"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"

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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

DURANTE LA MISA EN LA 48ª PEREGRINACIÓN FEMENINA A PIE AL TEPEYAC

 

El Bosque, Qro.

12 de Julio de 2006

 

 

 

Hermanas Peregrinas,

Hermanas y Hermanos todos: 

1. Tengo el gozo de poder compartir con ustedes este momento de fe y de alegría en este lugar tan hermoso, pequeño descanso en su caminar al Tepeyac. Quiero agradecerles su oración por mi recuperación y por mi salud, y encomendar a todas ustedes, junto con sus familias, para que todos gocemos de salud de alma y cuerpo por la intercesión de la gloriosa Virgen María. También les anuncio que nos acompañan en esta peregrinación algunos de los nuevos sacerdote que acabo de ordenar en el Seminario e invitarlas a dar gracias a Dios porque nos sigue dando sacerdotes para servirnos en las cosas de Dios. Pidan a Dios que un hijo suyo sea sacerdote. Una alegría para la iglesia en  México es la próxima canonización de un gran Obispo misionero, que sufrió persecuciones por causa de la predicación del Evangelio, de Monseñor Rafael Guízar Valencia, Obispo de Veracruz, el próximo 15 de Octubre en Roma. Finalmente el anuncio que hizo personalmente el Papa en su reciente viaje a España: Que el próximo Encuentro Mundial de las Familias será aquí en México en el 2009 y, esperamos, también su visita. Son éstas buenas noticias de las cuales nos debemos alegrar en el Señor. 

2. Hemos venido meditando, este año, en el contenido de la Carta del Papa “Dios es Amor”, que sus sacerdotes les vienen explicando. El saber que Dios nos ama y que su amor se ha derramado en nuestros corazones por la acción del Espíritu Santo, es una buena noticia. Cristo es la manifestación perfecta y maravillosa del amor del Padre del cielo hacia nosotros. Tánto nos amó el Padre que nos entregó a su Hijo único, y tánto nos amó el Hijo que dio su vida por nosotros en la Cruz y se quedó presente con nosotros en la Santa Eucaristía. Nosotros, los que hemos sido consagrados a Cristo en el bautismo, somos quienes hemos experimentado ese amor maravilloso de Dios. Si alguien no se siente amado por Dios, no puede llamarse propiamente cristiano. Cristo nos redimió porque nos amó; porque nos amó nos redimió, porque sólo el amor salva. Si Cristo nos amó, debemos amarlo a Él sobre todas las cosas y amar al prójimo como Él nos amó. Él nos amó primero y de esa experiencia de su amor brota nuestra vida cristiana. Cristiano es aquel que ha experimentado este amor de Dios, lo vive y lo comunica a los demás. Lo que no hacemos por amor, es tiempo perdido. No cuenta, no suma sino resta, para la eternidad. 

3. La Iglesia es la comunidad donde se experimenta y vive este amor. El amor es el Alma de la Iglesia y se llama el Espíritu Santo. También se llama comunión, fraternidad, solidaridad, porque el amor de Dios se derrama hacia el exterior, hacia los demás. Y la primera célula de esta gran comunidad de amor que es la Iglesia, es precisamente la familia. Es en la familia donde experimentamos, por primera vez en la vida, el amor que Dios nos tiene. La familia, que comienza siempre en el matrimonio, en el amor bendecido por Dios que se tienen el hombre y la mujer, es fuente inagotable de amor que une a los esposos para toda la vida y que se comunica, en forma de nueva vida, a los hijos. La familia, en particular la familia cristiana, debe ser una escuela de amor: amor entre los esposos, fuerte y duradero hasta la muerte; amor de los padres a los hijos: amor generoso que es entrega de la propia vida a su servicio; amor entre los hermanos, que es siempre un amor que enseña a convivir y a compartir los bienes y dones de Dios; amor hacia los otros miembros de la familia: tíos, primos, abuelos que hace madurar el amor e instaura relaciones afectivas durables que educan el corazón y lo enseñan a amar; y, finalmente, amor a Dios que se congrega primero ante el altar familiar y aprende allí, de los labios de los padres, a recitar el padrenuestro, el avemaría y a encomendarse a los Santos de Dios y a su Providencia divina, y que, después, crece en la gran comunidad, en la Iglesia, la gran familia de los hijos de Dios, que está presente en la parroquia. Allí los papás, junto con sus hijos, van a la misa dominical, se acercan a recibir el perdón de sus pecados, los nuevos matrimonios reciben la bendición del Señor, los hijos de Dios se alimentan del Pan santo de la Eucaristía; allí, en la parroquia, los pequeños maduran la fe del hogar mediante el catecismo y la doctrina cristiana, los jóvenes crecen en el amor y en el servicio a los demás y los ancianos reciben el consuelo de Dios y son despedidos a la Casa del Padre...  

4. Hermanas y Hermanos ¡Qué grande bendición de Dios es la familia! ¡No es un invento humano, sino regalo de Dios a la humanidad! En la familia se manifiesta y expresa el mismo amor que Dios vive y goza en el seno de su Santísima Trinidad, que fue el amor que vivieron Jesús, María y José en su hogar de Nazaret! La familia no es invento de nadie, sino regalo de Dios. La familia no es propiedad del Estado, sino que éste debe ser su servidor y protector. La Iglesia está al servicio de la familia, a la que llama “iglesia doméstica”, primera escuela de fe y de amor, escuela de vida y de humanidad. Ahora, ante tantas agresiones, la Iglesia tiene el honor de ser la defensora y garante de la dignidad familiar. 

5. Cuando un niño nace, dice el Papa, por medio de los padres recibe una tradición familiar de valores, creencias, prácticas religiosas y sobre todo de amor y solidaridad. La familia es un baluarte firmísimo para el sostén de la comunidad, de la sociedad y de la patria. La familia es la “infraestructura” de la sociedad, la que hace crecer a la patria -patria significa lugar de los padres- y la que sostiene a la sociedad en los momentos de crisis y de dolor.

Atentar contra la familia es lesionar a la patria. La familia es el elemento más resistente a las crisis sociales, económicas y morales que padece la sociedad. No obstante esto, la familia es uno de las instituciones que más ataques sufre de parte de quienes deberían defenderla, protegerla y dignificarla. Lo estamos viendo en el caso de las familias, donde los padres tiene que abandonarla para ir al extranjero a sufrir humillaciones para ganar el pan para sus hijos. No digamos los agravios que sufre la familia, especialmente los niños y la mujer, con políticas antinatalistas agresivas, con programas televisivos ofensivos a la moral y al pudor cristianos, con una educación que, significando gravísimos sacrificios de todo tipo, resulta deficiente, incapaz de proporcionar un futuro digno y tranquilo a las nuevas generaciones. La inversión familiar en educación es altísima y los resultados escasos; por eso los hijos se ven obligados a emigrar. Los niños crecen con la ausencia del padre y la madre batalla sola, sin el apoyo del varón. Todo esto es contrario al orden natural querido por Dios. La familia, podemos decir, es la institución que más agresiones padece en nuestra realidad social.  

6. La familia, en especial ustedes las mujeres y madres de familia, son las custodias y las trasmisoras de los más altos valores morales, espirituales y sociales. Ustedes son el alma y corazón de la familia y quienes contribuyen con el cumplimiento de su misión de esposas y de madres al bienestar público de la sociedad. El país entero está en deuda con las madres mexicanas. Ustedes son como el alma de México, que mantiene viva la fe y la esperanza al unísono del corazón de Santa María de Guadalupe, Madre de todos los mexicanos. Ustedes mantienen viva la esperanza y la ilusión de un México y de un mundo mejor. Manténgase siempre fieles y firmes a esta vocación de Señora de su casa, de Esposa de su marido y de Madre de sus hijos, a pesar de las adversidades que tienen que sufrir. La Iglesia está con ustedes, la acompaña con la Palabra de Dios y con la fuerza de la gracia divina y de los Sacramentos. Conserven siempre su dignidad de hijas de Dios y generadoras de vida y de esperanza. Que la falsa cultura de la muerte, que se manifiesta en la ideología de la contracepción, del aborto, del divorcio o de la prostitución, no llene de sombras y de luto su noble y cristiano corazón. Ustedes sean siempre, como les enseña su Iglesia, Madres para la vida, llenas de decoro y dignidad, trasmisoras de fe y de alegría cristianas. Sepan ustedes que, si la legislación social no les retribuye en su justa medida su trabajo en el hogar, y si son víctimas de agresiones por cumplir con el deber de dar la vida, la Iglesia sí les reconoce su mérito  al cumplir con el noble deber de la maternidad al dar ciudadanos al mundo e hijos a la santa Iglesia. Cada uno de sus hijos será una perla en la corona de gloria para la eternidad. 

7. Las invito a ponerse de pie y a recitar la oración que el Papa hizo por las familias:

Oh, Dios, que en la sagrada Familia de Nazaret

nos dejaste un modelo perfecto de vida familiar

vivida en la fe y en la obediencia a tu voluntad.

Ayúdanos a ser ejemplo de fe y amor a tus mandamientos.

Socórrenos en nuestra misión de transmitir la vida y la fe a nuestros hijos.

Abre su corazón para que crezca en ellos la semilla de la fe

que recibieron en el Bautismo.

Fortalece a nuestros jóvenes, para que crezcan

en el conocimiento de Jesús.

Aumenta el amor y la fidelidad en todos los matrimonios,

especialmente aquellos que pasan por momentos de sufrimiento o dificultad.

Unidos a José y María, te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

 

† Mario De Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

 

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