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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN LA PEREGRINACIÓN 49ª DE LAS MUJERES DE QUERÉTARO AL TEPEYAC

El Bosque, Qro., 11 de Julio de 2007


Audio de esta homilía.

Hermanas peregrinas,

hermanas y hermanos todos:

1. Celebramos en este descanso y encuentro fraterno a Jesucristo, Pan de Vida y Cáliz de Salvación para todos nosotros. Celebramos a Jesucristo, Vida de Dios presente entre nosotros, para que “nosotros, en Él, tengamos vida” en abundancia. La presencia misteriosa pero real de Jesús en el Santísimo Sacramento del altar, es signo de su amor y de que Él quiere estar con nosotros, ser nuestro compañero de camino y, sobre todo, nuestro alimento para que  tengamos la fuerza necesaria de llegar a su presencia y disfrutar para siempre de su felicidad. Jesús está presente en la santa Eucaristía para compartir con nosotros su vida y su felicidad.

2. Lo que vino a anunciarnos Jesucristo es lo que nos enseña nuestra santa madre la Iglesia: El gran amor de Dios, nuestro Padre del cielo, que no se olvida de sus criaturas, mucho menos de los sencillos y humildes. Él se hizo hombre para compartir nuestra humanidad, hacerse hermano nuestro y enriquecer nuestra vida con la suya. Él, siendo rico con la riqueza de Dios, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza; para que, con su presencia vivificante y salvadora, nos colmara de felicidad. Sin duda que todos nosotros, en esta peregrinación, en medio de los sacrificios y fatigas, llevamos la alegría y la felicidad de Dios en el corazón.

3. En la santa Eucaristía tenemos el Pan de Vida y el Cáliz de la salvación. Ahora celebramos este Misterio aquí con especial devoción: La presencia de Jesús, el Emmanuel, entre nosotros y con nosotros. En el seno de una mujer, de la Virgen María, tomó nuestra carne mortal y, limpio de pecado, nación en Belén, la Casa del Pan, para hacerse alimento nuestro. El mismo que fue concebido por obra del Espíritu Santo en las entrañas purísimas de María Virgen, es quien dijo: “Yo soy el Pan vivo, bajado del cielo; el que come de este Pan tiene vida eterna”, “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.Este mismo Jesús es el que sacrificó su vida en la Cruz, la entregó por nosotros y ahora continúa su sacrificio y su presencia vitalizadota en el Pan santo de la Eucaristía. Es, en verdad, una presencia misteriosa pero sobre todo amorosa. Es un “invento” extraordinario del amor de Jesús hacia nosotros.

4. Gracias a Dios, hermanas peregrinas, cada vez tienen más cerca de ustedes este santo misterio de la Eucaristía, en la celebración de la Misa en sus parroquias; cada vez hay un sacerdote más cerca de ustedes en sus comunidades y la oportunidad de beneficiarse de esta fuente de bendición que es la Misa y la santa Comunión, lo mismo que la Adoración y la bendición con el Santísimo Sacramento. El Altar y el Sagrario son los lugares más santos de su templo parroquial o de su capilla. El Santísimo Sacramento nunca debe estar solo, porque su deseo es estar con nosotros. Si ustedes acostumbran visitar y adorar el Santísimo Sacramento, sin duda encontrarán paz y fortaleza para sus vidas y sus familias.

5. La participación en la Misa del domingo, recibir a Jesús en la sagrada Comunión y visitar y adorar el Santísimo Sacramento, debe ser para ustedes, especialmente para las madres de familia, una fuente de gracia y bendición, de fortaleza y consuelo espiritual para afrontar tantas y tantas dificultades como las que encuentran en su vida diaria. Si ustedes acompañan la Visita al Santísimo sacramento con la lectura de la Palabra de Dios, del santo Evangelio, o con el rezo meditado del Santo rosario, sin duda que encontrarán las fuerzas necesarias para cumplir con sus deberes de madres y esposas cristianas, y tendrán la sabiduría de Dios para educar y aconsejar cristianamente a sus hijos. Una mujer que educa cristianamente a su hijo hace un gran servicio a Dios y a la patria. Un hogar católico debe ofrecer a la sociedad ciudadanos honestos, responsables y llenos del “santo temor de Dios”, es decir, que sepan conducirse en la presencia de Dios sirviendo a sus hermanos. Estos son los ciudadanos que necesita nuestro país, y eso lo debemos ser, en primer lugar, nosotros los católicos.

6. Proseguimos nuestro caminar hacia el Tepeyac. Conforme aumenta el cansancio se acrecienta nuestra esperanza y nuestro deseo de encontrar a Jesucristo en los bazos de nuestra santísima Madre de Guadalupe. La Virgen nos frece a su Hijo, como nuestro Salvador. Ustedes también presenten y ofrezcan sus hijos a la Virgen, para que ella los acepte y los transforme en otros Cristos, es decir, en verdaderos cristianos. Ustedes, al educar según la ley de Dios y de la santa Iglesia a sus hijos, cumplen la misma misión que realizó la Virgen María al traer al mundo a su Hijo Jesucristo. Jesucristo vino a enseñarnos el camino del cielo; ustedes deben educar a sus hijos para llegar al cielo. La vida que  conciben en su seno y que cuidan y educan, no termina en este mundo sino en la eternidad. Nosotros peregrinamos porque sabemos que  nuestro destino no se agota en esta vida. Ustedes educan a sus hijos para la eternidad. Tan alta es la misión de ustedes, madres de familia; y las jóvenes que se disponen para el matrimonio y para formar un nuevo hogar, tengan en mira tan alta misión que Dios les confía mediante la santa Iglesia. En la santa Eucaristía encontramos el Pan de Vida, para tener fuerza en el camino, y el Cáliz de salvación, para llegar todos juntos, a la casa del Padre,  la eternidad.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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