Hermanas y Hermanos Peregrinos:
1. Se
acerca ya el tiempo señalado en nuestro calendario guadalupano para
iniciar la peregrinación a pie de nuestra Diócesis de Querétaro al
Tepeyac. Será la 117 de los hombres y la 49 de las mujeres. Sin duda
que muchos de ustedes ya se están preparando para este acontecimiento
de gracia, que una vez más nos ofrece la Providencia divina para ir,
al encuentro de nuestra Madre Santísima de Guadalupe, quien nos ofrece
a su Hijo como Salvador. La Peregrinación al Tepeyac es un encuentro
con Jesucristo por medio de María. Así nos llego Cristo a este mundo,
así se nos ofrece y lo encontramos en el Tepeyac.
2.
Este año queremos celebrar el don de la vida. María Santísima se
presentó a San Juan Diego como “la Madre del Dios por quien se vive”.
En el ambiente de ruina y destrucción que reinaba en el valle de
Anáhuac después de la conquista, María aparece como la portadora de la
Fuente de la Vida que es su Hijo Jesucristo. Como signo visible de
esta vida que ella ofrecía, hizo reverdecer el cerro pedregoso del
Tepeyac y todo cobró nueva vida: ¡Floreció el Tepeyac! ¡Cantaron las
aves! Revió el corazón de Juan Diego, recobró la salud el Tío
Bernardino y México comenzó a vivir con una nueva esperanza: La Fe en
Cristo Salvador, acompañado de la presencia maternal de María.
3.
Juan Diego reconfortado, el Tío Bernardino curado y el cerro del
Tepeyac florecido, son el símbolo de la nueva vida que nos ofreció
María Santísima. Y luego la “Casita”, el templo que nos pidió para
“allí manifestar su amor, ternura y compasión”, son la cuna donde se
arrulló nuestra nación, donde se arropó nuestra patria y donde ahora
encontramos fuerza y calor de vida. Vamos al Tepeyac para acercarnos a
la fuente de la Vida.
4.
Queremos que esta Peregrinación sea un nuevo aliento de vida para
todos nosotros, especialmente para aquellos que encuentran terribles
dificultades para vivir o sobrevivir. Muchos hermanos nuestros apenas
si sobreviven con salud endeble, con recursos escasos, con
desnutrición alarmante, con ignorancia dolorosa, con hambre en su
estómago y con amargura en su alma, con pobreza y carencias en su
familia para sustento digno de sus hijos. Esta amenaza ahora se
aumenta con leyes inicuas contra la vida desde su inicio en el seno
materno hasta su desenlace natural. ¡Quién iba a pensar que llegáramos
a ver en una vida inocente a un enemigo por eliminar!
5.
Nuestra peregrinación al Tepeyac quiere ser un Canto a la Vida. Invito
a todos los católicos, hombres y mujeres, a participar en ella o, al
menos, a unirse espiritualmente en tal magno acontecimiento de gracia,
expresión de nuestra acendrada fe en Santa María de Guadalupe, nuestra
Madre, y de su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador. Su Obispo y
servidor,