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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN LA FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

Santiago de Querétaro, Qro., 14 de Septiembre de 2008


LA SANTA CRUZ

Audio de la homilía.

 

 

Muy queridos padres franciscanos

y hermanas y hermanos todos en nuestra santa fe católica:

1. “Quien encuentra la Cruz ha encontrado un tesoro”, dice san Andrés de Creta, obispo, y añade: ”Por la Cruz fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la Cruz, y junto con el Crucificado nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la Cruz”. Poseemos, pues, por la fe la Cruz, un tesoro; este tesoro es Cristo crucificado. Levantemos también nosotros nuestro corazón a lo alto y disfrutemos de la salvación que nos trae. 

2. Referirnos a la santa Cruz es hablar del signo más querido, entrañable y distintivo por excelencia de los cristinos; pero, al mismo tiempo, es el más contradictorio y comprometedor. Por la cruz nosotros ahora bendecimos a Cristo: “Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo”; pero por la cruz Cristo fue insultado y maldecido por los mirones, transeúntes y por el compañero de suplicio, uno de los ladrones. La misma Escritura, nos recuerda san Pablo, dice: “Maldito el que cuelga de un madero”; y Cristo asumió esta maldición por nosotros: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros” (Gl 2). Por la cruz, el Evangelio recibe la fuerza y el poder de Dios, y por la cruz el Evangelio es rechazado y se convierte en escándalo para los sabios de este mundo: “Te oiremos otro día, le dijeron los intelectuales a Pablo en el areópago”; con la cruz fuimos  marcados el día de nuestro Bautismo para ser cristianos y por causa de la cruz somos señalados y perseguidos en todo el mundo. La cruz es nuestra gloria y al mismo tiempo objeto de ignominia. Nosotros mismos la llevamos con orgullo, pendiente del cuello, y la profanamos con una vida insensata, como advertía el Apóstol sus cristianos. “Hay algunos que viven como enemigos de la cruz de Cristo, que hacen de su vientre, de su sexualidad, un dios”. Misterioso signo el de la cruz; para unos, objeto de gloria, para otros motivo de vilipendio; para unos camino de salvación, para otros resbaladero hacia la perdición.  

3. Como anticipo de la cruz, el anciano Simeón anunció a María: Este niño será signo de contradicción, motivo de levantamiento y de caída de muchos en Israel. A ti, dijo a María, una espada de dolor atravesará tu alma, cruzará y marcará toda su vida. Así será verdadera discípula de su Hijo. Esta espada será, para María, un anticipo de la cruz de Jesús. Hablar y celebrar a la santa cruz es acercarse al Misterio, al plan amoroso e incomprensible de Dios. Sólo con la luz del Espíritu Santo, que condujo a Jesucristo a su sacrificio en la Cruz, y con la intercesión de su Madre santísima, que participó íntimamente de ella, podemos acercarnos, no sin temor ni temblor, a tan grande misterio. Si alcanzamos esta gracia, podremos decir con San Pablo: “En cuanto a mi, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él, el mundo está crucificado para mi y yo para el mundo” (Gl 6). 

4. La cruz era uno de los instrumentos más ignominiosos inventado por los hombres para dar tormento. Se reservaba a los criminales y, al mismo tiempo que expresaba la gravedad de la culpa del sentenciado, daba lugar al ejercicio de la venganza y del sadismo humano. El crucificado, después de haber sido castigado con azotes, era exhibido desnudo en su miseria humana y moral; ya suspendido en la cruz, se ahogaba y moría por asfixia, pero apoyándose en el descanso de los pies, recobraba el aliento y prolongaba la agonía; para acelerar el fin, se le quebraban las piernas para que perdiera todo el apoyo y muriera. Escoger un signo así para mostrar Dios su amor y su misericordia y realizar su obra salvadora, es un misterio insondable que nunca comprenderemos. El signo de la serpiente venenosa levantada en un palo por mandato de Dios en el desierto, ayuda un poco a comprender este gran misterio. El pueblo de Israel, contradiciendo el plan salvador de Dios y desconfiando de Moisés, su siervo, murmura, se rebela, quiere volver atrás; pretende negar toda la historia de su salvación y los prodigios que Dios ha realizado en su favor, como fueron el paso del Mar rojo, el mamá y el agua durante la travesía del desierto y la defensa de los enemigos. El castigo a esta rebeldía es la muerte por la mordedura de las serpientes. Pero, mirar su imagen suspendida en un palo, esperando allí la salud, era exigir un acto de fe en el poder salvador de Dios. Quien lo hacía, quedaba curado; de lo contrario, moría. Dios es capaz de convertir un signo de muerte en instrumento de vida. Él da la muerte y la vida, es el Señor de todo. Sólo Dios lo puede hacer, sólo Dios puede salvar, porque Él es el Señor y Dador de vida. Esto lo puede experimentar el hombre que cree. 

5. San Juan usa esta imagen del Antiguo Testamento para explicarnos su profundo significado: Jesús en la Cruz es como esa serpiente suspendida, que Dios ha convertido en instrumento y signo de salvación para todo aquel que eleva hacia él sus ojos llenos de fe. Y explica: “Así amó Dios (Padre) al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Una de las imágenes más impresionantes del papa Juan Pablo Segundo es esa donde aparece de rodillas, abrazado a los pies del Crucifijo, pidiendo perdón a Dios por los pecados de la Iglesia, de nosotros los católicos. Esa es la verdadera grandeza de la Iglesia, de cada cristiano, cuando de rodillas nos abrazamos a la Cruz de Cristo y entonces nos dejamos bañar y purificar con el agua y la sangre que brotan de su costado abierto, y podemos así asomarnos a las riquezas infinitas de su Corazón y experimentar su misericordia. Desconfiemos de todo aquel que clama y llama a la justicia, pero no se acoge a la misericordia. En la cruz Dios unió inseparablemente su justicia con su misericordia. Sin misericordia no es posible la justicia. 

6. El salmo nos invita a “no olvidar las hazañas del Señor”, sus grandes obras a favor nuestro. Esta es su obra mayor, su obra colosal, transformar la muerte en vida, el odio en amor, la venganza en perdón, la soledad en fraternidad, el abandono en confianza en Dios, la condenación en salvación, la blasfemia en oración, la justicia en misericordia, al ladrón en ciudadano del Reino de Dios, a su Hijo, humillado y condenado injustamente a la muerte de Cruz, en Hijo exaltado y glorioso, ante quien toda rodilla tendrá que doblarse en la tierra, en el cielo y en los infiernos, y toda lengua tendrá que confesar que Jesucristo es el Señor, es Nuestro Señor. Así el Padre, por el camino misterioso e incomprensible de la cruz, realizó su designio de salvación a favor nuestro; así fue como el Padre quiso ser glorificado y ésta en la vía y el camino que recorre, señala y enseña la santa Iglesia. Por la Cruz a la Luz. El mundo entero, gira como un carrusel mostrando sus atractivos y vanidades; pero lo único que permanece enhiesta y firme es la cruz. Quien se acoge a ella, obtendrá la salvación. “Cuando yo sea levantado en alto, atraeré a todos hacia mi”. Jesús permanece en la Cruz para que nosotros miremos con fe al traspasado y obtengamos misericordia. Nos pide a los católicos que llevemos en alto su cruz y la mostremos al mundo, para que seamos sus discípulos, misioneros del amor misericordioso del Padre. Amén.

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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