EN EL BOSQUE
Audio
de la homilía.
Hermanos peregrinos:
1. “La semilla es la Palabra de Dios,
el Sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra, vivirá para
siempre”, cantamos en el verso que anunciaba la proclamación del
evangelio, que trata precisamente de la Palabra de Dios que
proclamamos y que tendremos la oportunidad de escuchar a lo largo de
esta peregrinación. El que encuentra a Cristo, presente en su
Palabra, que se siembra en su corazón, ése “vivirá para siempre”,
ése “tendrá vida eterna”, porque sólo Jesús “tiene palabras de vida
eterna”.
2. Nosotros, hermanos católicos, tenemos la inmensa dicha de tener
la Palabra de Dios con nosotros, de que Él nos haya hablado mediante
los profetas y los apóstoles, y nos siga hablando mediante la santa
Iglesia y sus ministros. Dios habló a nuestros padres por medio de
los profetas, a nosotros por medio de su Hijo, de su evangelio, que
nos llegó por medio de sus enviados, los apóstoles, y continúa
hablándonos mediante sus sucesores y ministros de su palabra,
nuestros Obispos, el Papa, los Sacerdotes, Catequistas y
Misioneros. Nosotros gozamos la inmensa dicha de tener a nuestra
disposición la santa Palabra de Dios, por la cual conocemos su
voluntad y nos podemos salvar. Nuestro Dios es un Dios que habla; no
es mudo, como los ídolos.
3. Necesitamos, para que esa palabra se convierta en salvación,
aprestar nuestro oído para escuchar a Dios que nos habla y disponer
nuestro corazón para que esa semilla divina, su palabra, produzca
frutos de vida cristiana. Esa Palabra divina se compara en la santa
Biblia, como escuchamos en las lecturas, a la lluvia que baja del
cielo y empapa la tierra o a la semilla que esparce el Sembrador con
generosidad por todas partes. El fruto que favorezca la lluvia o que
produzca la semilla, depende del terreno donde caiga: terreno
pedregoso, lleno de espinas, duro o tierra fértil. El éxito de la
siembra depende, no del sembrador, sino del campo donde es recibida.
4. Esto, hermanos peregrinos, señala nuestra responsabilidad. La
lluvia divina no falta, la semilla salvadora tampoco; hasta da la
impresión que el Sembrador la desperdicie, repartiéndola por todos
lados, en abundancia; el fruto depende de la manera como cada uno de
nosotros la acoja en su corazón. Ustedes ya han salido de sus casas,
ya han hecho el propósito de peregrinar, han abandonado su familia y
sus comodidades; ya han hecho un gran trabajo de preparar el terreno
para la siembra. Durante esta peregrinación tendrán oportunidad de
escuchar la palabra de Dios, diversas catequesis, rezarán el santo
rosario, celebrarán horas santas y participarán en la santa misa
todos los días, escucharán las homilías... Será una semana de
generosa lluvia del cielo, de abundante siembra de la Palabra de
Dios. Los invito a aprovechar este tiempo de gracia que Dios les
concede y que su Diócesis les ofrece, para que enriquezcan su vida
cristiana y tengan la fuerza necesaria para enfrentar las
dificultades de la vida, que son muchas y cada día más difíciles, y
puedan dar testimonio de su fe, trasmitirla íntegra a sus hijos y
ustedes alcancen la salvación.
5. En la oración de la misa pedimos al Señor, “ya que Él ilumina a
los extraviados con la luz de su evangelio para que vuelvan al
camino de la verdad”, que “nos conceda a todos los cristianos,
imitar fielmente a Cristo y rechazar todo lo que pueda apartarnos de
Él”. Que todos seamos verdaderos discípulos y misioneros de
Jesucristo, que escuchemos su palabra, la pongamos en práctica y la
comuniquemos a los demás, comenzando por nuestra familia. La Virgen
Santísima, que escuchó atenta y cumplió fielmente la Palabra de
Dios, nos enseñe a escuchar, obedecer e imitar a su Hijo Jesucristo.
Que así sea.