se ofrece voluntariamente por nosotros, nos manifiesta su amor derramando su sangre y nos libra del pecado y de la muerte eterna. El signo de este gesto salvador y libertador de Jesús hacia nosotros es el pan y el vino convertidos en su Cuerpo y en su Sangre, del cual se nos invita a participar: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. ¡Dichosos los invitados a la cena del Señor”. Jesús invita a sus discípulos a hacer suyo el gozo de la liberación participando de su Cena pascual, especialmente cada semana en la misa dominical. 

3. El segundo misterio que celebramos es el del Sacerdocio del Nuevo Testamento o Sacerdocio cristiano. Tiene su origen en Cristo, nuestro Gran Sacerdote, que se ofreció en el altar de la Cruz al Padre como victima de expiación por nuestros pecados. Su origen está en la voluntad de Cristo manifestada en su mandato: “Haced esto en memoria mía”. La orden viene de Cristo, primero a sus apóstoles, a quienes constituye así en sacerdotes, pues les ordena renovar su sacrificio; y, después, a todos sus discípulos, de participar en ese sacrificio sacerdotal en las celebraciones litúrgicas, en especial en la santa Eucaristía. El sacerdote, pues, es, en primer lugar, un hombre elegido por Dios, que tiene el mandato y, por tanto, la autoridad del Señor de renovar, en provecho de los creyentes y del mundo entero, el sacrificio redentor de Cristo. Es, en verdad, un misterio del amor de Jesús que exige el amor fiel del ministro y la gratitud amorosa de la comunidad creyente. Ese Cordero de Dios inmolado en el altar de la Cruz y que ahora se ofrece glorioso al Padre en el altar del cielo intercediendo por nosotros, es el mismo Cordero que el sacerdote hace presente aquí sacramentalmente en el altar en los signos del Pan y del Vino; de él todos nosotros estamos invitados a participar, para que su sangre nos lave de nuestros pecados y su carne nos fortalezca y llevemos una vida cristiana digna de hijos de Dios. 

4- El tercer misterio es el Mandato del amor fraterno, del cual la Eucaristía es la fuente y el Sacerdocio su instrumento. La Eucaristía es la fuente de toda la vida cristiana. No hay celebración ni devoción auténtica de la santa Eucaristía que no desemboque en el servicio a los demás. “Los fieles cristianos necesitan una comprensión más profunda de las relaciones entre la Eucaristía y la vida cotidiana. La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la Misa y devoción al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera”, leemos en la Instrucción “El sacramento del amor” del Papa Benedicto (No. 77). La espiritualidad eucarística se bebe en el templo y se vive en el hogar y en trabajo cotidiano. Si no, no es verdadera. Añade el Papa: “Hoy se necesita descubrir que Jesucristo no es una simple convicción privada o una doctrina abstracta, sino una persona real cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos… La renovación de la mentalidad es parte integrante de la forma eucarística de la vida cristiana, ‘para que ya no seamos niños sacudidos por la olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina’ (Ef 4, 14)” (No. 77). 

5. El Papa nos invita a vivir la “coherencia eucarística”, que describe así: “El culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente esto vale pata todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como son el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natral, la familia fundada en el matrimonio entre el hombre y la mujer, la libertad de la educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos son valores no negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y  apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cfr 1 Cor 11, 17-29)” (SC, 83). Todo esto tiene relación íntima con la Eucaristía; por eso lo estoy diciendo aquí y ahora, en este día memorable de su Institución. Además, el Papa nos manda a los Obispos: “Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado” (SC, 83). Lo que aquí digo, lo hago como signo de mi obediencia al santo Padre, obediencia que pido para todo católico que quiera serlo de verdad. Es la “coherencia eucarística” que nos demanda el Papa. El rito del lavatorio de los pies no es un gesto espectacular para los medios de comunicación, sino un compromiso de todos nosotros para la vida: “Ustedes deben lavarse también los pies unos a otros” (S. Juan 13, 14). 

6. Concluyo con esta reflexión del santo Padre: “Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los demás la amistad con Él… No podemos guardar para nosotros el amor que celebramos en este Sacramento. Éste exige, por su propia naturaleza, ser comunicado a todos. Lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en él” (SC, 84). Si nosotros lo hemos encontrado y creído en Él, llevémoslo a los demás. Amén.

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

Este portal diocesano es un servicio diseñado y desarrollado por la RIIAL Querétaro                                                                                            Webmaster