"Turris fortissima nomen Domini ad ipsam cucurrit iustus, et exaltabitur"

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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN LA INAUGURACIÓN DEL CICLO ESCOLAR 2006-2007 DEL SEMINARIO CONCILIAR

 

Santiago de Querétaro, Qro.,

14 de agosto de 2006

 

 

Estimado Padre Rector,

Padres formadores,

Respetados maestros,

Queridos seminaristas: 

1. En el nombre del Señor e invocando la asistencia vivificante del Espíritu Santo, bajo la protección de nuestra Madre Santísima de Guadalupe, damos inicio a este curso 2006-2007.

2. El gran contexto eclesial en que debemos enmarcar nuestra tarea formativa es el de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, convocada por el Papa Benedicto XVI con el tema: Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él  tengan vida. ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’(Jn 14,16). Comento brevemente el contenido:

a) Discípulos y Misioneros de Jesucristo. Discípulo es aquel que escucha a Jesucristo, que se ha encontrado con Él, que lo ha conocido y que, de este encuentro personal, brota una simpatía interna, una atracción que convierte al oyente en seguidor e imitador del Maestro; por tanto, lo sigue, permanece con Él y comunica esta experiencia a los demás: es su testigo, su misionero.

b) Para que nuestros pueblos tengan vida en Él. El discípulo es aquél que comprende que la misión de Jesucristo es en beneficio nuestro, para darnos vida (Cf Jn 10,10) y que para eso se hizo “Pan de vida” (Jn 6,35). El discipulado lleva siempre consigo un compromiso inseparable con la vida, se integra en un “pueblo de la vida y para la vida”, la Iglesia, y se compromete a trabajar por edificar en la sociedad la “cultura de la vida”, pues “la gloria de Dios consiste en que el hombre viva...”.

c) “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Es una magnífica autodefinición de Jesucristo. Sí hay camino, abierto por Él y el discípulo es el que sigue sus pasos, huella tras huella. Nuestra vida sí tiene un sentido, un rumbo y una dirección definidas y seguras: Jesucristo. Fuera de Jesucristo no hay sino vagar sin sentido, tiempo perdido y existencia frustrada. La verdad es el proyecto del Dios sobre el hombre y sobre el mundo, que, si el hombre lo cumple, comenzando por los mandamientos, encuentra la realización plena de su ser: la libertad, la felicidad. Verdad, libertad y felicidad son tan inseparables como las personas de la Santísima Trinidad, que son su origen y causa, para que nadie se engañe y se vuelva infeliz. La vida. Como lo explicamos, la imitación y adhesión a la vida de Cristo, su seguimiento y discipulado, dan sentido a nuestra vida y la proyectan hasta la vida eterna. La vida de Cristo da a nuestra pobre vida una dimensión de eternidad.

4. El llamado “Documento de Participación” tiene como parte central el capítulo III, intitulado: Discípulos y Misioneros de Jesucristo. La V Conferencia quiere culminar en una Gran Misión Continental, pero la misión supone y exige el discipulado. Podemos resumir así la temática: 

  • Del encuentro con Jesucristo brota el discipulado y la misión;

  • El Señor nos sale al encuentro; la iniciativa es suya, gratuita, pero nos compromete a aceptar su propuesta salvadora y seguirla tras sus huellas;

  • El discipulado se da siempre en comunión con los primeros discípulos, con los nuevos discípulos, en comunión eclesial. Sin comunión de discípulos no puede haber discipulado. Por tanto,

  • Somos discípulos para la misión, con destino final en todos los pueblos  hasta el fin del mundo. No hay límite humano para la misión del discípulo de Jesús.

  • Ser discípulo, por tanto, es la vocación más esplendorosa y más comprometedora que puede recibir una creatura.

5. Es hermosa la descripción que hace el documento: “Discípulo de Jesucristo es alguien que ha recibido al Señor con estupor. Como en Belén, con María, José y los pastores, ha acogido al Hijo de Dios que se ha hecho pequeño y servidor de todos, se ha acercado a su vida y ha entrado en ella. Por eso vive contemplando su rostro (Ver NMI II) y asombrado por la venida de Dios a este mundo como nuestro hermano y salvador”(No. 45) lo comunica a los demás. Los Obispos de México lo hemos expresado detalladamente en la carta pastoral “Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”, que debe ser aquí en el Seminario una verdadera guía pastoral.

6. Esta misión se da, para el cristiano y de manera singular para el sacerdote, en un contexto lleno de retos del todo particular: 

  • Entre los dolores de parto de una naciente nueva época;

  • En medio de los desafíos que nos ofrece a la Iglesia el fenómeno así llamado de la globalización;

  • Entre las tristezas y las angustias de nuestros pueblos no sólo por la búsqueda de una vida digna y más humana, sino por la misma sobrevivencia, llevando a la espalda los males ancestrales de la ignorancia, la insalubridad y la creciente depauperación. 

  • Aquí en México, además, con el irrespeto creciente de los derechos humanos fundamentales y con el deterioro en aumento de la credibilidad de las instituciones y de los que ejercen el poder, que no de la (inexistente) autoridad. Es interesante anotar como se pide y reclama el respeto a las instituciones y a las leyes, pero al mismo tiempo se violan, por los mismos reclamantes, los derechos humanos elementales como son el de la libertad religiosa plena, el de la vida y el de la educación, que el Papa ha señalado como “irrenunciables” para un católico.

7. Al invitarnos el Papa Benedicto a seguir a Jesucristo, comentó el texto del evangelio de San Juan, (Cf. Jn 1, 35-44), que proclamamos: “Nos encontramos con dos palabras particularmente significativas: ‘buscar’ y ‘encontrar’. Podemos extraer de este pasaje evangélico... estos dos verbos y sacar una indicación fundamental... para renovar nuestro camino  espiritual con Jesús, con la alegría de buscarlo y encontrarlo incesantemente... Buscar y encontrar a Cristo, manantial inagotable de verdad y de vida: la Palabra de Dios nos invita a retomar, al inicio de un nuevo año, este camino de fe que nunca acaba: ‘¿Maestro, ¿dónde vives?’, preguntamos también nosotros a Cristo y Él nos responde: ‘Venid y lo veréis’.Para el creyente, se trata siempre de una incesante búsqueda y de un nuevo descubrimiento, pues Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre, pero nosotros, el mundo, la historia, no somos nunca los mismos, y Él nos sale al paso para darnos su comunión y su plenitud de vida” (15-I-2006).  

8. A cada uno de nosotros ahora se vuelve Jesucristo y nos pregunta: ¿A quién buscas aquí en el Seminario? ¿Para qué me quieres? ¿Todavía no me has encontrado? ¿Me has encontrado con mi rostro verdadero en mi palabra, en mi evangelio, en la eucaristía, en el legítimo superior, en el prójimo, en el pobre?  Durante todo el año escolar debe permanecer sobre nuestra cabeza y en nuestro corazón esta pregunta como una interrogación candente que los superiores, los maestros, los directores espirituales y los mismos compañeros nos deben ayudar a responder con verdad. 

9. El llamado de Jesucristo para cada uno de nosotros aquí en el Seminario tiene una carga particular: Nos llama al discipulado hasta configurarnos con Él en el oficio y tarea de Pastor. Él, “como Buen Pastor precede a sus discípulos y los incorpora a su camino. Ser discípulo será entonces ‘ir detrás de Jesús’ para aprender su nuevo estilo de vivir y de trabajar, de amar y de servir, y para adoptar una nueva manera de pensar, de sentir y de actuar, al punto de experimentar que ‘no soy yo sino que es Cristo quien vive en mi’. Este seguimiento incluye necesariamente el camino de la cruz: ‘El que no carga con su cruz y viene detrás de mi, no puede ser mi discípulo’ (Lc 14,27) (No. 54). El oficio de pastor siempre lleva consigo el riesgo de la vida.

10. Esta vida en Cristo y con Cristo nos lleva necesariamente a una identificación con Él en el grado más alto del amor humano: el de amigos: “Ya no os llamo yo siervos, sino amigos”. Él Maestro es ahora el Amigo, que nos ofrece la prueba inequívoca de su amistad, que consiste en la entrega de la vida. “Experimentando la estrecha amistad de Cristo y con la ayuda de la gracia, el discípulo avanza por el camino de la santidad, por la cual madura su identidad y su misión” (No. 55). La santidad, que es la vocación y plenitud de la vida cristiana, es condición indispensable para ser verdadero discípulo de Jesucristo y debe serlo más para quien busca, obediente a su llamado, identificarse con Él en el grado de Pastor. Por eso, el verdadero Pastor es el santo y los santos son, en la Iglesia, los modelos a imitar porque sus vidas son la mejor exégesis del evangelio. 

11. El Papa Juan Pablo II nos ha acercado a numerosas figuras de santos durante su pontificado. Ha regalado también a la Iglesia de estas tierras una corona de mártires, santos y santas, cuya perla preciosa será la canonización del obispo de Veracruz Mons. Rafael Guízar Valencia. El Papa Benedicto nos comenta así este comportamiento de su Predecesor: “En estas figuras ha querido demostrarnos cómo se consigue ser cristianos; cómo se logra llevar una vida del modo justo: a vivir a la manera de Dios...Los santos... son los verdaderos reformadores. Ahora quisiera expresarlo de manera más radical aún; sólo los santos, sólo de Dios proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo. En el siglo pasado hemos vivido revoluciones cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones. Y hemos visto que, de este modo, un punto de vista humano y parcial se tomó como criterio absoluto de orientación. La absolutización de lo que no es absoluto, sino relativo, se llama totalitarismo. No liberar al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza. No son las ideologías las que salvan al mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es bueno y auténtico. La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos si no es el amor?”(Benedicto XVI, Marienfeld, Colonia, 2005).

12. María Santísima será siempre, junto con San José, primero maestra y luego discípula perfecta de su Hijo Jesucristo. Ella fue la primera en meditar y grabar en su corazón el evangelio de su Hijo y ponerlo en práctica con su perfecto seguimiento hasta la Cruz. Por eso, se convierte en maestra de todo discípulo al decirnos con autoridad materna: “Hagan lo que él les diga”.

13. He querido, hermanos presbíteros, estimados maestros y queridos seminaristas, unir mi voz en el inicio de este año escolar, a la de los pastores de América latina y a la del sucesor de San Pedro, para dejar constancia de mi voluntad de que caminemos al unísono con toda la Iglesia en el seguimiento de nuestro Señor Jesucristo. El discipulado verdadero será siempre eclesial. El Seminario no puede seguir otro camino; sería perderse. Los exhorto e invito a sentire cum ecclesia, a caminar y llevar en nuestro corazón el sentir de nuestra madres la Iglesia, en la cual brilla y resplandece la luz de Cristo, el único Salvador del mundo.

 

† Mario De Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

 

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