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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL FESTEJO JUBILAR DEL DECANATO DEL SANTO NIÑO DE LA SALUD

Santiago de Querétaro, Qro., 16 de Mayo de 2008


EN EL DECANATO DEL SANTO NIÑO DE LA SALUD

 Audio de la homilía

Hermanos Presbíteros

Hermanos y Hermanas Consagrados

Hermanos y Hermanas en nuestra santa Fe Católica 

1. Hoy queremos celebrar aquí, todos juntos pastores y fieles, a nuestro Gran Sacerdote nuestro Señor Jesucristo. Agradezco a todos ustedes su presencia y, desde luego, a mis hermanos presbíteros del Decanato del Santo Niño de la Salud, la preparación de este encuentro de fe y oración. Les agradezco su deseo de acompañarme y ayudarme a dar gracias a Dios por el don de su sacerdocio en el grado del episcopado al servicio de su santa Iglesia y en particular de esta Diócesis de Querétaro. 

2. Este Decanato se compone de once parroquias de las cuales Dios me ha permitido erigir seis, en la parte más periférica de la Ciudad. Invocamos a los Santos Patronos titulares de ellas, implorando su valiosa intercesión ante el Padre del cielo por nosotros. Cinco están dedicadas a honrar a nuestro Salvador en el misterio de su infancia y anunciando, como Profeta de Dios, sus Bienaventuranzas; al misterio de su Resurrección y como nuestro Sumo Sacerdote e intercesor ante el Padre. Una lleva el hermoso título de María, Madre de la Iglesia que nos pone a todos, como en un perenne Pentecostés, bajo la protección orante de la Madre de Jesús. También honramos aquí a su casto Esposo Señor San José, a su santa Madre, Señora Santa Ana, al Apóstol San Pedro, cabeza visible de la Iglesia, al santo mártir San Sebastián y al gran Doctor de la Iglesia San Agustín. Este Decanato, en sus Patronos celestiales, refleja la riqueza de la vida de la Iglesia en la que resplandece la santidad de Dios: ¡Dios, admirable en sus Santos! 

3. En el prefacio de la Misa de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, damos infinitas gracias a Dios, “Padre santo, misericordioso  y eterno, porque, por la unción del Espíritu Santo constituyó a su Hijo unigénito Pontífice de la alianza nueva y eterna y ha querido que su sacerdocio único se perpetuara en la Iglesia”. Dios Padre ungió, con la fuerza del Espíritu Santo, a su Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, y lo hizo nuestro Gran Sacerdote o Pontífice, que selló entre Dios y los hombres, una alianza nueva y eterna, una alianza que no se romperá ni acabará, que será siempre nueva porque es definitiva y durará para siempre. Jesús es nuestro Pontífice, el que hace el puente entre Dios y los hombres; es nuestro Mediador que, como Dios, cuida de su gloria y de su honor, y, como hombre, cuida de nuestra santificación, del perdón de los pecados y de nuestra salvación. El Hijo eterno de Dios, dejando la gloria del Padre, por la acción misteriosa del Espíritu Santo, tomó  carme humana en el seno de María, la Virgen, y se hizo hermano nuestro. El momento de su encarnación en el seno de María, fue el momento  glorioso de su consagración sacerdotal por la obra del Espíritu Santo. Ya desde su presencia en el santuario purísimo y glorioso del seno de María, Jesús es nuestro sumo y eterno sacerdote.  

4. Durante toda su vida ejerció este sacerdocio en su triple ministerio mesiánico: Como Profeta de Dios, Jesús, que conoce los secretos del Padre y su santa voluntad, nos comunicó todo lo que le había oído a su Padre: su amor inmenso por nosotros, su misericordia y su designio de salvación; por eso su Evangelio es la Buena Noticia de que Dios nos ama como hijos y nuestro destino en la herencia eterna. Nos enseñó con autoridad, con todo el poder de Dios, para que lo escuchemos y obedezcamos. Jesús es no sólo Profeta, sino nuestro Maestro a quien debemos respeto y obediencia, pues la salvación es para aquellos que lo obedecen.  

5. Jesús, como Hijo de Dios e hijo de María Santísima, es nuestro mediador e intercesor ante el Padre; esto lo realizó durante toda su vida cuando oraba, enseñaba a orar e intercedía por sus discípulos, pero especialmente durante su sacrificio en la Cruz. Allí, levantado entre el cielo y la tierra, oró por sus enemigos, abrió las puertas del paraíso al ladrón arrepentido y, puesto en las manos del Padre, entregó su vida por nosotros; de su corazón abierto brotaron sangre y agua, los sacramentos de la Iglesia, y ahora, inmortal y glorioso, intercede por nosotros ante el Padre. Nos mandó que no acordáramos siempre de su sacrificio por nosotros, y por eso constituyó sacerdotes de la nueva alianza a los apóstoles y después a los obispos y presbíteros, para que “renueven su sacrificio redentor y preparen para tus hijos el banquete pascual”, les den en su nombre “el perdón de los pecados”. Jesús fue nuestro Gran Sacerdote durante toda su vida y lo sigue siendo por toda la eternidad; por Él tenemos acceso al Padre y el Padre escucha nuestra oración.  

6. Jesús es también el “Siervo de Yavé”, es decir, el Servidor de Dios en sus hermanos. Se hizo hermano y esclavo nuestro, vino a servirnos y lavó los pies a los discípulos; acogió y curó a los enfermos, alimentó a los hambrientos, resucitó a los muertos, se acercó a los marginados, comió con los pecadores y pasó toda su vida haciendo el bien. Jesús es modelo de caridad. En Él el amor de Dios Padre se mostró en todo su  esplendor. Con su ejemplo nos enseño a cumplir su mandamiento: amarnos unos a otros y dar la vida por nuestros hermanos. Jesús es el Siervo de Dios, el Esclavo nuestro, el Rey que en la Cruz entrega su vida por la salvación del mundo. Jesús reina desde la Cruz. 

7. Cristo Profeta y Maestro; Cristo el Gran Sacerdote y Pontífice de la nueva alianza; Cristo el Siervo de Dios y Esclavo nuestro que, desde la Cruz, reina sobre el mundo entero. Este es nuestro Sacerdote y esto es lo que nosotros debemos imitar y vivir. Para esto instituyó Jesús el sacerdocio en su Iglesia, a fin de que, señala el Prefacio, “fomenten la caridad en tu pueblo santo, lo alimenten con la palabra, lo fortifiquen con los sacramentos y, consagrando su vida a ti y a la salvación de sus hermanos, se esfuercen por reproducir la imagen de Cristo y te den un constante testimonio de fidelidad y de amor”. Oren por sus sacerdotes para que puedan pulir tan gran misión. 

8. Quiero también referirme a dos instituciones importantes que hay en el Decanato y que tienen que ver con la caridad cristiana: La primera es la presencia del Centro de Rehabilitación Social y el llamado Tutelar de Menores. Allí, al esfuerzo que por obligación deben desempeñar las autoridades civiles, todo el Decanato tiene la oportunidad de ejercer una obra exquisita de misericordia, que es la de visitar a los encarcelados y ayudarlos a su recuperación moral, a su curación espiritual y a su reintegración productiva a la comunidad y a sus familias. En cada detenido hay una lesión a la sociedad, una pérdida de la comunidad y un dolor y pena familiar. No olvidemos que Jesús se identificó, más allá de su situación moral, con todos los encarcelados. Recordemos que san Pedro y san Pablo, que muchos obispos, sacerdotes, mujeres y hasta niños han sufrido la cárcel injustamente por Cristo. Los cristianos debemos de visitar a los encarcelados; es una obra de misericordia que nos alcanza también el perdón de los pecados. 

9. La otra institución del Decanato que merece toda admiración y apoyo, es la Casa de María Goretti, para niñas de habilidades diferentes, que tienen alguna discapacitación. Allí, laicos católicos generosos han contribuído a fundar y sostener esta Institución, ubicada en la avenida Pie de la Cuesta y que atienden, llenas de amor y solicitud cristiana, las Hermanas Religiosas del Buen Pastor. Existen, sin duda, otras instituciones beneméritas de servicio y caridad en las parroquias, que deben crecer y ser testimonios vivos del amor de Dios manifestado en Cristo mediante la santa Iglesia para sus hijos más necesitados. 

10. Pido a Dios que su amor, que es el Espíritu Santo, se derrame en el corazón de todos Ustedes, presbíteros y fieles, y que seamos testigos de este amor convirtiéndonos en verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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