La Santa
Liturgia de este día nos marca el inicio de la Cuaresma como tiempo de
gracia, como tiempo favorable para recibir el perdón de Dios, para
reconciliarnos con Dios, para reconciliarnos con el hermano, tiempo pues
favorable para nuestra salvación. El Papa Benedicto en su mensaje para
la Cuaresma de este año, nos invita a mirar al crucifijo, citando
aquella frase de San Juan “Mirarán al que
traspasaron” (Jn 19,
37), nos invita a ver a Cristo traspasado por nuestros pecados en la
Cruz y desde su Corazón que fluye la Sangre y el Agua; el Agua del
Bautismo que nos purifica con el Baño Bautismal; y la Sangre de la
Eucaristía que nos reconcilia con Dios y nos da la Vida Eterna.
En la Cuaresma tenemos que levantar nuestra mirada, nos
dice el Papa, al Crucificado, para desde ahí, de ese “Río agua viva”
que brota de su costado, beber de esa fuente de salvación. Comos sabemos
ya bien, la Cuaresma es un itinerario hacía la pascua, hacia los tres
grandes días del Misterio Pascual, de la muerte de Jesús el viernes; de
su santa sepultara el sábado y de su gloriosa resurrección, el domingo.
Emprendemos con piedad, con fervor y con gratitud a Dios, porque esta
cuaresma es un tiempo de caminar.
El Papa nos invita especialmente a purificar nuestra
mirada, ante el crucifijo, y también para poder ver esa otra imagen de
Cristo sufriente en nuestros hermanos, su servidor también dirigió un
Mensaje de Cuaresma a los fieles de nuestra Diócesis, donde los invito,
inspirado desde luego en el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia,
a poner en práctica los actos tradicionales de la Cuaresma, de
penitencia, como son la oración, el ayuno, la escucha de la Palabra de
Dios, la practica de la buenas obras, las Obras de Misericordia, que
aprendimos en el Catecismo, las obras materiales de misericordia, dar de
comer al hambriento, dar techo al que no lo tiene, recibir al peregrino,
hacer las obras buenas materiales en favor de nuestros hermanos
necesitados; las obras también de misericordia espirituales, consolar al
enfermo y todas las demás que marca el catecismo que conocemos, son
obras aconsejadas por la Iglesia, el tiempo de ayuno especialmente
recomendado por Jesús en el Evangelio como acto especialmente agradable
a Dios.
Como saben ustedes el último Domingo de la Cuaresma, es
el “Día de Caridad” lo que ayunamos y ahorramos en nuestra economía, lo
juntamos y al fin lo entregamos al obispo, para la caridad que hace el
Obispo, en nombre de toda la comunidad cristiana, de toda la comunidad
católica, es el “Día de la Caridad”.
Como ustedes también conocen, hay una Institución que se
llama “Caritas Diocesana”, que es la caridad del Obispo, que esta
ahí en Vergara, y que ahí se atiende en la medida de lo posible las
necesidades de los hermanos más pobres, gracias a Dios esta funcionando
bien y cada año se va incrementando. Es necesario que como Iglesia,
hagamos estos gestos, estos signos, de amor fraterno, como iglesia, el
obispo como Pastor Diocesano y cada una de las comunidades, por eso en
el mensaje de Cuaresma les pido a las parroquias, inspirado en
los que nos dice el Papa Juan Pablo II, en se Carta sobre el nuevo
milenio, que tenemos que buscar nuevas formas, nuevas imaginaciones a la
caridad, de modo que las parroquias y las comunidades, sean casas de
oración, casas de comunión y también escuelas de caridad, por eso les
recomiendo que en cada parroquia, se organice, desde luego cada uno
la penitencia que debe de hacer, pero también como parroquia y
también las diversas comunidades religiosas o colegios que vayan
pensando en la Cuaresma, hacer un gesto significativo de caridad, de
servicio, de ayuda al hermano necesitado, como puede ser atender un
hermano en el hospital, costear alguna curación a un enfermo o rescatar
a un hermano de la drogadicción, o de otros tantos vicios que hay
por todos lados y tantas necesidades, pero que se haga un gesto
comunitario de caridad para que la Parroquia como tal se empeñe en este
servicio a un hermano y el Señor nos mire a todos con ojos de
misericordia, nos de su perdón, nos reconciliemos cada vez mas con El y
cada vez podamos tener una convivencia mas humana, mas cristiana, como
nos lo pide el Santo Evangelio, la Palabra de Dios.
Con estas intenciones nos vamos a disponer para purificar
nuestro corazón con este sacramental de la Ceniza, reconociéndonos
polvo y ceniza, sin embargo objetos de la misericordia de Dios.
†
Mario de Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro