La oración que
dirigimos a Dios nuestro Padre dice así que la poderosa intercesión de
la Virgen Santísima María nos ayude y nos haga llegar hasta Cristo Monte
de la Salvación.
Que la Virgen
María Santísima con su poderosa intercesión nos ayude a llegar hasta
Cristo que es el Monte de la Salvación. En el Santo Evangelio
encontramos cuatro montes, los más significativos:
El primer
monte el de las Bienaventuranzas,
donde Jesús como maestro soberano sentado instruye al pueblo, dicta su
ley, sus normas de conducta; primero toma el decálogo de moisés que
recibió en el monte sinal, lo perfecciona y después pronuncia el famoso
discurso de las Bienaventuranzas, que esa es la ley nueva Jesucristo
maestro que nos dice cual es el camino para ser feliz, guardar si los
mandamientos de Moisés pero el cristiano va mucho más adelante, el
cristiano es aquel que va reproduciendo la Imagen de Cristo en ese su
retrato hablado que el hizo de si mismo y que nos propone en las
Bienaventuranzas. Para ser feliz bienaventurados los pobres, tienen
corazón de pobre de espíritu los pacíficos, los que sufren los que
padecen por la justicia los limpios de corazón esos serán los hijos de
Dios. El primer monte el de la ley de Jesucristo su camino de salvación
las bienaventuranzas.
El segundo
monte es el Monte Tabor
ahí los Apóstoles Santiago Pedro y Juan contemplaron la gloria
anticipada de Jesucristo, querían quedarse ahí pero Moisés y Elías
platicaban con Jesús sobre su futura pasión el Señor, Jesús los
despierta de esta no sueño sino realidad anticipada les dice que para
merecerla todavía tienen que caminar con él hacia el Tercer Monte, el
monte Calvario, el Monte de la Cruz el Monte del Sacrificio el Monte
de la Verdad, donde Jesús demostró con hechos todo lo que había
predicado, todo lo que había dicho, todo lo que había enseñado lo
confirmó que era verdad cuando estuvo dispuesto y así lo hizo de
entregar su vida por nosotros para dar testimonio de la verdad. Y así
redimir al mundo del error del pecado y de la mentira.
Finalmente
hermanas y hermanos el último Monte, el Monte de la Ascensión del
Señor, donde ahí resucitado y glorioso es envuelto por una nube y
llevado a la presencia del Padre. El Señor Jesús glorificado sentado
como Señor del universo, Rey de reyes y Señor de señores de donde vendrá
a juzgarnos al final de los tiempos. El Monte de la Ascensión donde el
nos abrió como Gran Sacerdote, nos abrió el camino hacia la casa del
Padre, la Jerusalén Celestial.
Un poco así es
nuestra vida, hermanos y hermanas, nuestra vida es un peregrinar como
dicen los salmos de Ascensión, de altura en altura, de monte en monte
hasta el encuentro con el Señor, en Sión, en la Jerusalén Celestial.
Le pedimos a
la Virgen Santísima que nos acompañe en este recorrido, por estos Montes
que recorrió su Hijo Jesucristo, que nos de fuerza para ser
bienaventurados como Ella, Ella fue la Primera Bienaventurada, la
Primera que hizo suyas las Bienaventuranzas de Jesucristo, que nos
enseñe, decía la oración que nos lleve como de la mano, a imitación de
Jesucristo a reproducir esa Imagen de Jesús en nosotros como ella lo
reprodujo viviendo las Bienaventuranzas, que nos lleve en nuestra vida
donde hay momentos de gloria, hay momentos de paz, hay momentos de
grandes satisfacción espiritual pero son todavía pasajeros, que nos siga
acompañando pues la Virgen Santísima desde el Tabor hasta el Calvario.
Aquí la tenemos junto a la Cruz es el Misterio que se nos ha dado como
misterio especialmente que debe configurar nuestra Diócesis, nuestras
parroquias nuestras familias, nuestra vida, el misterio de la Cruz del
Señor Jesucristo y su Madre Santísima aquí presente. Que por otra parte
es el misterio del hombre en este mundo, el configurarse a Cristo
sufriente, pero ahí está la Virgen Santísima y aquí está con nosotros,
ella es la que nos va a acompañar al Monte de la Ascensión; ella es la
que nos va a acompañar y va a ser también como ya lo es Ella ahora
artífice de nuestra Transfiguración a Imagen de Cristo Glorioso, de
Cristo Resucitado.
La Virgen Santísima esta con nosotros, hacemos nuestra de
corazón esta oración. El Señor nos conceda la gracia de que su Madre
Santísima no solo no nos abandone sino al contrario maternalmente nos
acoja y nos lleve de la mano nos acompañe en el seguimiento de su Hijo
Jesucristo hasta que pasando por estos montes de la vida terrena de
Jesús lleguemos al monte Sión a la Jerusalén celestial, que así sea.
†
Mario de Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro