EN LA BASÍLICA DE GUADALUPE
Audio
de la homilía.
Hermanas peregrinas:
1. “¡Qué alegría cuando
me dijeron, vamos a la casa del Señor; ya están pisando nuestros
pies, tus umbrales Jerusalén!” Así cantaba el israelita piadoso,
al acercarse a la ciudad santa de Jerusalén, tras un largo caminar.
Este mismo gozo lo experimentamos nosotros, Hermana(o)s
Peregrina(o)s al acercarnos a esta casa bendita de nuestra Madre
Santísima, aquí en el Tepeyac. De la boca de su Hijo escuchamos
durante el camino esas palabras reconfortantes: “Vengan a mi
todos los que están cansados y fatigados por la carga, que yo los
aliviaré; porque mi yugo es suave, y mi carga ligera”.
Bienvenida(o)s toda(o)s a la Casa del Señor, a la casa de María
¡Aquí revive nuestro corazón!
2. La santa palabra de
Dios, el libro de la Sabiduría, nos invita a confesar el poder, la
fuerza, la justicia y la misericordia del Señor: “No hay más Dios
que Tú, Señor, que cuidas de todas las cosas… Tu poder es fundamento
de tu justicia, y porque eres Señor de todos, eres misericordioso…
Siendo Tú el dueño de la fuerza, juzgas con misericordia y nos
gobiernas con delicadeza”. Sólo quien tiene fe en Dios, Señor de
todos, puede juzgar con justicia, al mismo que usar de misericordia.
Ser justo es atributo divino, que el hombre sólo obtiene
sometiéndose a Dios, soberano de todos. Quien se somete a Dios, usa
también de misericordia y así, “el Señor enseña a su pueblo que
debe ser humano”. Sólo quien obedece a Dios, es plenamente
humano y respeta los derechos humanos.
3. Durante estos días de
peregrinación, hemos orado y escuchado la palabra de Dios; hemos
pedido perdón de nuestros pecados y prometido ser mejores; caminando
hemos hecho un alto en nuestra vida y un propósito de ser gente de
bien. En una palabra, Dios ha sembrado en nuestro corazón la semilla
santa de su palabra; el trigo bueno de la Palabra de Dios. No dejen
que renazcan las malas yerbas, la cizaña, porque abunda en el camino
de la vida. Hay muchos “obradores de maldad, partidarios del
maligno”, dice Jesús, que siembran las malas yerbas en medio del
trigo. Esos que “inducen a los hombres al pecado” el día de
juicio serán “arrojados al horno encendido. Allí será el llanto y
la desesperación”. En ustedes, desde su bautismo, la Iglesia
sembró trigo bueno en su alma. El trigo bueno es Jesucristo. Si lo
aman y obedecen sus mandamientos, brillarán, el día de juicio final,
“como estrellas en el firmamento, como el sol en el Reino del
Padre”. Cada una(o) de ustedes puede llegar a ser como una de
las estrellas que adornan su manto de la Virgen María. El fiel
cumplimiento de los Diez Mandamientos, es la mejor contribución que
Ustedes pueden hacer a la sociedad. La salvación de nuestra patria
está en el cumplimiento de los Mandamientos de la ley de Dios y en
rezar y vivir el Padrenuestro.
4. Su señor Obispo les agradece su fe en Dios, su amor a la Virgen
María y su fidelidad a la santa Iglesia. Dios la(o)s bendiga, la(o)s
acompañe en su vida, cuide de su familia y les conceda un feliz
regreso a sus hogares. Un recuerdo y una oración ante la Virgen de
Guadalupe por todos los hermanos migrantes. Que la paz de Dios y el
cariño de la Virgen Santísima llenen su corazón. Que así sea.