SUBSIDIOS

 

 

LECTIO DIVINA XI


 

Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma

Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética

 

 

(Invocación al Espíritu Santo)

 

1. LECTURA DEL TEXTO (1 Cor 11,17-32)

 

Siguiendo, entonces, con las advertencias, no puedo alabar el que sus reuniones les perjudiquen en lugar de aprovecharles. En primer lugar me he enterado de que, cuando se reúnen en asamblea, hay diversos grupos entre ustedes. Y en parte lo creo, pues hasta es conveniente que haya diversos grupos entre ustedes, para que salgan a la luz los auténticos cristianos. El caso es que cuando se reúnen en asamblea, no es para comer la cena del Señor, porque cada cual empieza comiendo su propia cena, y así resulta que, mientras uno pasa hambre otro se emborracha. Pero, ¿es que no pueden comer y beber en sus propias casas? ¿En tan poca estima tienen a la Iglesia de Dios, que no les importa avergonzar a los que no tienen nada? ¿Qué voy a decirles? ¿Esperan que los felicite? ¡Pues no es para felicitarlos! Por lo que a mí toca, del Señor recibí la tradición que les he transmitido, a saber, que Jesús el Señor, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía”. Igualmente, después de cenar, tomó el cáliz y dijo: “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces beban de él, háganlo en memoria mía”. Así pues, siempre que coman de este pan y beban de este cáliz, anuncian la muerte del Señor hasta que él venga. Por eso, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. Examínese, pues, cada uno a sí mismo antes de comer el pan y beber el cáliz, porque quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propio castigo. Por eso hay entre ustedes muchos enfermos y débiles, y son bastantes los que mueren por esta razón. Si nos hiciéramos la debida autocrítica, no seríamos condenados. De cualquier manera, el Señor nos corrige al castigarnos, para que no seamos condenados junto con el mundo.

 

Con su Biblia en mano repasamos el texto respondiendo las siguientes preguntas:

 

¿Qué no puede alabar Pablo de la comunidad de los corintios v.17 ¿Qué sucede cuando se reúnen en asamblea v.18? ¿Por qué es conveniente que haya diversos grupos v.19? ¿Si no se reúnen para comer la cena del Señor entonces, qué hacen v.21? ¿Cuál es la tradición que recibió Pablo y que ha transmitido vv.23-25? ¿Qué se anuncia cuando se come el pan y bebe el cáliz v.26? ¿Qué sucede con quien come el pan y bebe el cáliz indignamente v.27? ¿Qué se debe hacer antes de comer el pan y beber el cáliz v.28? ¿Qué pasa con quien come y bebe sin discernir el cuerpo v.29? ¿Qué pasaría si nos hiciéramos la debida autocrítica v.31?

 

Para comprender mejor el texto tengamos en cuenta lo siguiente:

 

- Reunirse en asamblea no se entendía sólo en el sentido físico exterior, estar uno junto a otro. Se entendía en el sentido interior de la persona, un acuerdo íntimo de los reunidos, tener una misma intención. 

- “Cena del Señor” es el nombre más antiguo con que se designaba  entre los primeros cristianos a la Eucaristía.

- En tiempos de san Pablo, la Cena del Señor tenía dos partes: la celebración de la Eucaristía y después una comida entre hermanos. 

- La comida después de la Eucaristía también formaba parte de la celebración litúrgica, todo se hacía en la presencia del Señor.

- La Cena del Señor tenía el sentido de una comida festiva y fraternal. Se celebraba por la noche, cada uno llevaba su parte de acuerdo a sus posibilidades, de modo que repartían todo con todos. Pero sucedió con el tiempo que quienes llegaban primero eran los ricos y apuraban a comer sus abundantes alimentos, de manera que cuando llegaban los pobres esclavos y jornaleros con sus escasos alimentos, los ricos se habían saciado hasta estar borrachos. Esto era una vergüenza para los pobres.

 

 

2. MEDITACIÓN DE LA PALABRA ESCUCHADA

 

Pablo reprende a los corintios porque sus reuniones en lugar de ser provecho para ellos les perjudican, es decir no se realizan con un mismo espíritu, ni según el deseo de Jesús: donde dos o más se reúnen en mi nombre ahí estoy en medio de ellos. Los ricos llegan primero y comienzan la cena; cuando los pobres llegan queda poco. Los ricos comen su propia comida, no la comparten faltando así a la caridad enseñada por Jesucristo. ¿Por qué no comen y beben en sus casas? esto significa que deberían quedarse en su casa, porque no tiene sentido una participación que no tiene como objetivo la caridad, que el mismo Jesús nos comparte al darnos su cuerpo y su sangre. El desprecio, la humillación, la falta de amor a los pobres falsean la cena del Señor, al portarse así, no solo avergüenzan a los pobres, sino que desprecian a la Iglesia de Dios. No se deben portar como individuos aislados, la falta de consideración a los demás, especialmente a los necesitados hiere a la Esposa de Cristo. La Iglesia se siente afectada en cada uno de sus miembros, pero por misteriosas razones, de modo muy especial en los pobres.

 

Después de reprender Pablo a los corintios, les muestra ahora el sentido positivo y el espíritu con el que deben celebrar sus reuniones. Les recuerda el texto de la liturgia de la institución de la Eucaristía, que tenían bien conocido porque se recitaba como hasta el día de hoy. “Jesús tomó pan, dio gracias y lo partió” es la oración que todo padre de familia hacía antes de comer los alimentos para agradecer a Dios por lo que se tiene y recibir de él la bendición. “Esto es mi cuerpo para ustedes”  es el cuerpo de Jesús que se entrega en sacrificio en la cruz por los hombres y que se vuelve a realizar al celebrar la Eucaristía. “Hagan esto en memoria mía”. No se celebra un mero recuerdo, es una acción festiva, que hace presente una acción salvífica del pasado, es decir, se vuelve a realizar objetivamente esa salvación. El pan y el vino son señales de la entrega de Jesús por sí mismo al sacrificio de la muerte para salvación de los hombres.

 

Comer el pan y beber el cáliz no se trata únicamente de recibir la comunión, es hacer presente en la vida la salvación de Jesucristo para su Iglesia. Los corintios con sus divisiones internas hacen ineficaz el sacrificio de Jesucristo, es una conducta indigna, inconveniente. En la Cena del Señor, su cuerpo y  su sangre se nos dan generosamente, y en este mismo estilo deben ser recibidos. Aquel que toma parte de la Cena del Señor sin participar, ofende el amor de Dios que está presente en el sacrificio de Cristo. Participar de la Eucaristía es aprender de Cristo a entregar nuestra propia vida en el servicio de los hermanos, dar vida con nuestra propia vida. Es necesario revisar nuestra vida, con qué actitud estoy recibiendo el cuerpo y la sangre de Cristo, si no lo hago dignamente me puede llevar a la condenación.

 

 

3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO

 

- Hacer de nuestras celebraciones litúrgicas un lugar de encuentro con Dios y con los hermanos.

 

- Participar en la Eucaristía plena, conciente y activamente. No como espectador sino como un verdadero actor que tiene un lugar especial.

 

- Prepararnos antes de cada eucaristía para recibir dignamente el cuerpo de Cristo, si hay necesidad, confesarnos.

 

- Salir de cada eucaristía dispuestos a vivir lo que celebramos, dispuestos a compartir la vida y en la medida de lo posible nuestros vienes, mostrando generosidad como lo hizo Jesús al ofrecer su vida en sacrificio por nosotros.

 

- Organizar en nuestros grupos ayuda a las personas necesitadas como un signo de solidaridad cristiana.

 

 

4. ORACIÓN

 

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh, buen Jesús! óyeme.

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me aparte de Ti.

Del maligno enemigo, defiéndeme.

En la hora de mi muerte, llámame.

Y mándame ir a Ti.

Para que con tus santos te alabe.

Por los siglos de los siglos. Amén

 

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