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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL DECANATO DE SAN JUAN BAUTISTA EN EL FESTEJO DEL AÑO JUBILAR EPISCOPAL

San Juan del Río, Qro., 5 de Noviembre de 2007


HOMILÍA EN SAN JUAN DEL RÍO

 

Hermanos presbíteros

Hermanos consagrados y consagradas

Hermanos y hermanas en nuestra santa fe católica:

1. Todavía están resonando en nuestro corazón las palabras del santo evangelio de ayer: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, que Jesús pronunció al ser recibido por Zaqueo en su hogar. La salvación de Dios llegó, con los santos misioneros, hace ya más de quinientos años a estas tierras. Esa salvación que llevó Jesús a la casa de Zaqueo y que nos trajeron los misioneros, se hace ahora aquí nuevamente presente en esta asamblea litúrgica para nosotros que no tenemos con qué pagar al Señor tantos beneficios. Agradezco a los hermanos sacerdotes de este Decanato  el haber organizado y a todos  ustedes su participación en esta Eucaristía, a fin de unirse a mi acción de gracias al Señor por los veinticinco años ya próximos de mi ordenación episcopal. La insuficiencia de mis fuerzas para dar gracias a Dios se ve fortalecida por la oración de ustedes junto con sus pastores, lo cual agradezco de corazón.

2. San Pablo recuerda a los fieles de Roma, inmersos en los vicios groseros del paganismo, que un tiempo fueron rebeldes a Dios y que ahora, por su infinita bondad “han alcanzado misericordia”; eso mismo dice de sus paisanos los judíos, quienes permanecen también en rebeldía contra Dios, de modo que tanto unos como otros, judíos o no judíos, todos están necesitados de la gracia de Dios. Pero añade san Pablo: “Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia”, de modo que “el que se gloría, que se gloríe en el Señor”. Estamos aquí reunidos por la infinita misericordia de Dios que, más allá de nuestros escasos méritos, a todos nos ha mirado con misericordia por medio de su Hijo Jesucristo presente entre nosotros por su santa Iglesia.

3. San Juan del Río es una población de gran tradición católica; acogió con generosidad la palabra de Dios, el Evangelio de Jesucristo, y lo ha conservado en su vida y en su corazón. El santo precursor de Cristo, San Juan Bautista, ha velado desde sus inicios la siembra, cultivo y frutos de la fe católica en estas tierras. Su mano levantada nos está siempre señalando al Cordero de Dios, al que quita el pecado del mundo, a quien debemos escuchar y seguir para salvarnos. Él nos enseña que debemos ser humildes, allanar el camino a Cristo y saber desaparecer para que Él crezca a la vez que nosotros vamos disminuyendo. Una grande lección: cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir, pero el destino y el futuro de la Iglesia están en las manos providentes de Dios. Nosotros somos sencillamente servidores que tenemos que cumplir con lo que se nos ha encomendado y, si lo hacemos, esto es ya gracia de Dios. Muchos pastores sabios y celosos han servido a Cristo en ustedes  en estas tierras: ¡Que Dios sea su herencia y su corona de gloria! De esos sacerdotes abnegados hacemos memoria agradecida en esta Eucaristía.

4. Esta población ha crecido vertiginosamente; tengo muy presente cuando vine con el recordado Señor Cura Don Francisco Herrera y los padres Xaverianos, el P. Pablo y el P. Natalio, a colocar la primera piedra de este templo; fue entre riscos y garambullos y ahora es una floreciente comunidad humana y cristiana, bajo el patrocinio de Señor San José, quien ha proporcionado trabajo y vida digna a numerosas familias venidas de diversos lugares de la república. Además de esta parroquia he erigido la de Jesús Buen Pastor en Paso de Mata, la de San Pedro Ahuacatlán, la de la Natividad del Señor, dos en honor de Nuestra Señora de Guadalupe, una en La Estancia y otra en Granjas Banthi, seis en total. He podido, con el favor de Dios, acercarles cada día más un sacerdote a sus casas y a su corazón. Esto ha sido posible porque el Seminario ha trabajado con ahinco para formar sacerdotes para el servicio de ustedes y Dios ha aceptado este esfuerzo bendiciéndonos con vocaciones sacerdotales. Aquí en su Decanato está una parte importante del Seminario, el Curso Introductorio a los estudios sacerdotales, en la parroquia de San José Galindo. Ustedes, hermanas y hermanos,  aman y han apoyado al Seminario, y su Obispo ha podido devolverles algo de lo mucho que merecen y necesitan en la persona de los nuevos sacerdotes. Que su amor al Seminario y a sus sacerdotes siga siendo un signo distintivo de su fidelidad a Jesucristo y a su santa Iglesia para que la salvación llegue a sus hogares. 

5. Las industrias y los numerosos hermanos venidos de otras partes de la república han modificado el entorno geográfico y social de San Juan del Río, y con ello el ámbito de la Iglesia, de la fe católica y de la vida cristiana. La hospitalidad característica de estas tierras acoge a todos con cariño y los invita a ir estrechando cada vez más los lazos de fraternidad cristiana y solidaridad humana. La Iglesia, mediante las parroquias, los exhorta a acrecentar el coro de los que alaban al Señor. Se han incrementado desgraciadamente también ciertos vicios e injusticias sociales, como son el crecido número de hijos sin padre  responsable, el resquebrajamiento de algunos hogares cristianos, el aumento de la contaminación, violencia e inseguridad social y el rebrote de la superstición y de prácticas seudorreligiosas degradantes del ser humano. Yo creo que la comunidad católica de San Juan del Río todavía es fuerte, puede y debe resistir estos embates que nos trae el fenómeno globalizador y plural en el que necesariamente nos movemos. La familia deber ser lo que está llamada a ser: santuario de la vida, trasmisora de valores humanos y cristianos y escuela de amor y de perdón. Encontrarán en la santa Biblia, especialmente en el Evangelio de Jesucristo, y en el Catecismo de la Iglesia católica los elementos indispensables para una sana y recia formación en su fe, conscientes de que un católico que ignore los contenidos de su fe fácilmente la pierde. “Si se mantienen fieles a mis palabras, dice Jesús, serán verdaderamente discípulos míos y conocerán la verdad” y “la verdad los hará libres” y conscientes de su dignidad. Conservando su fe católica preservan su dignidad. Además de los centros de formación parroquiales, existen numerosos Colegios católicos que prestan un valioso servicio a la sociedad y a la iglesia. Deben ser firmes y seguros en sus criterios educativos, aprovechando la rica herencia cultural de la fe y doctrina católica, de modo que formen ciudadanos útiles a la comunidad, honestos en sus relaciones sociales e hijos fieles de la santa Iglesia.  

6. San Juan del Río se ha distinguido también por su amor a la Guadalupana. A petición del señor cura, de los sacerdotes del Decanato y de numerosos fieles, he tenido a bien nombrar el templo de Santa María de Guadalupe como Santuario diocesano, según las normas litúrgicas y canónicas. Es un reconocimiento a la filial devoción de ustedes a la Virgen del Tepeyac, sabiendo que Ella nos conduce a Jesucristo y ofrece a sus devotos cuidado y protección maternal. Todos nosotros hemos sentido en nuestra vida la verdad de esta promesa. A nosotros corresponde “hacer lo que Él nos diga”, como Ella indicó a los discípulos de Jesús en las Bodas de Caná. Recientemente nos ha precisado su voluntad en la Asamblea de los Obispos latinoamericanos en Aparecida, Brasil. Allí, por medio de nuestros pastores encabezados por el Papa Benedicto XVI, nos pide que seamos “discípulos y misioneros de Jesucristo” para que el mundo crea y nuestro pueblo tenga vida de Dios y vida plenamente humana. Es una grave tarea a la que nos compromete el amor de Dios y la fe recibida. No podemos ser discípulos de Jesucristo sin ser también misioneros; y todo misionero necesita ser a la par discípulo del Señor. La Iglesia, es decir, toda la comunidad católica deber ser misionera de Jesucristo, comenzando por la familia la parroquia y la iglesia entera. Así de grande y de provocador es el compromiso que asumimos en nuestro bautismo. No tengamos miedo. Rememos mar adentro, abramos las puertas del corazón, de las familias y de la sociedad a Cristo para que San Juan del Río siga siendo una perla de la corona gloriosa de Cristo Rey y una cuenta preciosa del Rosario de la Virgen María.  

7. Hermanas y hermanos: Con San Pablo hagamos la siguientes confesión de fe: “¡Qué inmensa y rica es la sabiduría de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.    

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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