"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"

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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

DURANTE LA JORNADA DIOCESANA CATEQUÍSTICA

Santiago de Querétaro, Qro.,

12 de noviembre de 2006

 

 

Hermanas y hermanos catequistas:

1. Mucho, muchísimo gusto me da encontrarme con ustedes en esta celebración para dar gracias con ustedes y por ustedes al Padre del cielo por su presencia y por su servicio a la catequesis en sus respectivas comunidades y parroquias. Dios los bendiga por este ministerio de primer orden en la santa Iglesia. Ustedes son una bendición de Dios para los niños, jóvenes y adultos que escuchan y aprenden la santa doctrina cristiana, para que se puedan salvar.

2. Hoy, en el santo evangelio, escuchamos, primero, un reproche durísimo de Jesús contra los “escribas”, los maestros duchos en la Ley de Moisés, presumidos y ostentosos, por un lado, y vividores y explotadores de las viudas, por otro, en lugar de asistirlas y ayudarlas como mandaba la Ley de Moisés. ¡Qué fácil, hermanas y hermanos, engañarnos y envanecernos cuando tenemos un cargo significativo que desempeñar en la comunidad! La sentencia de Jesús es durísima: “Esos recibirán un castigo muy riguroso”. ¡Dios nos libre, hermanas y hermanos, de la ambición y de la vanidad!

3. En contraste, Jesús exalta y alaba la actitud de la “viuda pobre”, que echa sus dos moneditas en la alcancía del templo. Era, dice Jesús, “todo lo que tenía para vivir”. Es decir, pone su vida en las manos de Dios, como lo hizo también la viuda de Sarepta, en la primera lectura, que cuece el pan para el profeta Elías con el último puñado de harina y las últimas gotas de aceite que le quedaban. Le entrega al profeta la única esperanza de vida que tenía. Cree en la palabra profética y Dios le multiplica los bienes y la vida: “A partir de ese momento, ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó”.

4. Miremos sólo de paso a esos ricos que, refiere el Evangelio, “eran muchos y daban mucho”. Suponiendo que eso sucedía entonces, daban de lo superfluo, no de lo necesario para su vida. Ellos tenían su vida asegurada por otro lado. No hacían más que devolverle a Dios los sobrantes de lo que de Él habían recibido. Daban sus bienes, no sus personas, no su corazón, menos su vida.  Jesús no los condena, pero tampoco los alaba. Dejémoslos también nosotros en paz en las justas manos de Dios.

5. Dice el Evangelio que Jesús, “frente a las alcancías del templo, miraba cómo la gente echaba allí sus monedas”. Los invito a sentarnos junto a Jesús, que está aquí con nosotros, y a preguntarle a quién está mirando ahora, qué es lo que está mirando, cómo nos está mirando...y qué piensa de nosotros ahora que estamos aquí, en la santa Misa, en su presencia.

6. Hermanas y hermanos catequistas: permítanme que me apropie de la mirada de Jesús, y que les diga que Jesús los está mirando a Ustedes, catequistas de esta diócesis, y que los mira con amor y gratitud, porque ustedes son esa “viuda pobre” que cada sábado, cada domingo o durante la semana, están poniendo sus dos moneditas, es decir, parte de su vida o su vida entera, al servicio de sus hermanos en la enseñanza del catecismo y de la doctrina cristiana. Muchas veces, yo lo sé bien como Jesús lo sabe, ustedes tienen que poner hasta el dinero para su pasaje, para sus libros y los materiales didácticos para la catequesis, porque en la parroquia no existe lamentablemente un fondo, o por lo menos uno que sea suficiente, para la catequesis. Ustedes, hermanas y hermanos catequistas, están entregando, junto con sus recursos y con su tiempo, su vida al servicio de los hermanos, y este es un culto agradable a Dios. Quizá existan personas que hacen obras ostentosas en sus parroquias o comunidades, pero lo que ustedes realizan en el salón de la parroquia, bajo un humilde tejado, quizá en el atrio o debajo de un árbol, es mucho más valioso a los ojos de Jesús, ante su mirada divina, que todo lo demás. Les repito, hermanas y hermanos catequistas: Jesús los mira con amor y gratitud.

7. Esa “viuda pobre” es imagen también de la santa Iglesia, que sin ostentación de poder y con mínimos recursos, emprende su labor evangelizadora, civilizadora y servidora en el mundo entero, en particular en las tierras de misión, y aquí hasta los últimos rincones de la diócesis. Y es imagen también de Jesús quien, “siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza” (San Pablo). Él será siempre “el pobre Jesús” que nos enriquece con su gracias y sobre todo con la entrega de su vida y, como dice la segunda lectura, para eso “entró, no en el santuario de la antigua alianza”, es decir, no en el templo de Jerusalén, “sino en el mismo cielo, para estar ahora ante Dios intercediendo por nosotros” (Hb 9,24).

8. Hermanas y hermanos catequistas. Allí donde entró el “pobre Jesús” con la ofrenda de su vida, allí Él llama y espera a su santa y pobre servidora la Iglesia; allí es donde nos aguarda a nosotros sus pobres servidores en el ministerio de la catequesis. Allí es donde el Papa Benedicto acaba de proclamar, ante toda la Iglesia en la basílica de San Pedro en Roma, que se encuentra un extraordinario Catequista, San Rafal Guízar Valencia, quinto Obispo de Veracruz, llamado por el santo Padre “El Obispo de los pobres”. Que San Rafael Guízar Valencia, el Obispo catequista, interceda por todos sus catequistas.

† Mario De Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

 

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