SUBSIDIOS

 

 

LECTIO DIVINA VII


 

Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma

Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética

 

 

(Invocación al Espíritu Santo)

 

1. LECTURA DEL TEXTO (2 Tes 2,13-17)

 

Pero nosotros tenemos motivos para dar continuamente gracias a Dios por ustedes, hermanos queridos por el Señor, pues Dios los ha elegido para que sean los primeros en salvarse por medio del Espíritu que los consagra y de la verdad en que creen. A eso precisamente los ha llamado Dios por medio del evangelio que les hemos anunciado: a que obtengan la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así pues, hermanos, permanezcan firmes y conserven las tradiciones que les hemos enseñado de palabra o por carta. El mismo Señor nuestro Jesucristo, y Dios nuestro Padre que nos ha amado y nos ha dado gratuitamente un consuelo eterno y una esperanza espléndida, los consuelen en lo más profundo de su ser y los confirme  en todo lo bueno que hagan o digan.

 

Repasamos el texto respondiendo las siguientes preguntas:

 

¿Por quiénes dan continuamente gracias a Dios los apóstoles v.13a? ¿Cuáles son los motivos v.13b? ¿Cuáles son los medios de esa salvación v.13c? ¿A qué los ha llamado Dios por medio del evangelio v.14? ¿En qué deben permanecer firmes y qué deben conservar v.15? ¿Qué nos ha dado Dios Padre v. 16? ¿Qué piden los apóstoles a nuestro Señor Jesucristo y a Dios nuestro Padre para los tesalonicenses v. 17?

 

 

Para comprender mejor el texto tomemos en cuenta lo siguiente:

 

- Recordemos que el texto 2,1-17 es la sección central de la segunda carta a los tesalonicenses. Contiene tres temas:

a) Una exhortación contra la preocupación de algunos cristianos que tienen una idea errónea sobre la segunda venida del Señor Jesús (la parusía) 2,1-2.

b) Una instrucción sobre lo que ha de preceder a la parusía: la apostasía (renegar de la fe) y la manifestación del impío; el poder y la persona que retiene al impío; el impío como falso profeta que provoca la apostasía 2,3-12. 

c) Acción de gracias y oración pidiendo consuelo y fortaleza 2,13-17.

- La parte central del capítulo 2 son los versículos 6-7, resalta el poder del que retiene la manifestación completa del impío. Es el poder del mismo Dios que no permite que el mal venza.

 

- El texto que ahora reflexionamos nos explica que la salvación y la condenación son el resultado del esfuerzo humano  y de la predestinación divina. Los que creen en Jesús serán salvados, los incrédulos “perversos y malvados” serán condenados.

 

- El autor quiere consolar a los lectores acerca de su futuro destino. El día del Señor  y de los acontecimientos que lo precederán  no han de suceder en secuencia literal como están presentados, más bien debemos de ver en el texto la promesa tranquilizadora que presenta toda la Biblia, que la historia encontrará su consumación y al final la justicia prevalecerá.

 

  • La parte central del capítulo 2 son los versículos 6-7, resalta el poder del que retiene la manifestación completa del impío. Es el poder del mismo Dios que no permite que el mal venza.

2. MEDITACIÓN DE LA PALABRA ESCUCHADA

 

Los cristianos han sido elegidos, llamados, consagrados por Dios para la salvación. Es una razón suficientemente fuerte para estar agradecidos con Dios. Los tesalonicenses han escuchado el mensaje de salvación comunicado por los apóstoles y lo han recibido en su corazón.  La salvación que Jesús ha traído no es automática, el hombre debe ser activo colaborador para recibirla, por una parte el Espíritu de Dios consagra, pero espera y exige de la persona la aceptación de las verdades de fe que se le han comunicado. La colaboración del hombre exige firme perseverancia  frente a las dificultades y fidelidad a las tradiciones apostólicas. La fidelidad a la palabra que exigen los apóstoles de parte de los tesalonicenses se debe manifestar en la vivencia de la fe cada día, vivir de acuerdo a los valores transmitidos. Conservar lo transmitido no es refugiarnos en el pasado inoperante y caduco. Permanecer fieles a la Tradición, no es repetición material y perezosa del mensaje. No significa mera transmisión de datos fijados de una vez para siempre. Se trata de transmitir la palabra poderosa de Jesús de Nazaret y hacer que penetre e ilumine  las situaciones cambiantes de la historia del hombre. Cada generación cristiana nunca parte de cero para inventarse una fe a su medida, sino que se inserta en una historia de creyentes que han tenido en Jesús de Nazaret y en la comunidad apostólica su punto de partida. Todo esto exige un permanente esfuerzo de fidelidad creativa al pasado histórico que dio origen a la Iglesia y al presente histórico en que se mueve el hombre hoy. No se debe inventar arbitrariamente ni conservar rutinariamente, sino transmitir fiel y dinámicamente la fe. La invitación que san Pablo hace a permanecer fieles a las tradiciones recibidas está acompañada de una súplica a Dios Padre y a Jesucristo, el Señor, para que haga posible esa fidelidad. Lo que se solicita de los cristianos como esfuerzo personal, se pide a Dios como don gratuito de la benevolencia; gracia de Dios y colaboración humana son dos elementos imprescindibles en el proceso de salvación del hombre. El cristiano maduro no está preocupado por el momento de la segunda venida, está más bien ocupado viviendo el mensaje de salvación que ha recibido de la Iglesia, ese mensaje es consuelo en los momentos de dificultad y es esperanza que da certeza de vida eterna. Nuestra tarea es ser dóciles a la acción del Espíritu que inspira y mueve para realizar toda obra buena y para continuar el anuncio de salvación a los hermanos especialmente a los más alejados de la comunión de la Iglesia.

 

 

3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO

 

- Agradecer a Dios por el llamado que no ha hecho en Jesucristo a la salvación eterna, a la cual nos ha destinado desde la creación del mundo.

 

- Orar unos por otros para alcanzar la salvación el día que nos presentemos como Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, ante Jesucristo el Justo Juez.

 

- Leer la Palabra de Dios cada día para que ilumine nuestra vida y fortalezca nuestra esperanza.

 

- Ser coherentes entre lo que creemos y lo que vivimos superando el divorcio entre fe y vida.

 

- Vivir cada día con tal entrega como si fuera el último de nuestra vida aquí en la tierra.

 

- Animar con nuestra esperanza de vida eterna a los hermanos que sufren o se encuentran enfermos.

 

  • Agradecer a Dios por el llamado que no ha hecho en Jesucristo a la salvación eterna, a la cual nos ha destinado desde la creación del mundo.

4. ORACIÓN

 

“Gracias mi Dios, gracias”.

Por la vida, su belleza y su profundidad.

Por Jesús, el Hijo, el amado del Padre.

Por el reino de los cielos, por su cercanía

y su presencia en medio de nosotros.

Por la fraternidad y la solidaridad; el amor

y cariño; la amistad y comprensión.

Por el basto universo, con su brillo

centellante y su mar de estrellas.

Por la naturaleza entera que alaba al Creador.

Por el pan en la mesa y el vino en la copa.

Por la fidelidad de nuestro Dios.

Por la muerte y la resurrección.

Por Jesús, que nos alimenta con la Eucaristía.

Por el Espíritu Santo, que habita

en nosotros y entre nosotros.

Por la paz y la comunidad que nos sostiene.

Por María, que nos acompaña en nuestra

jornada de fe.  Amén.

 

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