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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL BOSQUE EN LA 50 PEREGRINACIÓN DE MUJERES AL TEPEYAC

El Bosque, 16 de Julio de 2008


EN EL BOSQUE

Audio de la homilía.

 

Hermanas peregrinas,

hermanas y hermanos en el Señor: 

1. “Te aclamamos, santa Madre de Dios, porque has dado a luz al Rey que gobierna cielo y tierra”, a Jesucristo nuestro Salvador. Así inicia la antífona de entrada de esta celebración en honor de nuestra Madre Santísima, bajo la advocación de la Virgen del Carmen. En la oración nos invita la Iglesia a pedir a la Virgen que “nos proteja siempre con su maternal intercesión y nos haga conocer y amar a su Hijo Jesucristo”. Esto es lo estamos suplicando, esto es lo que estamos buscando en esta peregrinación: conocer y amar a su Hijo bendito, Jesucristo nuestro Señor. 

2. En el santo evangelio que escuchamos, tenemos un momento privilegiado de la vida de Jesús. En la intimidad de su corazón, pero frente a la multitud que lo seguía, de modo inusitado en él -que siempre oraba en la cumbre de un monte y en la soledad de la noche-, “Jesús exclamó: ¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!” Hermanas y hermanos, ¡qué maravillosa oración! ¡Qué maravillosa revelación! ¡Qué maravillosa gracia para todos nosotros! Al Padre y Señor del cielo y de la tierra, le ha parecido bien que Jesús haya escogido a la gente sencilla para manifestarle su santa voluntad, para formar su Iglesia, para anunciar su Evangelio, para ser sus discípulos y misioneros. ¡Qué maravillosa pedagogía la de Dios, que ojalá logremos comprender y, sobre todo, agradecer! ¡Jesús escoge a los sencillos para manifestarles sus secretos, su salvación, sus misterios, su voluntad! Esto nadie lo ha hecho, ni lo puede hacer. Sólo Jesús, por voluntad del Padre del cielo. ¡Grandes y misteriosos son los juicios de Dios! 

3. Que esto sea verdad, lo demuestra su propia Madre, la Virgen María. Esa elección de los pobres y sencillos es lo que Ella canta en su Magnificat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la pequeñez de su sierva; porque el Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí; su nombre es santo y su misericordia llega de generación en generación”. ¡Qué maravilla de cántico, qué maravilla de oración, qué alegría de María, qué gozo en el Señor, su Salvador! Todo, porque el Todopoderoso, ha mirado la humildad de María, la sierva pobre del Señor. María santísima demuestra que lo que Jesús ora proclama y ofrece, es verdad. La vida de María santísima es el evangelio de su Hijo hecho vida y hecho realidad. La vida de María es el mejor comentario del Evangelio de Jesús. Por eso, María santísima será siempre nuestra pedagoga, nuestra maestra en la fe. Mientras tengamos ante nuestros ojos la imagen y el ejemplo de María, vamos por buen camino. De la mano de María llegamos a Jesús. Como ustedes lo saben muy bien, a María santísima la encontramos junto a su Hijo, al cuidado del apóstol san Juan, rodeada en oración de todos los Apóstoles implorando al Espíritu Santo, en una palabra, a María la encontramos en la Iglesia católica, la casa de María y nuestra propia casa, como lo pidió la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el Tepeyac. 

4. Hermanas peregrinas, las invito a aumentar su alegría, a llenar de gozo su corazón su vida y su familia, a ejemplo de María, por el gozo de la fe católica, por la alegría de conocer a Jesucristo y de pertenecer a su Iglesia, que es casa de los pobres y sencillos, escuela de fraternidad, morada del Espíritu santo y esperanza de salvación. A ninguna de ustedes se escapa la dura realidad que estamos viviendo. En estos momentos, “el rico tesoro de la fe en Dios corre el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose de manera creciente en diversos sectores de la población”. Ustedes lo habrán experimentado en su propia familia o con sus vecinos. “Hoy se plantea elegir entre caminos que conducen a la vida o caminos que conducen a la muerte (Cf Dt 30, 15). Caminos de muerte son los que llevan a dilapidar los bienes recibidos de Dios a través de los que nos precedieron en la fe. Son caminos que trazan una cultura sin Dios y sin sus mandamientos o incluso contra Dios, animada por los ídolos del poder, la riqueza o el placer efímero, la cual termina siendo una cultura contra el ser humano y contra el pueblo” (Aparecida, No. 13), como lo estamos viendo y ustedes y sus familias sufriendo todos los días. 

5. Hermanas peregrinas, la santa Iglesia católica, les ofrece “caminos de vida verdadera y plena para todos, caminos de vida eterna, y que son aquellos abiertos por la fe que conducen a la plenitud de la vida que Cristo nos ha traído: con esta vida divina se desarrolla también la plenitud de la existencia humana, en su dimensión personal, familiar y cultural. Esa es la vida que Dios nos participa por su amor gratuito, porque “Él es el Amor que da la vida” (Ibid. No. 13). Quien ha encontrado a Jesucristo en la santa Iglesia, ha encontrado el “tesoro escondido” que nos llena de alegría, como María, y así experimentamos la gratitud y el gozo de ser cristianos, de formar una familia cristiana, de pertenecer a la Iglesia de Cristo. Este es el tesoro, la riqueza que la Iglesia ofrece a todos los pueblos y a todos los hombres: Jesucristo Nuestro Señor. No tengan miedo a Cristo. En él encontramos al Dios verdadero, en él encontramos a Dios que es Amor, en él encontramos la esperanza que nos salva, en él encontramos la vida duradera, en él encontramos la verdadera felicidad, como la encontró María, para que con Ella podamos decir todos los días de nuestra vida: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de gozo en Dios, mi Salvador”, y que, por medio de ustedes, la misericordia del Señor llague a su familia, pase a sus hijos y nietos, “de generación en generación” hasta la eternidad. Que así sea.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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