LA SANTA CRUZ
Audio
de la homilía.
Muy queridos padres
franciscanos
y hermanas y hermanos todos
en nuestra santa fe católica:
1. “Quien encuentra la Cruz
ha encontrado un tesoro”, dice san Andrés de Creta, obispo, y añade:
”Por la Cruz fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz.
Celebramos hoy la fiesta de la Cruz, y junto con el Crucificado nos
elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado,
gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de
la Cruz”. Poseemos, pues, por la fe la Cruz, un tesoro; este tesoro
es Cristo crucificado. Levantemos también nosotros nuestro corazón a
lo alto y disfrutemos de la salvación que nos trae.
2. Referirnos a la santa
Cruz es hablar del signo más querido, entrañable y distintivo por
excelencia de los cristinos; pero, al mismo tiempo, es el más
contradictorio y comprometedor. Por la cruz nosotros ahora
bendecimos a Cristo: “Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu santa cruz redimiste al mundo”; pero por la cruz
Cristo fue insultado y maldecido por los mirones, transeúntes y por
el compañero de suplicio, uno de los ladrones. La misma Escritura,
nos recuerda san Pablo, dice: “Maldito el que cuelga de un madero”;
y Cristo asumió esta maldición por nosotros: “Cristo nos redimió de
la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros” (Gl 2).
Por la cruz, el Evangelio recibe la fuerza y el poder de Dios, y por
la cruz el Evangelio es rechazado y se convierte en escándalo para
los sabios de este mundo: “Te oiremos otro día, le dijeron los
intelectuales a Pablo en el areópago”; con la cruz fuimos marcados
el día de nuestro Bautismo para ser cristianos y por causa de la
cruz somos señalados y perseguidos en todo el mundo. La cruz es
nuestra gloria y al mismo tiempo objeto de ignominia. Nosotros
mismos la llevamos con orgullo, pendiente del cuello, y la
profanamos con una vida insensata, como advertía el Apóstol sus
cristianos. “Hay algunos que viven como enemigos de la cruz de
Cristo, que hacen de su vientre, de su sexualidad, un dios”.
Misterioso signo el de la cruz; para unos, objeto de gloria, para
otros motivo de vilipendio; para unos camino de salvación, para
otros resbaladero hacia la perdición.
3. Como anticipo de la
cruz, el anciano Simeón anunció a María: Este niño será signo de
contradicción, motivo de levantamiento y de caída de muchos en
Israel. A ti, dijo a María, una espada de dolor atravesará tu alma,
cruzará y marcará toda su vida. Así será verdadera discípula de su
Hijo. Esta espada será, para María, un anticipo de la cruz de Jesús.
Hablar y celebrar a la santa cruz es acercarse al Misterio, al plan
amoroso e incomprensible de Dios. Sólo con la luz del Espíritu
Santo, que condujo a Jesucristo a su sacrificio en la Cruz, y con la
intercesión de su Madre santísima, que participó íntimamente de
ella, podemos acercarnos, no sin temor ni temblor, a tan grande
misterio. Si alcanzamos esta gracia, podremos decir con San Pablo:
“En cuanto a mi, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de
nuestro Señor Jesucristo; por él, el mundo está crucificado para mi
y yo para el mundo” (Gl 6).
4. La cruz era uno de los
instrumentos más ignominiosos inventado por los hombres para dar
tormento. Se reservaba a los criminales y, al mismo tiempo que
expresaba la gravedad de la culpa del sentenciado, daba lugar al
ejercicio de la venganza y del sadismo humano. El crucificado,
después de haber sido castigado con azotes, era exhibido desnudo en
su miseria humana y moral; ya suspendido en la cruz, se ahogaba y
moría por asfixia, pero apoyándose en el descanso de los pies,
recobraba el aliento y prolongaba la agonía; para acelerar el fin,
se le quebraban las piernas para que perdiera todo el apoyo y
muriera. Escoger un signo así para mostrar Dios su amor y su
misericordia y realizar su obra salvadora, es un misterio insondable
que nunca comprenderemos. El signo de la serpiente venenosa
levantada en un palo por mandato de Dios en el desierto, ayuda un
poco a comprender este gran misterio. El pueblo de Israel,
contradiciendo el plan salvador de Dios y desconfiando de Moisés, su
siervo, murmura, se rebela, quiere volver atrás; pretende negar toda
la historia de su salvación y los prodigios que Dios ha realizado en
su favor, como fueron el paso del Mar rojo, el mamá y el agua
durante la travesía del desierto y la defensa de los enemigos. El
castigo a esta rebeldía es la muerte por la mordedura de las
serpientes. Pero, mirar su imagen suspendida en un palo, esperando
allí la salud, era exigir un acto de fe en el poder salvador de
Dios. Quien lo hacía, quedaba curado; de lo contrario, moría. Dios
es capaz de convertir un signo de muerte en instrumento de vida. Él
da la muerte y la vida, es el Señor de todo. Sólo Dios lo puede
hacer, sólo Dios puede salvar, porque Él es el Señor y Dador de
vida. Esto lo puede experimentar el hombre que cree.
5. San Juan usa esta imagen
del Antiguo Testamento para explicarnos su profundo significado:
Jesús en la Cruz es como esa serpiente suspendida, que Dios ha
convertido en instrumento y signo de salvación para todo aquel que
eleva hacia él sus ojos llenos de fe. Y explica: “Así amó Dios
(Padre) al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el
que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Una de las
imágenes más impresionantes del papa Juan Pablo Segundo es esa donde
aparece de rodillas, abrazado a los pies del Crucifijo, pidiendo
perdón a Dios por los pecados de la Iglesia, de nosotros los
católicos. Esa es la verdadera grandeza de la Iglesia, de cada
cristiano, cuando de rodillas nos abrazamos a la Cruz de Cristo y
entonces nos dejamos bañar y purificar con el agua y la sangre que
brotan de su costado abierto, y podemos así asomarnos a las riquezas
infinitas de su Corazón y experimentar su misericordia. Desconfiemos
de todo aquel que clama y llama a la justicia, pero no se acoge a la
misericordia. En la cruz Dios unió inseparablemente su justicia con
su misericordia. Sin misericordia no es posible la justicia.
6. El salmo nos invita a
“no olvidar las hazañas del Señor”, sus grandes obras a favor
nuestro. Esta es su obra mayor, su obra colosal, transformar la
muerte en vida, el odio en amor, la venganza en perdón, la soledad
en fraternidad, el abandono en confianza en Dios, la condenación en
salvación, la blasfemia en oración, la justicia en misericordia, al
ladrón en ciudadano del Reino de Dios, a su Hijo, humillado y
condenado injustamente a la muerte de Cruz, en Hijo exaltado y
glorioso, ante quien toda rodilla tendrá que doblarse en la tierra,
en el cielo y en los infiernos, y toda lengua tendrá que confesar
que Jesucristo es el Señor, es Nuestro Señor. Así el Padre, por el
camino misterioso e incomprensible de la cruz, realizó su designio
de salvación a favor nuestro; así fue como el Padre quiso ser
glorificado y ésta en la vía y el camino que recorre, señala y
enseña la santa Iglesia. Por la Cruz a la Luz. El mundo entero, gira
como un carrusel mostrando sus atractivos y vanidades; pero lo único
que permanece enhiesta y firme es la cruz. Quien se acoge a ella,
obtendrá la salvación. “Cuando yo sea levantado en alto, atraeré a
todos hacia mi”. Jesús permanece en la Cruz para que nosotros
miremos con fe al traspasado y obtengamos misericordia. Nos pide a
los católicos que llevemos en alto su cruz y la mostremos al mundo,
para que seamos sus discípulos, misioneros del amor misericordioso
del Padre. Amén.