Iniciamos la cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua, con el
rito de la imposición de la ceniza: siendo “polvo y ceniza” nos
hemos rebelado contra Dios y hemos pecado.
Dios, en su hijo Jesucristo y mediante la santa Iglesia, nos ofrece
su perdón. La cuaresma es tiempo de purificación y de misericordia.
Los signos de nuestra aceptación y arrepentimiento son tres, como
nos indica Jesús en el evangelio: la oración, el ayuno y la
limosna.
El Papa Benedicto XVI nos invita a meditar sobre la limosna. La
limosna cristiana no es dar lo que sobra, sino devolver al pobre lo
que le pertenece y necesita para vivir.
Pobre no es sólo el que carece de algo, sino aquel a quien se le ha
quitado lo que le pertenece y necesita para su vida digna. La
limosna es un acto de justicia. A este título de justicia se añaden
otros, todavía mayores: en el pobre está Jesús, quien “siendo rico
se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”. En el pobre está
siempre presente Jesús, el pobre de Nazaret.
Dar al pobre es dar a Jesús presente en él: “a mí me lo hicisteis”
nos dirá el día del juicio final. La limosna cristiana no es
“filantropía”, simple acto de solidaridad con el prójimo, que ya es
algo, sino acto de amor a Jesús, que es mucho más.
Además, la limosna cristiana es signo de libertad en relación con
los bienes materiales. Despojarse de lo que tenemos, es manifestar
que los bienes son para el hombre y no el hombre para los bienes
materiales. La limosna cristiana es signo de que somos señores de
los bienes terrenos, no sus esclavos.
Los bienes materiales son simples instrumentos para hacer el bien:
“Es mejor dar que recibir”, decía Jesús. El que da de lo suyo, es
señor; el que no comparte es esclavo de su egoísmo.
La limosna cristiana es signo de hombres y mujeres libres, cual
conviene a cristianos, hijos e hijas de Dios. La limosna cuaresmal
es oportunidad para recobrar la libertad y la dignidad cristianas.
Finalmente, el cristiano lo da por amor, no por vanidad: “que la
mano izquierda no sepa lo que hace la derecha”, decía Jesús; y, “el
padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. La limosna cristiana
no sólo hace bien al pobre necesitado, sino que hace mayor bien a
quien la practica con alegría de corazón.
El último domingo de la cuaresma se recoge el fruto de la limosna y
se entrega a los hermanos necesitados mediante “cáritas” diocesana.
Les deseo a todos una santa y fructuosa cuaresma y una feliz pascua
de resurrección.
Santiago
de Querétaro, Qro., Enero 2007