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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

PEREGRINACIÓN DE LOS CONSEJOS PARROQUIALES

Santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, Colón, Qro., 7 de Febrero de 2007


La oración que dirigimos a Dios nuestro Padre dice así  que la poderosa intercesión de la Virgen Santísima María nos ayude y nos haga llegar hasta Cristo Monte de la Salvación.

Que la Virgen María Santísima con su poderosa intercesión nos ayude a llegar hasta Cristo que es el Monte de la Salvación. En el Santo Evangelio encontramos cuatro montes, los más significativos:

El primer monte el de las Bienaventuranzas, donde Jesús como maestro soberano sentado instruye al pueblo, dicta su ley, sus normas de conducta; primero toma el decálogo de moisés que recibió en el monte sinal, lo perfecciona y después pronuncia el famoso discurso de las Bienaventuranzas, que esa es la ley nueva Jesucristo maestro que nos dice cual es el camino para ser feliz, guardar si los mandamientos de Moisés pero el cristiano va mucho más adelante, el cristiano es aquel que va reproduciendo la Imagen de Cristo en ese  su retrato hablado que el hizo de si mismo y que nos propone en las Bienaventuranzas. Para ser feliz bienaventurados los pobres, tienen corazón de pobre de espíritu los pacíficos, los que sufren los que padecen por la justicia los limpios de corazón esos serán los hijos de Dios. El primer monte el de la ley de Jesucristo su camino de salvación las bienaventuranzas.

El segundo monte es el Monte Tabor ahí los Apóstoles Santiago Pedro y Juan contemplaron la gloria anticipada de Jesucristo, querían quedarse ahí pero Moisés y Elías platicaban con Jesús sobre su futura pasión el  Señor, Jesús los despierta de esta no sueño sino realidad anticipada les dice que para merecerla todavía tienen que caminar con él hacia el Tercer Monte, el monte Calvario, el Monte de la Cruz el Monte del Sacrificio el Monte de la Verdad, donde Jesús demostró con hechos todo lo que había predicado, todo lo que había dicho, todo lo que había enseñado lo confirmó que era verdad cuando estuvo dispuesto y así lo hizo de entregar su vida por nosotros para dar testimonio de la verdad.  Y así redimir al mundo del error del pecado y de la mentira.

Finalmente hermanas y hermanos el último Monte, el Monte de la Ascensión del Señor, donde ahí resucitado y glorioso es envuelto por una nube y llevado a la presencia del Padre. El Señor Jesús glorificado sentado como Señor del universo, Rey de reyes y Señor de señores de donde vendrá a juzgarnos al final de los tiempos. El Monte de la Ascensión donde el nos abrió como Gran Sacerdote, nos abrió el camino hacia la casa del Padre, la Jerusalén Celestial.

Un poco así es nuestra vida, hermanos y hermanas, nuestra vida es un peregrinar como dicen los salmos de Ascensión, de altura en altura, de monte en monte hasta el encuentro con el Señor, en Sión, en la Jerusalén Celestial.

Le pedimos a la Virgen Santísima que nos acompañe en este recorrido, por estos Montes que recorrió su Hijo Jesucristo, que nos de fuerza para ser bienaventurados como Ella, Ella fue la Primera Bienaventurada, la Primera que hizo suyas las Bienaventuranzas de Jesucristo, que nos enseñe, decía la oración que nos lleve como de la mano, a imitación de Jesucristo a reproducir esa Imagen de Jesús en nosotros como ella lo reprodujo viviendo las Bienaventuranzas, que nos lleve en nuestra vida donde hay momentos de gloria, hay momentos de paz, hay momentos de grandes satisfacción espiritual pero son todavía pasajeros, que nos siga acompañando pues la Virgen Santísima desde el Tabor hasta el Calvario. Aquí la tenemos junto a la Cruz es el Misterio que se nos ha dado como misterio especialmente que debe configurar nuestra Diócesis, nuestras parroquias nuestras familias, nuestra vida, el misterio de la Cruz del Señor Jesucristo y su Madre Santísima aquí presente. Que por otra parte es el misterio del hombre en este mundo, el configurarse a Cristo sufriente, pero ahí está la Virgen Santísima y aquí está con nosotros, ella es la que nos va a acompañar al Monte de la Ascensión; ella es la que nos va a acompañar y va a ser también como ya lo es Ella ahora artífice de nuestra Transfiguración a Imagen de Cristo Glorioso, de Cristo Resucitado.

La Virgen Santísima esta con nosotros, hacemos nuestra de corazón esta oración. El Señor nos conceda la gracia de que su Madre Santísima no solo no nos abandone sino al contrario  maternalmente nos acoja y nos lleve de la mano nos acompañe en el seguimiento de su Hijo Jesucristo hasta que pasando por estos montes de la vida terrena de Jesús lleguemos al monte Sión a la Jerusalén celestial,  que así sea.

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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