ORDENACIÓN SACERDOTAL EN JALPAN DE
SERRA
Hermanos
Presbíteros
Hermanas y
Hermanos en nuestra santa fe católica:
1. Hoy, 25 de
Julio, solemnidad del Apóstol Santiago, he venido, como todos los
años, a honrar al santo Apóstol, patrono de este lugar y a hacerlo,
en esta ocasión, confiriendo el sacramento del orden Sacerdotal al
diácono José Miguel Castillo Vega, hijo de esta parroquia y paisano
de ustedes. Lo hago con gusto para agradecer a los habitantes de
esta hermosa Sierra queretana, su fidelidad a la santa Iglesia
católica, su amor a sus Sacerdotes y su apoyo generoso a nuestro
Seminario, donde se forman los sacerdotes. Ahora también agradezco a
la familia Castillo-Vega el haber dado un hijo al servicio de la
Iglesia.. Demos gracias a Dios y disfrutemos de sus bendiciones.
2. Acabamos de
celebrar el Año Sacerdotal, proclamado por el papa Benedicto XVI
para agradecer a Dios el regalo del sacerdocio cristiano que brotó,
como nos lo recordó citando San Juan María Vianney, del corazón de
Cristo en la cruz. Todo sacerdote es un regalo del Corazón de Jesús
y de Dios Padre para sus hijos, pues por sus manos suelen pasar las
bendiciones del cielo, comenzando por la fe del Bautismo, el Pan
santo de la eucaristía, el Perdón de los pecados y las gracias que
necesitamos para nuestra vida cristiana. El Sacerdote es el que va
adelante en el seguimiento de Cristo para servir a los fieles en las
cosas que miran a Dios y puedan obtener su salvación.
3. Aunque ordené
al padre Manuel Balderas en Purísima y a otros en Concá, sin duda
que para la mayoría de ustedes es la primera vez que participan de
una ordenación sacerdotal; por eso, voy a explicar brevemente el
desarrollo y significado del rito de la Ordenación.
4. +
Presentación. En primer lugar, el padre Rector del Seminario,
responsable de su formación, presenta el candidato al señor Obispo y
le pide que lo ordene sacerdote. El señor Obispo quiere garantías de
su idoneidad para el sacerdocio,, y le le pregunta “¿sabes si es
digno?”, si se ha preparado convenientemente para esta dignidad y
servicio en la Iglesia. Al afirmarlo el padre Rector, el señor
Obispo lo acepta, y todos damos gracias a Dios.
5. + Profesión
de fe católica. Luego el candidato hace su profesión de fe,
recitando el Credo y jurando transmitir la fe de la Iglesia, que es
lo que debe enseñar. El sacerdote no inventa teorías ni difunde sus
opiniones personales, sino que enseña, con la autoridad de
Jesucristo, lo que Jesús enseñó a los Apóstoles y la Iglesia nos ha
trasmitido siempre. Ustedes pueden estar seguros de que sus
sacerdotes les enseñan el camino de la salvación; deben, por tanto,
escucharlos y obedecerlos en los asuntos de la fe católica..
6. + Promesas.
Hace a continuación sus promesas sacerdotales. Reafirma su
compromiso de guardar el celibato, es decir, de no contraer
matrimonio y guardar la virtud de la castidad siempre y para
siempre, de modo que pueda entregar su vida totalmente al servicio
de sus hermanos, a ejemplo de Jesús. También promete observar todas
las leyes y normas de la santa Iglesia que, como Madre solícita, nos
manda las cosas que debemos cumplir y observar para la buena marcha
de la comunidad. En la Iglesia debemos caminar unidos y con orden,
y no buscar cada uno sus gustos: Hay normas para el Bautismo, para
la Misa, para los Sacramentos y para la vida pastoral. El sacerdote
las debe cumplir, para así servir mejor a los fieles. Finalmente el
candidato hace la promesa de obedecer a su Obispo diocesano. El
sacerdote es colaborador del Obispo para el servicio de la Diócesis,
y debe ir a donde lo envíen. Nadie se ordena sacerdote para una sola
parroquia. Todos en la Iglesia estamos sometidos a la obediencia de
un superior, a ejemplo de Cristo que obedeció al Padre celestial. Un
buen sacerdote, como un buen cristiano, sabe obedecer.
7. +
Interrogatorio. El Señor Obispo y la comunidad necesitan
escuchar de viva voz el deseo del candidato a consagrar su vida al
servicio de sus hermanos; por eso le pregunta si sabe que el
sacerdocio es para siempre, si se compromete a predicar el santo
Evangelio, a enseñar la doctrina cristiana, a celebrar dignamente
los santos Sacramentos y a orar por la santa Iglesia… Es importante
que todo mundo sepa que nadie se ordena sacerdote a fuerzas; que
todo sacerdote lo hace libremente y así ofrece su vida como ofrenda
agradable a Dios.
8. + Invocación
a los Santos y al Espíritu Santo. Todo esto es gracia de Dios.
Por eso invocamos, primero, a todos los Santos del cielo, cantando
las letanías, pues necesitamos de su intercesión, ya que ellos
cumplieron su voluntad y ahora, triunfantes, interceden por nosotros
en el cielo; y, después, invocamos al Dador de todos los dones, al
Espíritu Santo. Él hizo que el Hijo de Dios se hiciera hombre en el
seno de la Virgen y después llenó el corazón de Jesús de su amor
para que se ofreciera al Padre en la cruz por nosotros, como nuestro
Sumo Sacerdote. Esto lo hace el Señor Obispo en silencio, con la
imposición de sus manos, y después con una solemne oración, que
escucharemos con devoción. Es el Espíritu Santo el que confiere el
Don del Sacerdocio mediante la actuación del Señor Obispo. Son cosas
grandes y maravillosas de Dios que sólo comprende el que tiene fe.
9. + Unción y
ofrendas. El recién ordenado Sacerdote-Presbítero se reviste de
las vestiduras sacerdotales, recibe la unción con el santo Crisma en
sus manos, para que tenga la fuerza de Dios de santificar al pueblo
cristiano, presentar las ofrendas de los fieles, el pan y el vino, y
ofrecer dignamente el santo Sacrificio; por eso, debe configurar su
vida con el misterio de la Cruz del Señor. Un sacerdote es el buen
olor de Cristo en el mundo, esparciendo el perfume de una vida
santa; y un Cristo viviente, llevando siempre la Cruz del Señor. Es
un hombre crucificado con Cristo que comunica la vida de Dios.
10. Hermanas y
hermanos: Vamos a participar en un gran misterio de nuestra fe,
viendo cómo Dios viene a nosotros y, por medio de hombres débiles y
de acciones sencillas, nos sale al encuentro y nos ofrece un nuevo
ministro de salvación. Aquí nacerá para ustedes un Sacerdote del
Señor. Todo es gracia y regalo de Dios. Ahora es tiempo de agradecer
y tiempo de suplicar con humildad al Señor que nos mire con
misericordia y que aparte de nosotros el poder de Satanás, el
enemigo de Dios y del género humano; que no nos falten sacerdotes en
nuestras parroquias, que tengamos sacerdotes santos, salidos del
Corazón de Jesús e iguales a Él; y que no nos falte también el
auxilio de un sacerdote en la hora de nuestra muerte. Amén.
† Mario De Gasperín Gasperín
VIII Obispo de Querétaro