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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL DECANATO DE GUANAJUATO EN EL FESTEJO DEL AÑO JUBILAR EPISCOPAL

Cerro Grande, Victoria, Gto., 10 de Septiembre de 2007


LA PARROQUIA Y LA FAMILIA, CENTROS DE VIDA CRISTIANA Y EVANGELIZACIÓN

 

Hermanos Presbíteros

Hermanas y Hermanos:

1. Agradezco a Ustedes su presencia y participación en este encuentro eclesial para dar gracias a Dios por el llamado que me ha hecho para servirlos mediante mi ministerio episcopal desde hace 24 años. Gracias a los hermanos Presbíteros de este Decanato por haber promovido y facilitado este encuentro, que quiere ser un himno de gratitud a Dios por su gran misericordia y, al mismo tiempo, alimentar nuestra fe católica y nuestra conciencia eclesial. La presencia de nuestra Madre Santísima nos acoge a todos en sus hermosas advocaciones como Nuestra Señora de los Remedios, titular de este santuario, y como Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, Patrona diocesana, cuya venerada imagen nos visita. Que Ella, la Madre de Jesús, sea siempre nuestro Refugio y acompañe con sus Dolores los sufrimientos de nuestra vida. 

2. En la liturgia que celebramos nos encomendamos a la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, Maria y José. Ellos son el modelo de nuestra familia casera y doméstica y, al mismo tiempo, de nuestra familia parroquial. Los Obispos latinoamericanos en su documento de Puebla, nos dijeron palabras sabias sobre la familia y la parroquia; nos enseñaron que  el cristiano, impulsado por el Espíritu Santo, se siente llamado a salir de si mismo, a vivir en comunidad y a compartir el don de la vida y del amor que ha recibido de Dios. Dios nos ha hecho dos regalos preciosos: la familia y la iglesia, presente en la parroquia. Este “don maravilloso de la vida nueva (la vida cristiana) se realiza de manera excelente en cada Iglesia Particular (Diócesis) y también, de manera creciente en la familia, en pequeñas comunidades y en las parroquias. Desde estos centros de evangelización, el Pueblo de Dios en la historia, por el dinamismo del Espíritu y la participación de los cristianos, va creciendo en gracia y santidad. En su seno surgen carismas y servicios” (No. 565), dicen nuestros Obispos. 

3. Para gozar del don maravilloso de la vida y de la fe como verdaderos hijos de Dios, necesitamos de los demás, de la comunidad. Primero que todo, al recibir el don de la vida, necesitamos de una madre y un padre que nos acojan y, posteriormente, de hermanos con quienes compartir la vida y el amor, lo mismo que de otras personas mayores como son los abuelos, los primos y los tíos. Así la vida humana se va enriqueciendo y el amor se comparte y se fortalece, superando el egoísmo y soledad. La familia es un patrimonio de la humanidad, nos ha dicho el Papa. La familia no es un invento humano, sino un regalo de Dios. Se rige por la leyes de Dios, que los hombres deben respetar. Este es el  “modelo de familia” querido por Dios. Ahora en muchos medios oficiales y en la televisión se ataca la familia, sobre todo la numerosa. No es familia ni conservadora ni burguesa, ni retrógrada, ni patriarcal ni pasada de moda, como dicen; ésta familia, formada por papá, mamá, hijos, hermanos y abuelos, es el modelo ideado por Dios para que el hombre crezca y se desarrolle con normalidad. Tengan cuidado, porque éste es el modelo de familia que rechaza la cultura moderna, la televisión, las telenovelas y numerosos programas públicos, e inventan otras uniones contrarias al plan de Dios. Tampoco es cierto que la familia pequeña vive mejor; vive mejor la familia donde reina el amor. 

4. En efecto, ahora se habla de “varios modelos de familia”. Sí, ahora existen, y es una gran pena, familias incompletas, lastimadas y llenas de carencias y dolor; pero éste no es el plan de Dios. Hay muchas madres solteras o madres abandonadas, que forman familias incompletas; merecen comprensión y apoyo, hay que tenderles la mano y tienen derecho a rehacer su vida, pero no es éste el plan original de Dios. Lo deben saber. Jesús no necesitó de un padre terreno para ser concebido, porque su Padre es el del cielo y es hijo de Dios desde toda la eternidad. Necesitaba, sí, una madre para nacer. Pero Dios Padre no quiso que faltara a María quien hiciera las veces de esposo, y a Jesús quien hiciera las veces de padre; ésta fue la misión de señor San José. Dios Padre no quiso que María, la Esposa del Espíritu Santo apareciera como madre soltera, ni que su Hijo eterno apareciera como huérfano en este mundo. Por eso puso a Señor San José para que hiciera las veces de padre; y lo hizo muy bien. Queda, pues, muy claro el plan de Dios. Toda madre necesita un esposo y todo hijo reclama un padre. Ni madres sin esposos; ni hijos sin padres, y, mucho menos, padres que engendren hijos fuera del hogar y sin responsabilidad.  

5. Todo niño, al nacer, tiene derecho a un papá, a una mamá y a un hogar, formado por los hermanos y los abuelos, con los recursos necesarios para su sostenimiento. Necesita recursos para su desarrollo integral: a) Recursos humanos de amor y virtudes humanas y sociales; b) Recursos culturales de educación y religión; c) Recursos económicos suficientes para su sostenimiento digno. Miren bien esto:  La Iglesia no habla de salario “mínimo”, sino de salario “justo” y de salario “familiar”. El hombre tiene el deber de trabajar, de ganarse el pan con el sudor de su frente y corresponde al Estado el deber de proporcionarle los medios y las condiciones necesarias para el sustento digno de su familia. Promover la justicia social es un deber del Estado y, si no lo hace, pierde legitimidad. Los mexicanos tienen derecho a ganarse el pan en el país que los vio nacer. 

6. Cuando los padres son católicos, la familia se convierte en santuario de fe, en “iglesia doméstica”, que encuentra en la parroquia su plena realización al compartir su vivencia cristiana con otros hermanos, con otras familias, también hijos de Dios, y así forman la gran “familia parroquial”. La parroquia, hemos dicho, es la “iglesia que llega hasta las casas de los fieles”, y se manifiesta cuando las familias se reúnen en la Casa de Dios, en el templo parroquial para alabar a Dios, darle gracias, orar juntos, especialmente en la Misa dominical. Asistir a la Misa el domingo en el templo parroquial no sólo es un deber, sino una gran bendición para la familia, como dice el salmo: Qué dicha el estar los hermanos unidos; es como un perfume que desciende de la barba sacerdotal de Aarón, hasta la orla de su ornamento. Desde allí Dios manda la bendición para su pueblo.  

7. Hermanas y hermanos; por favor pongan esto en su corazón: La Iglesia católica es la única institución que nos hermana en la fe, que nos reúne en la oración, que nos congrega en el amor, que nos instruye con la palabra divina, que nos acompaña en nuestras aflicciones, que nos perdona nuestros pecados, que nos eleva hasta los bienes del cielo, que nos habla de Dios y no sólo de la tierra, que nos alienta en la lucha por ser mejores, que nos hermana y nos une en la paz. En ninguna asamblea de sindicato o de partido se reza el Padrenuestro ni se dan la paz. Todo esto, en cambio, lo vivimos y expresamos en la Misa del domingo. Que ninguna familia falte a la misa dominical. Bien vale la pena cualquier sacrificio para gozar de tan grande bendición. Desde la barba sacerdotal de Aarón, es decir, desde el sacerdote celebrante en el altar, hasta la orla de su ornamento, es decir, hasta cada uno de ustedes dentro de la iglesia, desciende la bendición de Dios. ¿Quieren de veras que Dios los bendiga? Participen en la misa dominical. Decían los abuelos: Hay dos maneras de llegar a ser pobres: robar y trabajar el domingo. Los hijos de la Iglesia, los católicos, ganaron el descanso dominical a costa de grandes sacrificios. Muchos cristianos fueron martirizados por celebrar la Eucaristía el domingo. Antes del cristianismo, sólo los gobernantes y los ricos descansaban; los demás trabajaban como esclavos  todos los días de la semana. El domingo es conquista de los católicos. No perdamos tan rica herencia. El Domingo es para Dios, para su gloria, y para los hijos de Dios, para nuestro descanso. 

8. Miren, hermanas y hermanos, a la parroquia como a su propia casa, la escuela de santificación y de comunión, es decir, de fraternidad. En la parroquia aprendemos a ser hermanos. Los partidos nos dividen; la parroquia nos une. En la parroquia ustedes encuentran todo lo necesario para su salvación; allí nacen sus hijos para Dios en la fuente bautismal; allí reciben la fuerza de Dios, el Espíritu Santo, en la confirmación; allí se alimentan de la Mesa del Señor: del Pan de su palabra mediante el santo Evangelio, el Catecismo y la predicación de sus sacerdotes; del Pan santo de la Eucaristía, que les da la fuerza para no caer en pecado y llegar, sanos y salvos, a la Casa del Padre. En la parroquia reciben el perdón de sus pecados y la bendición sobre su amor en el sacramento del matrimonio; allí está la Madre de todos, la Virgen María, junto con los Santos de Dios, en especial su Santo Patrono, que intercede por ustedes. Allí está su Párroco que, como buen padre de familia, les proporciona estos bienes espirituales. El señor Cura, en nombre y con la autoridad del señor Obispo diocesano, hace las veces de Cristo, el Buen Pastor, que vino a dar la vida por sus ovejas. Su Párroco, al obedecer a su Obispo, sucesor de los Apóstoles, está en comunión con el Papa, Sucesor del San Pedro y Pastor de la Iglesia universal. Así pueden estar seguros de pertenecer a la Iglesia de Jesucristo, la católica, y caminar por la senda de la salvación.

9. Ustedes han tenido, gracias a Dios, muchos párrocos entregados y celosos de su bien espiritual, que han dado la vida por sus ovejas. Recen por sus sacerdotes para que puedan cumplir tan grande y noble misión: Que puedan descubrir en cada Párroco el retrato vivo de Cristo, el Buen Pastor. El Seminario diocesano se esfuerza por preparar buenos y santos sacerdotes; amen a su Seminario y no olviden que los sacerdotes provienen de familias cristianas, de las familias de ustedes. Ojalá  que muchas familias ofrecieran un hijo para ser sacerdote. Los papás y las mamás háblenle a su hijos del sacerdocio y Dios les dará recompensa de sacerdote. 

10. La parroquia también se compone de otras “pequeñas comunidades” y de varios “grupos apostólicos” y otras instituciones como son el Consejo Pastoral. No puedo tratar aquí todos estos puntos, pero sí quisiera recomendarles que “la parroquia somos todos”: El párroco, los sacerdotes vicarios, las familias, los grupos apostólicos, las pequeñas comunidades y asociaciones piadosas, los organismos de servicio como Cáritas parroquial, los colegios, los hospitales y los grupos bíblicos y centros evangelizadores. Especial mención merece el grupo de  Catequistas. Dios bendiga a todas y a todos los Catequistas y a los que trabajan, en comunión con su párroco, en el servicio de sus hermanos. Cuando venga Jesucristo brillarán como estrellas en el firmamento. Ayuden a su párroco, no le causen sinsabores y comprendan las limitaciones de sus pastores, porque Dios nos hizo humanos, no ángeles, para poder comprender las debilidades ajenas. 

11. Cuídense de las “malas yerbas” que crecen siempre en el jardín de Dios; hay quien junto con el trigo, siembra la cizaña; Jesús nos invita a tener paciencia y a dejarle el juicio a Dios; pero es nuestro deber cuidar que no crezcan espinas entre nosotros. Que nadie moleste a su hermano ni cometa injusticia contra el pobre y desamparado. Siempre hay que decir la verdad y no creer las mentiras de la mercadotecnia que nos ofrece la televisión. Piensen siempre “en cristiano”, como cristianos, no como los medios de comunicación y la televisión, que ya son paganos. Las telenovelas que promueven la violencia y exaltan la infidelidad conyugal y el divorcio, atentan contra el bien sagrado del matrimonio y de la familia y hacen un gran mal en la sociedad. Son una plaga social. Los corridos y canciones que exaltan la droga, el sexo y la violencia deben desterrarse de un hogar católico. Guardar los Diez Mandamientos de la ley de Dios y apartarse del consejo de los impíos, que no tienen el santo temor de Dios, es el camino seguro para ser felices. Los Mandamientos de Dios son las leyes morales fundamentales para poder vivir en paz en esta tierra. Gracias a ellos ha subsistido la humanidad. Nosotros, los católicos tenemos, además de los Mandamientos, el Sermón de la Montaña y las Bienaventuranzas; por eso les recomiendo encarecidamente leer la Santa Biblia, sobre todo el Santo Evangelio y estudiar el Catecismo. Guardar los Mandamientos de Dios nos hace gente de bien, útiles a la sociedad.  

12. Recuerden: Dios nos creó para la felicidad, para la vida, para llevar una vida digna y en paz. Para eso creó el matrimonio y la familia, y para ayudarnos nos dejó la Iglesia que encontramos en la puerta de nuestras casas mediante la Parroquia. La Familia es la “iglesia casera” en la que los padres católicos enseñan a sus hijos a amar a Dios, y la Parroquia es centro de vida cristiana y de evangelización; escuela de santidad y el lugar donde todos, especialmente los pobres, “se deben sentir como en su casa”, donde a nadie falte lo indispensable para una vida digna. Tanto la Familia como la Parroquia deben ser los lugares privilegiados donde se formen “verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo”. Que la Virgen Santísima, Madre de la Iglesia, en su advocación como Nuestra Señora de los Remedios titular de este santuario, y de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, Patrona diocesana, cuide de todos ustedes, de sus familias y de sus hijos.

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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