El papa Benedicto XVI nos
ofrece un año dedicado al gran Apóstol San Pablo, para recordar los
dos mil años de su nacimiento y agradecer a Dios este regalo
maravilloso que hizo a su Iglesia. Saulo, el perseguidor, se
convierte en Pablo, el discípulo y misionero de Jesucristo. Para
iniciar este año paulino y esta página en nuestro periódico
Comunión, le voy a pedir prestadas sus sabias palabras al
cardenal Juan Bautista Re, Presidente de la Pontifica Comisión para
América Latina en su prefacio a la magnífica obra “Aparecida 2007.
Luces para América Latina” que acaba de publicar la Librería
Editrice Vaticana:
“San Pablo decía algo que
cada uno de los cristianos debería decir de sí mismo: “¡lejos de
gloriarme si no es en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por el
cual el mundo está crucificado para mi y yo para el mundo!”(Gál. 6,
14), San Pablo se nos muestra en sus Cartas y en el libro de Los
Hechos como un hombre profundamente enamorado de Cristo, convencido
de que él es el único Salvador que trae la vida nueva y definitiva
al hombre. Por eso dedica su capacidad y su vida a anunciarlo al
mundo judío y al mundo gentil. Y no tiene otro anuncio ni otro
evangelio, sino el de Cristo Crucificado.
¿A qué se debió la
transformación del fariseo celoso de la ley, Saulo de Tarso, en
Pablo, anunciador incansable del evangelio de salvación traído por
Cristo? A su encuentro en Damasco con Jesús viviente (cf. Hech 9,
1-20). En este pasaje tenemos todos los elementos del encuentro:
la iniciativa de Jesús, que lo llama a ser su enviado para que
anuncie su nombre; la respuesta de Saulo, en total
disponibilidad y obediencia de fe: “Señor, qué quieres que haga?;
el resultado del encuentro: Saulo se convierte en discípulo que
ha creído en Cristo y lo sigue; en misionero que anuncia a los demás
lo que ha visto oído, recibido y creído” (Pg. 8).
Pablo es un modelo perfecto
y guía autorizado para cumplir con la propuesta que nos hacen
nuestros obispos de América Latina en su documento de Aparecida: Ser
verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo. Agradecemos al
Papa Benedicto XVI el haber ofrecido a la Iglesia este Año Paulino y
esperamos que las catorce Cartas de San Pablo lleguen a su
domicilio: a su familia y a su corazón y transformen y alienten su
vida cristiana.