LA
PARROQUIA Y LA FAMILIA, CENTROS DE VIDA CRISTIANA Y EVANGELIZACIÓN
Hermanos Presbíteros
Hermanas y Hermanos:
1.
Agradezco a Ustedes su presencia y participación en este encuentro
eclesial para dar gracias a Dios por el llamado que me ha hecho para
servirlos mediante mi ministerio episcopal desde hace 24 años. Gracias
a los hermanos Presbíteros de este Decanato por haber promovido y
facilitado este encuentro, que quiere ser un himno de gratitud a Dios
por su gran misericordia y, al mismo tiempo, alimentar nuestra fe
católica y nuestra conciencia eclesial. La presencia de nuestra Madre
Santísima nos acoge a todos en sus hermosas advocaciones como Nuestra
Señora de los Remedios, titular de este santuario, y como Nuestra
Señora de los Dolores de Soriano, Patrona diocesana, cuya venerada
imagen nos visita. Que Ella, la Madre de Jesús, sea siempre nuestro
Refugio y acompañe con sus Dolores los sufrimientos de nuestra vida.
2.
En la liturgia que celebramos nos encomendamos a la protección de la
Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, Maria y José. Ellos son el modelo
de nuestra familia casera y doméstica y, al mismo tiempo, de nuestra
familia parroquial. Los Obispos latinoamericanos en su documento de
Puebla, nos dijeron palabras sabias sobre la familia y la parroquia;
nos enseñaron que el cristiano, impulsado por el Espíritu Santo, se
siente llamado a salir de si mismo, a vivir en comunidad y a compartir
el don de la vida y del amor que ha recibido de Dios. Dios nos ha
hecho dos regalos preciosos: la familia y la iglesia, presente en la
parroquia. Este “don maravilloso de la vida nueva (la vida cristiana)
se realiza de manera excelente en cada Iglesia Particular (Diócesis) y
también, de manera creciente en la familia, en pequeñas comunidades y
en las parroquias. Desde estos centros de evangelización, el Pueblo de
Dios en la historia, por el dinamismo del Espíritu y la participación
de los cristianos, va creciendo en gracia y santidad. En su seno
surgen carismas y servicios” (No. 565), dicen nuestros Obispos.
3.
Para gozar del don maravilloso de la vida y de la fe como verdaderos
hijos de Dios, necesitamos de los demás, de la comunidad. Primero que
todo, al recibir el don de la vida, necesitamos de una madre y un
padre que nos acojan y, posteriormente, de hermanos con quienes
compartir la vida y el amor, lo mismo que de otras personas mayores
como son los abuelos, los primos y los tíos. Así la vida humana se va
enriqueciendo y el amor se comparte y se fortalece, superando el
egoísmo y soledad. La familia es un patrimonio de la humanidad, nos ha
dicho el Papa. La familia no es un invento humano, sino un regalo de
Dios. Se rige por la leyes de Dios, que los hombres deben respetar.
Este es el “modelo de familia” querido por Dios. Ahora en muchos
medios oficiales y en la televisión se ataca la familia, sobre todo la
numerosa. No es familia ni conservadora ni burguesa, ni retrógrada, ni
patriarcal ni pasada de moda, como dicen; ésta familia, formada por
papá, mamá, hijos, hermanos y abuelos, es el modelo ideado por Dios
para que el hombre crezca y se desarrolle con normalidad. Tengan
cuidado, porque éste es el modelo de familia que rechaza la cultura
moderna, la televisión, las telenovelas y numerosos programas
públicos, e inventan otras uniones contrarias al plan de Dios. Tampoco
es cierto que la familia pequeña vive mejor; vive mejor la familia
donde reina el amor.
4.
En efecto, ahora se habla de “varios modelos de familia”. Sí, ahora
existen, y es una gran pena, familias incompletas, lastimadas y llenas
de carencias y dolor; pero éste no es el plan de Dios. Hay muchas
madres solteras o madres abandonadas, que forman familias incompletas;
merecen comprensión y apoyo, hay que tenderles la mano y tienen
derecho a rehacer su vida, pero no es éste el plan original de Dios.
Lo deben saber. Jesús no necesitó de un padre terreno para ser
concebido, porque su Padre es el del cielo y es hijo de Dios desde
toda la eternidad. Necesitaba, sí, una madre para nacer. Pero Dios
Padre no quiso que faltara a María quien hiciera las veces de esposo,
y a Jesús quien hiciera las veces de padre; ésta fue la misión de
señor San José. Dios Padre no quiso que María, la Esposa del Espíritu
Santo apareciera como madre soltera, ni que su Hijo eterno apareciera
como huérfano en este mundo. Por eso puso a Señor San José para que
hiciera las veces de padre; y lo hizo muy bien. Queda, pues, muy claro
el plan de Dios. Toda madre necesita un esposo y todo hijo reclama un
padre. Ni madres sin esposos; ni hijos sin padres, y, mucho menos,
padres que engendren hijos fuera del hogar y sin responsabilidad.
5.
Todo niño, al nacer, tiene derecho a un papá, a una mamá y a un hogar,
formado por los hermanos y los abuelos, con los recursos necesarios
para su sostenimiento. Necesita recursos para su desarrollo integral:
a) Recursos humanos de amor y virtudes humanas y sociales; b) Recursos
culturales de educación y religión; c) Recursos económicos suficientes
para su sostenimiento digno. Miren bien esto: La Iglesia no habla de
salario “mínimo”, sino de salario “justo” y de salario “familiar”. El
hombre tiene el deber de trabajar, de ganarse el pan con el sudor de
su frente y corresponde al Estado el deber de proporcionarle los
medios y las condiciones necesarias para el sustento digno de su
familia. Promover la justicia social es un deber del Estado y, si no
lo hace, pierde legitimidad. Los mexicanos tienen derecho a ganarse el
pan en el país que los vio nacer.
6.
Cuando los padres son católicos, la familia se convierte en santuario
de fe, en “iglesia doméstica”, que encuentra en la parroquia su plena
realización al compartir su vivencia cristiana con otros hermanos, con
otras familias, también hijos de Dios, y así forman la gran “familia
parroquial”. La parroquia, hemos dicho, es la “iglesia que llega hasta
las casas de los fieles”, y se manifiesta cuando las familias se
reúnen en la Casa de Dios, en el templo parroquial para alabar a Dios,
darle gracias, orar juntos, especialmente en la Misa dominical.
Asistir a la Misa el domingo en el templo parroquial no sólo es un
deber, sino una gran bendición para la familia, como dice el salmo:
Qué dicha el estar los hermanos unidos; es como un perfume que
desciende de la barba sacerdotal de Aarón, hasta la orla de su
ornamento. Desde allí Dios manda la bendición para su pueblo.
7.
Hermanas y hermanos; por favor pongan esto en su corazón: La Iglesia
católica es la única institución que nos hermana en la fe, que nos
reúne en la oración, que nos congrega en el amor, que nos instruye con
la palabra divina, que nos acompaña en nuestras aflicciones, que nos
perdona nuestros pecados, que nos eleva hasta los bienes del cielo,
que nos habla de Dios y no sólo de la tierra, que nos alienta en la
lucha por ser mejores, que nos hermana y nos une en la paz. En ninguna
asamblea de sindicato o de partido se reza el Padrenuestro ni se dan
la paz. Todo esto, en cambio, lo vivimos y expresamos en la Misa del
domingo. Que ninguna familia falte a la misa dominical. Bien vale la
pena cualquier sacrificio para gozar de tan grande bendición. Desde la
barba sacerdotal de Aarón, es decir, desde el sacerdote celebrante en
el altar, hasta la orla de su ornamento, es decir, hasta cada uno de
ustedes dentro de la iglesia, desciende la bendición de Dios. ¿Quieren
de veras que Dios los bendiga? Participen en la misa dominical. Decían
los abuelos: Hay dos maneras de llegar a ser pobres: robar y trabajar
el domingo. Los hijos de la Iglesia, los católicos, ganaron el
descanso dominical a costa de grandes sacrificios. Muchos cristianos
fueron martirizados por celebrar la Eucaristía el domingo. Antes del
cristianismo, sólo los gobernantes y los ricos descansaban; los demás
trabajaban como esclavos todos los días de la semana. El domingo es
conquista de los católicos. No perdamos tan rica herencia. El Domingo
es para Dios, para su gloria, y para los hijos de Dios, para nuestro
descanso.
8.
Miren, hermanas y hermanos, a la parroquia como a su propia casa, la
escuela de santificación y de comunión, es decir, de fraternidad. En
la parroquia aprendemos a ser hermanos. Los partidos nos dividen; la
parroquia nos une. En la parroquia ustedes encuentran todo lo
necesario para su salvación; allí nacen sus hijos para Dios en la
fuente bautismal; allí reciben la fuerza de Dios, el Espíritu Santo,
en la confirmación; allí se alimentan de la Mesa del Señor: del Pan de
su palabra mediante el santo Evangelio, el Catecismo y la predicación
de sus sacerdotes; del Pan santo de la Eucaristía, que les da la
fuerza para no caer en pecado y llegar, sanos y salvos, a la Casa del
Padre. En la parroquia reciben el perdón de sus pecados y la bendición
sobre su amor en el sacramento del matrimonio; allí está la Madre de
todos, la Virgen María, junto con los Santos de Dios, en especial su
Santo Patrono, que intercede por ustedes. Allí está su Párroco que,
como buen padre de familia, les proporciona estos bienes espirituales.
El señor Cura, en nombre y con la autoridad del señor Obispo
diocesano, hace las veces de Cristo, el Buen Pastor, que vino a dar la
vida por sus ovejas. Su Párroco, al obedecer a su Obispo, sucesor de
los Apóstoles, está en comunión con el Papa, Sucesor del San Pedro y
Pastor de la Iglesia universal. Así pueden estar seguros de pertenecer
a la Iglesia de Jesucristo, la católica, y caminar por la senda de la
salvación.
9.
Ustedes han tenido, gracias a Dios, muchos párrocos entregados y
celosos de su bien espiritual, que han dado la vida por sus ovejas.
Recen por sus sacerdotes para que puedan cumplir tan grande y noble
misión: Que puedan descubrir en cada Párroco el retrato vivo de
Cristo, el Buen Pastor. El Seminario diocesano se esfuerza por
preparar buenos y santos sacerdotes; amen a su Seminario y no olviden
que los sacerdotes provienen de familias cristianas, de las familias
de ustedes. Ojalá que muchas familias ofrecieran un hijo para ser
sacerdote. Los papás y las mamás háblenle a su hijos del sacerdocio y
Dios les dará recompensa de sacerdote.
10.
La parroquia también se compone de otras “pequeñas comunidades” y de
varios “grupos apostólicos” y otras instituciones como son el Consejo
Pastoral. No puedo tratar aquí todos estos puntos, pero sí quisiera
recomendarles que “la parroquia somos todos”: El párroco, los
sacerdotes vicarios, las familias, los grupos apostólicos, las
pequeñas comunidades y asociaciones piadosas, los organismos de
servicio como Cáritas parroquial, los colegios, los hospitales y los
grupos bíblicos y centros evangelizadores. Especial mención merece el
grupo de Catequistas. Dios bendiga a todas y a todos los Catequistas
y a los que trabajan, en comunión con su párroco, en el servicio de
sus hermanos. Cuando venga Jesucristo brillarán como estrellas en el
firmamento. Ayuden a su párroco, no le causen sinsabores y comprendan
las limitaciones de sus pastores, porque Dios nos hizo humanos, no
ángeles, para poder comprender las debilidades ajenas.
11.
Cuídense de las “malas yerbas” que crecen siempre en el jardín de
Dios; hay quien junto con el trigo, siembra la cizaña; Jesús nos
invita a tener paciencia y a dejarle el juicio a Dios; pero es nuestro
deber cuidar que no crezcan espinas entre nosotros. Que nadie moleste
a su hermano ni cometa injusticia contra el pobre y desamparado.
Siempre hay que decir la verdad y no creer las mentiras de la
mercadotecnia que nos ofrece la televisión. Piensen siempre “en
cristiano”, como cristianos, no como los medios de comunicación y la
televisión, que ya son paganos. Las telenovelas que promueven la
violencia y exaltan la infidelidad conyugal y el divorcio, atentan
contra el bien sagrado del matrimonio y de la familia y hacen un gran
mal en la sociedad. Son una plaga social. Los corridos y canciones que
exaltan la droga, el sexo y la violencia deben desterrarse de un hogar
católico. Guardar los Diez Mandamientos de la ley de Dios y apartarse
del consejo de los impíos, que no tienen el santo temor de Dios, es el
camino seguro para ser felices. Los Mandamientos de Dios son las leyes
morales fundamentales para poder vivir en paz en esta tierra. Gracias
a ellos ha subsistido la humanidad. Nosotros, los católicos tenemos,
además de los Mandamientos, el Sermón de la Montaña y las
Bienaventuranzas; por eso les recomiendo encarecidamente leer la Santa
Biblia, sobre todo el Santo Evangelio y estudiar el Catecismo. Guardar
los Mandamientos de Dios nos hace gente de bien, útiles a la sociedad.
12.
Recuerden: Dios nos creó para la felicidad, para la vida, para llevar
una vida digna y en paz. Para eso creó el matrimonio y la familia, y
para ayudarnos nos dejó la Iglesia que encontramos en la puerta de
nuestras casas mediante la Parroquia. La Familia es la “iglesia
casera” en la que los padres católicos enseñan a sus hijos a amar a
Dios, y la Parroquia es centro de vida cristiana y de evangelización;
escuela de santidad y el lugar donde todos, especialmente los pobres,
“se deben sentir como en su casa”, donde a nadie falte lo
indispensable para una vida digna. Tanto la Familia como la Parroquia
deben ser los lugares privilegiados donde se formen “verdaderos
discípulos y misioneros de Jesucristo”. Que la Virgen Santísima, Madre
de la Iglesia, en su advocación como Nuestra Señora de los Remedios
titular de este santuario, y de Nuestra Señora de los Dolores de
Soriano, Patrona diocesana, cuide de todos ustedes, de sus familias y
de sus hijos.