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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EL TERCER DOMINGO DE CUARESMA

Santiago de Querétaro, Qro., 24 de Febrero de 2008


LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

 

1. La primera lectura del profeta Ezequiel y el santo Evangelio nos ponen frente a la realidad de la muerte, junto a un sepulcro, que muy bien puede ser el nuestro. Jesús, ante el ciego de nacimiento, le dio la vista porque Él es la luz; ante un paralítico seco lo hizo caminar, porque Él nos trae la libertad. ¿Qué hará Jesús delante de un difunto? Un salvador que no libra de la muerte, no es verdadero salvador. 

2. El profeta Ezequiel tiene una visión: Ve una inmensa muchedumbre de huesos humanos secos, símbolo del pueblo de Israel exiliado y condenado a morir. Y ve cómo el Espíritu de Dios va uniendo esos huesos y les va infundiendo vida, y concluye con las palabras consoladoras que escuchamos: “Pueblo mío, yo mismo abriré sus sepulcros, los haré salir de ellos y los conduciré de nuevo a la tierra de Israel… Entonces ustedes dirán que yo soy el Señor… que lo dije y lo cumplí”. 

3. Esta visión también se refiere a toda la humanidad. Si vemos hacia atrás en la historia, ¿qué queda? Algunos monumentos históricos que todavía vemos; sí, pero lo que no vemos es más impresionante: una enormidad de huesos secos o convertidos en polvo en los sepulcros y cementerios. Reyes, emperadores, sabios, sacerdotes, miserables, ricos, poderosos, soberbios, presidentes, gobernadores…todos cubiertos por el manto de la muerte. La tierra es un inmenso cementerio, en el cual nosotros también tenemos ya nuestro lugar. 

4. Por eso no podemos evadir la pregunta: ¿Qué va a ser de nosotros a la hora y después de la muerte? ¿Tendrá la muerte la última palabra? ¿La humanidad será derrotada por la muerte? ¿Hay alguien que tenga la respuesta y, sobre todo, que pueda librarnos de la muerte? ¿Vale la pena creer en un Dios, en un Salvador que no puedan librarnos de la muerte? 

5. Hermanas y hermanos: La santa Iglesia tiene la respuesta a estas angustiosas preguntas y está en el Evangelio: “Jesucristo es el camino, la verdad y la vida”. Él es el verdadero camino hacia la vida. Él es la Vida y tiene poder para comunicar la vida. Lo vemos en el evangelio ante el sepulcro de su amigo Lázaro. ¿Qué puede hacer Jesús? Marta le hace a Jesús el reproche que tantos de nosotros le hacemos a Dios: Si de verdad estás con nosotros, si de verdad eres el Dios de la vida, ¿por qué permites que muera un ser querido, que muramos todos? La respuesta de Jesús es contundente: “Tu hermano resucitará… Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre”. Esta es la afirmación contundente de Jesús y su promesa. Pero Jesús nos devuelve la pregunta: “Tú, ¿Crees esto?”. Y añade: Si crees esto, “verás la gloria de Dios”. 

6. Hermanas y hermanos: Esta es la pregunta que nos hace la Iglesia durante la próxima semana Santa. Esto es lo que vamos a celebrar en la semana Mayor: La lucha de la vida contra la muerte, y vamos a ver cómo el dueño de la vida, muriendo en la cruz, ahora reina vivo. Vamos a presenciar esta descomunal batalla en la cual todos nosotros estamos implicados, y tenemos que responder a la pregunta de Jesús que nos repite la Iglesia: Tú, católico, ¿crees de verdad que Jesús es tu Salvador? ¿Crees de verdad que Jesús es el Señor de la Vida? ¿Crees de verdad que el murió por ti para darte vida eterna?  ¿Crees que, así como resucitó a su amigo Lázaro, más aún, como Él mismo resucitó de entre los muertos, puede resucitarte a ti y a tus seres queridos el último día? ¿Crees en la resurrección de los muertos y en la vida eterna, como te enseña la Iglesia? Si de veras crees, acompaña a tu Señor Jesús en esta batalla contra la muerte. Acompañándolo en su muerte en la cruz, Él te acompañe en la tuya, cuando llegue tu hora. 

7. Es duro aceptar que vamos a morir. Nos preocupa saber cómo vamos a morir. Queremos saber quién nos va a asistir a la hora de la muerte. Pero es más importante, mucho más, es saber quién nos va a acompañar en el paso a la eternidad. San Pablo nos dice que ningún cristiano muere para sí mismo, nadie muerte solo; que, si vivimos, vivimos para el Señor, para  Jesús; y que, si morimos, también morimos para el Señor; que Él nos acompaña en el paso a la eternidad, porque él ya hizo este camino. Los primeros cristianos ponían en los sepulcros la imagen de Jesús, el Buen Pastor, que lleva sobre sus hombros a la oveja perdida, a nosotros, y nos hace pasar por “valles oscuros y sombras de muerte” y para conducirnos hasta la casa del Padre. Él mismo, en la cruz, se puso en las manos del Padre y al Padre encomendó su espíritu, su muerte, su vida. Por eso ahora Él vive para siempre con el Padre y nos puede comunicar la vida eterna. 

8. Hermanos y hermanas, ésta es nuestra fe y ésta es nuestra esperanza. ¿Creen esto? San Pablo lo cree y nos lo repite la Iglesia: “Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra del Espíritu, que habita en ustedes”. Por eso les vamos a dar a estos jóvenes el Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación, como lo recibieron también ustedes, para que tengan al Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, el que resucitó a Jesús de entre los muertos, para que tengan la vida eterna. Lázaro volvió a morir, a ocupar su sepulcro. Cristo fue sepultado, pero su sepulcro está vacío. Ese es el sepulcro de los cristianos: Vamos a morir y a ser sepultados; pero si morimos con la esperanza en Cristo, resucitaremos con él y viviremos con él para siempre. Los invito a vivir con la Iglesia este drama glorioso de nuestra fe católica, la única que puede ofrecernos la vida para siempre: El misterio de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Salvador Jesucristo.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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