Audio de esta homilía.

1. He venido con mucho gusto a acompañarlos en esta acción de gracias
a Dios por los 32 años de la Obra a favor de los niños, jóvenes,
ancianos y hermanos necesitados que el Padre Antonio Norman ha
desarrollado aquí entre nosotros. La mano providente de Dios se ha
servido del Padre Antonio, de otros hermanos sacerdotes como ahora el
Padre Miguel, de las Hermanas Religiosas y de muchísimos fieles laicos
de Estados Unidos y de México, para dar protección y educación humana
y cristiana a multitud de niños y jóvenes, muchos de ellos ahora
hombres de bien, profesionistas y algunos de ellos ordenados
sacerdotes. Ha sido una obra fecunda, bendecida por Dios y por Santa
María de los Dolores de soriano, nuestra Patrona diocesana.
2. Como nos recordaba el Papa Benedicto en su encíclica “Dios es
amor”, la justicia es tarea obligatoria y grave de las autoridades
civiles, pero la caridad es campo donde los cristianos tenemos que
manifestar la autenticidad de nuestra fe. La impartición de justicia y
la equitativa distribución de los bienes nunca será perfecta, porque
la limitación humana y, sobre todo, el egoísmo y las pasiones
“oscurecen” la recta razón y debilitan la voluntad dificultando la
equidad y la justa distribución de los bienes que Dios, en principio,
ha destinado para bien de toda la humanidad, porque Dios no hace
distinción de personas; las desigualdades no provienen de Dios, sino
de nuestras limitaciones y pecados. Por esta razón no hay obra humana
perfecta y siempre habrá un espacio enorme para la caridad, es decir,
para hacer llegar el amor de Dios a los hermanos en necesidad.
3. Cuando nos compadecemos del sufrimiento del prójimo, y hacemos algo
bueno por él porque nos sentimos solidarios con alguien igual que
nosotros, es lo que se llama altruismo y también filantropía. Ojalá
que todos fuéramos solidarios con nuestros semejantes. Pero los
católicos y todos los discípulos de Jesucristo a estos motivos
humanos, añadimos un motivo divino, sobrenatural que es precisamente
el misterio que nos estamos preparando a celebrar: La Navidad. La
Navidad es el mensaje más maravilloso que ha escuchado la humanidad:
que Dios nos ama, que no estamos solos, que el Hijo de Dios se ha
hecho hermanos nuestro, que el Todopoderoso se la abajado hasta
nuestra pobreza y miseria para llenarnos y colmarnos de su amor. En
Cristo Jesús, hecho hombre y nacido de la Virgen María, Dios ha dado
un beso de amor, de perdón y de reconciliación con todos los hijos de
Adán y Eva pecadores que somos los humanos. Dios está cerca de
nosotros; no sólo eso, está con notros; más aún, está a favor nuestro
y se ha vuelto nuestro intercesor y defensor ante el Padre. No puede
haber noticia mayor ni mejor.
4. No hay nada que Dios haya podido hacer a favor nuestro que no lo
haya hecho, pues nos dio lo más grande y querido que tenía: el Hijo de
su amor, su Unigénito, Jesucristo. La única barrera para gozar de este
amor es nuestro corazón. Sólo la libertad humana y nuestra ignorancia
del don recibido, pueden hacernos desconocer y rechazar este amor.
“Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”, comenta con tono
dolorido el evangelista San Juan. El Hijo de Dios se hizo hombre para
venir a rescatar “lo suyo”, porque todos fuimos creados y nacemos con
la imagen de Dios en el alma. Todos somos imagen y semejanza de Dios.
Jesús se hizo hombre para restituir al hombre la imagen dañada de Dios
a causa del pecado original. Pero, como nuestra voluntad y libertad
están estropeadas, tenemos, como Adán y Eva en el paraíso, “miedo a
Dios” y no queremos acogerlo, porque no queremos ser sus criaturas,
sus servidores y ahora, en Jesucristo, sus hijos. Tenemos miedo de
servir a Dios, porque pensamos que va a disminuir nuestra libertad y
nuestra felicidad, cuando es todo lo contrario. Servir a Dios es
reinar. Preferimos la servidumbre de Satanás a la dignidad y libertad
de ser hijos de Dios. Por eso, preferimos vivir como si Dios no
existiera, antes que someternos a su voluntad que es una voluntad
llena de amor y de felicidad. Sólo en el cumplimiento de los
mandamientos de la ley de Dios, encontraremos la paz y la felicidad.
Sólo haciendo el bien a los demás, somos realmente hombres plenamente
humanos y gente feliz. Creo que la vida y la obra del Padre Antonio
Norman lo demuestran con claridad. Dios lo bendiga, Padre Antonio y a
todos los que colaboran con usted, y que siga siendo plenamente feliz.
Feliz Navidad.