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HOMILÍA DEL SR. OBISPO

DON MARIO DE GASPERÍN GASPERÍN, OBISPO DE QUERÉTARO

EN EL BOSQUE EN LA 118 PEREGRINACIÓN DE HOMBRES AL TEPEYAC

El Bosque, 17 de Julio de 2008


EN EL BOSQUE

Audio de la homilía.

 

Hermanos peregrinos: 

1. “La semilla es la Palabra de  Dios, el Sembrador es Cristo; todo el que lo encuentra, vivirá para siempre”, cantamos en el verso que anunciaba la proclamación del evangelio, que trata precisamente de la Palabra de Dios que proclamamos y que tendremos la oportunidad de escuchar a lo largo de esta peregrinación. El que encuentra a Cristo, presente en su Palabra, que se siembra en su corazón, ése “vivirá para siempre”, ése “tendrá vida eterna”, porque sólo Jesús “tiene palabras de vida eterna”. 

2. Nosotros, hermanos católicos, tenemos la inmensa dicha de tener la Palabra de Dios con nosotros, de que Él nos haya hablado mediante los profetas y los apóstoles, y nos siga hablando mediante la santa Iglesia y sus ministros. Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas, a nosotros por medio de su Hijo, de su evangelio, que nos llegó por medio de sus enviados, los apóstoles, y continúa hablándonos mediante sus sucesores y ministros de su palabra, nuestros Obispos, el Papa, los Sacerdotes,  Catequistas y Misioneros. Nosotros gozamos la inmensa dicha de tener a nuestra disposición la santa Palabra de Dios, por la cual conocemos su voluntad y nos podemos salvar. Nuestro Dios es un Dios que habla; no es mudo, como los ídolos. 

3. Necesitamos, para que esa palabra se convierta en salvación, aprestar nuestro oído para escuchar a Dios que nos habla y disponer nuestro corazón para que esa semilla divina, su palabra, produzca frutos de vida cristiana. Esa Palabra divina se compara en la santa Biblia, como escuchamos en las lecturas, a la lluvia que baja del cielo y empapa la tierra o a la semilla que esparce el Sembrador con generosidad por todas partes. El fruto que favorezca la lluvia o que produzca la semilla, depende del terreno donde caiga: terreno pedregoso, lleno de espinas, duro o tierra fértil. El éxito de la siembra depende, no del sembrador, sino del campo donde es recibida.  

4. Esto, hermanos peregrinos, señala nuestra responsabilidad. La lluvia divina no falta, la semilla salvadora tampoco; hasta da la impresión que el Sembrador la desperdicie, repartiéndola por todos lados, en abundancia; el fruto depende de la manera como cada uno de nosotros la acoja en su corazón. Ustedes ya han salido de sus casas, ya han hecho el propósito de peregrinar, han abandonado su familia y sus comodidades; ya han hecho un gran trabajo de preparar el terreno para la siembra. Durante esta peregrinación tendrán oportunidad de escuchar la palabra de Dios, diversas catequesis, rezarán el santo rosario, celebrarán horas santas y participarán en la santa misa todos los días, escucharán las homilías... Será una semana de generosa lluvia del cielo, de abundante siembra de la Palabra de Dios. Los invito a aprovechar este tiempo de gracia que Dios les concede y que su Diócesis les ofrece, para que enriquezcan su vida cristiana y tengan la fuerza necesaria para enfrentar las dificultades de la vida, que son muchas y cada día más difíciles, y puedan dar testimonio de su fe, trasmitirla íntegra a sus hijos y ustedes alcancen la salvación. 

5. En la oración de la misa pedimos al Señor, “ya que Él ilumina a los extraviados con la luz de su evangelio para que vuelvan al camino de la verdad”, que “nos conceda a todos los cristianos, imitar fielmente a Cristo y rechazar todo lo que pueda apartarnos de Él”. Que todos seamos verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo, que escuchemos su palabra, la pongamos en práctica y la comuniquemos a los demás, comenzando por nuestra familia. La Virgen Santísima, que escuchó atenta y cumplió fielmente la Palabra de Dios, nos enseñe a escuchar, obedecer e imitar a su Hijo Jesucristo. Que así sea.

 

Mario de Gasperín Gasperín

Obispo de Querétaro

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