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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL DOMINGO DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Santiago de Querétaro, Qro., 16 de Marzo de 2008


EN EL DOMINGO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

Audio de la homilía

Queridos hermanos y hermanas:

En la oración de esta Misa, de este Domingo de la Pasión del Señor, le pedimos que las enseñanzas de su Pasión nos acompañen durante nuestra vida, para que lleguemos a conseguir con Él la gloria de la Resurrección. La Pasión del Señor es la escuela de sus discípulos, de los cristianos, de nosotros los católicos. Cuando se compusieron los Evangelios, lo primero que se escribió fue la Pasión del Señor; ahí los primeros cristianos veían reflejada su vida y ahí encontraban la sabiduría y la fuerza necesaria para enfrentar las dificultades en un mundo adverso, en un mundo pagano y cruel.

En la Pasión del Señor encontraron las primeras comunidades, y lo han encontrado también los cristianos de todos los siglos, la fuerza, la sabiduría y el espejo de su vida. Esta es la gracia que la Iglesia pide a Dios para nosotros, que veamos nuestra vida en ese espejo, en ese libro maravilloso, que es la Pasión de nuestro salvador Jesucristo, que hoy escuchamos en la versión del primero de los evangelistas, de san Mateo.

El relato de la Pasión que escuchamos comienza con una pregunta de uno de los discípulos, de Judas, a los sacerdotes judíos: ¿Cuánto me dan por Jesús? y yo se los entrego. Convinieron en treinta monedas de plata, es la pregunta que nos hace la Iglesia también a nosotros, hermanas, hermanos: ¿Cuánto vale Jesús para nosotros? ¿en cuánto tasamos a Jesús? Él nos tasó al precio de su sangre y de su vida, fuimos comprados no con oro ni con plata dice san Pedro, sino con la sangre preciosa del cordero inmaculado, el justo, Jesucristo. Nosotros para Él valemos su vida, lo más grande y precioso que tenía. ¿Cuánto vale Jesús para nosotros?

Después viene la segunda pregunta que le hacen los discípulos: ¿Dónde quieres que celebremos la Pascua? Esa pregunta también vale para nosotros. ¿Dónde vamos a celebrar la Pascua del Señor? ¿Cómo la vamos a celebrar? La Iglesia nos ofrece maternalmente en su liturgia, el modo correcto, provechoso para nosotros, de celebrar la Pascua del Señor, de acompañarlo en su Pasión, en su Muerte, en su Sepultura y en su Resurrección.

Una de las preocupaciones o de las intenciones de san Mateo en este relato de la Pasión del Señor es el testimonio que diversos personajes van rindiendo de que se trata de un hombre justo, y que por lo tanto se ha cometido con Él una inmensa injusticia. Como que en Jesús se centra toda la injusticia de la humanidad. El mismo Judas que lo traicionó, que lo vendió, cuando ve que Pilato lo condenó a muerte, se arrepiente y va a los sumos sacerdotes a devolverles las treinta monedas y hace una confesión: He vendido a un hombre justo.

Sin embargo, esta confesión la hizo ante a un grupo adverso a Jesús, con el corazón duro. No lo acogieron, al contrario, allá tú, tú te las arreglas. Y Judas se ahorcó. No hubo una comunidad, no hubo alguien que acogiera su dolor o su arrepentimiento. Se desesperó y se ahorcó.

Otro discípulo que traicionó también a Jesús fue Pedro, de una manera muy vergonzosa, con juramento dijo que no conocía al Maestro, le echaba maldiciones, jurando que no conocía a Jesús. Un pecado tan grande como el de Judas. Sin embargo, Pedro tuvo la fortuna de encontrarse con la mirada de Jesús y en la mirada y en el rostro de Jesús descubrió el perdón y la misericordia de Dios, y lloró amargamente su pecado.

Otro personaje que confiesa la inocencia de Jesús es quizá donde menos lo esperamos, la mujer de Pilato, tiene sueños y ve que su marido está pronto a cometer una grande injusticia y le dice: No te metas con ese justo. Esa mujer pagana da testimonio de que Jesús es justo, de que su esposo está a punto de cometer una tremenda injusticia. También fuera de la Iglesia hay quien reconoce a Jesús como el hombre justo, aunque le falte todavía la fe, pero la Pasión de Cristo, también puede curar sus almas, encontraste con la mujer de Pilato, Él confesando que Jesús es justo, sin embargo, otros intereses lo llevan a condenarlo a muerte, se lava hipócritamente las manos y su gesto queda ahí para la historia como signo de cobardía, sin embargo reconoce que Jesús es justo.

Finalmente, otro reconocimiento público de la inocencia de Jesús está en el centurión, o el capitán de la guardia que custodiaba a Jesús cuando lo ve expirar: Verdaderamente este hombre es justo, verdaderamente este es el Hijo de Dios. En boca de ese pagano nosotros confesamos a Jesús el Hijo de Dios, nuestro Salvador.

A la hora de la muerte, Jesús se pone en las manos del Padre, el que custodia a Jesús es el Padre del Cielo. Sin embargo, no le faltan humanamente también, quien se preocupe de Él. Hay un hombre bueno, Nicodemo, después José de Arimatea, que se preocupan por su cuerpo, por su sepultura. Nunca faltan personas buenas que tiendan la mano a aquel que está en grave necesidad. Sin embargo, el grupo enemigo, los sacerdotes, el sanedrín, las autoridades judías, permanecen en su corazón obstinado, enemigo. Tratan a Jesús de impostor y quieren eliminarlo de manera total, se acuerdan de que había anunciado su muerte y resurrección. Tratan de impedir el plan y el poder de Dios, recurriendo a los poderes humanos. Van con Pilato, le piden la guardia, le piden los soldados para que custodien el sepulcro.

Así termina san Mateo el relato de su Pasión, dejando a Jesús custodiado en el sepulcro por los poderes humanos, lo que ignoran estos poderes humanos es que Jesús está en las manos del Padre, que no son ellos los que llevaron a Jesús a la Pasión, sino su voluntad soberana de redimirnos, de manifestarnos el amor del Padre, de entregar su vida por nosotros, por todos los hombres, el pueblo judío, exclamaba que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos, haciéndose responsables de la sangre de un inocente. Y es verdad, la sangre de Jesucristo se derramó sobre los judíos, pero también para ofrecerles el perdón y no sólo sobre los judíos que pidieron su muerte sino sobre todos nosotros que fuimos los verdaderos causantes de su muerte, puesto que Jesús murió por todos los hombres, por nuestros pecados.

Hermanas y hermanos, la Pasión del Señor Jesucristo es un libro lleno de enseñanzas, es la escuela de los cristianos, de sus discípulos, la Iglesia nos lo entrega en este Domingo de la Pasión del Señor para que lo meditemos durante este Semana Santa, Semana Mayor y acompañando a Jesús en su Pasión, también podamos acompañarlo y gozarnos de su Resurrección. Que así sea.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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