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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL FESTIVAL POR LA VIDA EN EL ESTADIO CORREGIDORA

Santiago de Querétaro, Qro., 8 de Septiembre de 2007


MADRE DE LA VIDA

 

Hermanas y Hermanos

Queridos Jóvenes:

1. Venimos a celebrar a la Virgen María en el misterio de su nacimiento y a Ella le decimos: “Dichosa tú, santísima Virgen María, digna de toda alabanza, porque de ti nació el Autor de la vida, Jesucristo Señor Nuestro”. Tú recibiste la vida de tus padres para darnos al mismo Autor de la vida. Por ti, Virgen María, la vida de Dios se hizo vida nuestra. En tu seno bendito la vida eterna se hizo vida temporal, para que nuestra vida temporal adquiriera dimensión de eternidad. La vida humana comienza en el tiempo pero desemboca en la eternidad. En ti, Virgen María, la vida se hizo canto, se hizo don, se hizo bendición. Al celebrar hoy tu nacimiento celebramos a tu Hijo, “Camino, Verdad y Vida” nuestra. Alégrate Virgen María, “vida, dulzura y esperanza nuestra”.

2. “La Iglesia es el pueblo de la vida y para la vida”, decía nuestro recordado Papa Juan Pablo Segundo. Esta es nuestra honra, nuestro honor, nuestra carta de presentación ante un mundo, ante una sociedad y ante un país que cada día se inclina más por la pendiente de la muerte. Nuestro destino es la vida, no la muerte. Nuestro Dios, decía Jesús, “es un Dios de vivos, no de muertos”. Somos adoradores del “Dios viviente” para quien, hasta los muertos viven, porque su destino es la resurrección. La “vida y la muerte se trabaron en descomunal batalla; ahora, el rey de la vida, muerto, reina vivo”, cantamos en la Pascua. En esta lucha, con Cristo somos ya vencedores.

3. “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le podrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados”. José somos todos. Estas palabras son para nosotros, especialmente para ustedes, jóvenes. No tengan miedo de aceptar la vida que está en el seno de una mujer, porque toda vida viene, en último término,  del “Señor y dador de vida”: Dios. A veces los caminos de los hombres son torcidos;  no así los de Dios. Nosotros nos equivocamos, pero Él no. No tengan miedo en recibir la vida que lleva una mujer en sus entrañas, porque toda vida es sagrada y viene de Dios. Todo concebido, hombre o mujer, discapacitado o no, de cualquier raza o cualquiera que sea su origen, es imagen y semejanza de Dios; humano entre los humanos, tiene derecho a ser recibido y tratado como ser humano, como persona. Sólo un inhumano puede destruir a un ser humano. Sus derechos, personales e inalienables, se los da Dios, no los hombres, ni siquiera sus padres. Benditos los padres que comprenden esto, y son coherentes con esta sacrosanta misión. Toda paternidad y maternidad se remontan hasta el seno de la santa Trinidad. 

4. El hijo de María llevará por nombre Jesús, porque “Él salvará a su pueblo de sus pecados”. Ese hijo encarna la esperanza de Israel y de todos los hombres. Él es el Salvador del mundo. En todo hijo se esconde una semilla de esperanza y de salvación; allí Dios se hace presente y, por la fe, es Emmanuel, Dios con nosotros. Toda madre cristiana trae a este mundo una esperanza de salvación; es, como María, un sagrario escogido, una fuente de bendición. Cada hogar cristiano es una Casa de Nazaret, cada mujer que va a ser madre es un sagrario viviente, cada hijo que recibe la fe es un Cristo que viene a este mundo. “Bendita” tú, Virgen María, “entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”.

5. Decía en la Casa de la Virgen, el Papa Benedicto a los jóvenes: “Jesucristo, Dios hecho hombre, asumió en María nuestra misma carne, tomó parte de nuestra vida y quiso compartir nuestra historia… buscó un corazón joven y lo encontró en Maria, joven mujer. Dios sigue buscando corazones jóvenes, busca jóvenes de corazón grande, capaces de hacerle espacio en su vida”. Cada uno de ustedes, ¿será capaz de decir: ¡Aquí estoy yo!? Ya lo han hecho. Su presencia es su respuesta. Gracias por estar aquí. Mantengan ahora sostenido ese “sí” a Dios y a la vida.

6. Permítanme también trasmitirles su exhortación paternal: “Sean –dice- humildes, como María. Ella es grande, porque se hizo humilde. No tengan miedo a la humildad. El humilde es percibido como un derrotado, uno que no tiene nada que decir al mundo… sin embargo, esa es la vía maestra… porque es el modo de actuar de Dios mismo”. México encontrará el rumbo correcto cuando tengamos dirigentes humildes, que reconozcan el señorío de Dios, y nosotros seamos humildes también. La humildad es la verdad;  es el camino de Dios; por eso, prosigue el Papa, “frente a los medios de comunicación, sean críticos. No tengan miedo de preferir las vías alternativas indicadas por el amor verdadero: un estilo de vida sobrio y solidario; relaciones afectivas sinceras y puras; un compromiso hondo en el estudio y en el trabajo… no tengan miedo de ser distintos y de ser criticados”; y concluyó: “Sean como María, un camino alegre a la luz del ‘si’ de Dios”.

7. Los invito, jóvenes, a decir, como María, ‘sí’ a Dios, que fue un “sí” a la vida, un ‘sí’ a la verdad, un ‘sí’ a la belleza y, sobre todo, un ‘sí’ al Amor. Virgen Santísima, Madre del amor hermoso y Madre de la vida, ruega por nosotros y cuida la vida de todos los niños por nacer. Señor San José, cuida de las madres y de sus hijos pequeños como cuidaste de María y de Jesús. Amén.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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