SUBSIDIOS

 

 

LECTIO DIVINA XIV


 

Pbro. Lic. José Luis Salinas Ledesma

Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral Profética

 

 

(Invocación al Espíritu Santo)

 

1. LECTURA DEL TEXTO (1Cor 15,12-28)

 

Ahora bien, si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿por qué algunos de ustedes andan diciendo que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, tanto mi anuncio como la fe de ustedes no tienen sentido. Resulta incluso que seríamos falsos testigos de Dios, porque estaríamos dando falso testimonio contra él al afirmar que resucitó a Jesucristo, siendo así que, si los muertos no resucitan, tampoco a él lo resucitó. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes no tiene sentido y siguen aún sumidos en sus pecados. Y por supuesto también habrían perecido los que han muerto unidos a Cristo. Si nuestra esperanza en Cristo no va más allá de esta vida, somos los más miserables de todos los hombres. Pero no, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de quienes duermen el sueño de la muerte. Porque lo mismo que por un hombre vino la muerte, también por un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Y como por su unión con Adán todos los hombres mueren, así también por su unión con Cristo, todos retornarán a la vida. Pero cada uno según su rango: como primer fruto, Cristo; luego, el día de su gloriosa manifestación, los que pertenezcan a Cristo. Después tendrá lugar el final, cuando, destruido todo dominio, toda potestad y todo poder, Cristo entregue el reino a Dios Padre. Pues es necesario que Cristo reine hasta que Dios ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en destruir será la muerte, porque él ha puesto todas las cosas bajo sus pies. Se sobreentiende que, cuando la Escritura dice que todo le ha sido sometido, queda excluido Dios, que es quien sometió todas las cosas a Cristo. Y cuando le estén sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se someterá también al que le sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas.

 

Con su Biblia en mano repasamos el texto respondiendo las siguientes preguntas:

 

¿Qué andan diciendo algunos de los corintios? v.12  Si no hay resurrección de los muertos ¿Qué pasa con Cristo? v.13 Si Cristo no ha resucitado ¿Qué pasa? v.14 ¿Por qué seriamos falsos testigos de Dios? v.15 ¿Qué pasa si nuestra esperanza en Cristo no va más allá de esta vida? v.19 ¿Cristo ha resucitado de entre los muertos como fruto de qué? v.20 Si por su unión con Adán todos los hombres mueren ¿Qué pasará en su unión con Cristo? v.22 ¿Cuál será el orden de la resurrección? v.23 ¿Cuándo tendrá lugar el final? v.24 ¿Cuál será el último enemigo que destruirá Cristo? v. 26

 

Para comprender mejor el texto tengamos en cuenta lo siguiente:

 

- Lo que Pablo se propone en todo el capítulo 15 es refutar la opinión de algunos corintios que dicen que “no hay resurrección de los muertos”.

- Aunque admiten que Cristo ha resucitado, algunos de los cristianos de Corinto no aceptan la resurrección corporal de los muertos, buscan experimentar en el presente una forma de vida exaltada, libre de ataduras materiales y preocupaciones corporales.

- Quienes negaban la resurrección de los muertos probablemente estaban influenciados por la filosofía griega dominante que repugnaba la resurrección corporal, entre los griegos existía desprecio por el cuerpo lo mismo que por la materia.

- Negaban también la resurrección de los muertos los que expresan su desprecio del cuerpo por medio de una conducta contraria, entregándose a prácticas hedonistas (placenteras) con la justificación de que Dios va a destruir el cuerpo.

- En lugar de una esperanza futura, estas personas consideran que los cristianos disfrutan ahora en el presente los bienes eternos, y que deben vivir libres de ataduras del cuerpo, dotados de un conocimiento superior que les permite desentenderse de las necesidades materiales.

- En respuesta, Pablo presenta y comenta la tradición autorizada de la Iglesia acerca de la muerte y resurrección de Cristo.

 

 

2. MEDITACIÓN DE LA PALABRA ESCUCHADA 

 

Para la Iglesia Católica, como explica San Pablo, la fe en Cristo resucitado lleva necesariamente a la esperanza de que también los cristianos resucitarán. No esperar la resurrección de los muertos equivale a no creer en la resurrección de Cristo. Sería fatal para la vida cristiana si Jesús no hubiera resucitado, si no hubiera vencido a la muerte. No tendría sentido predicar el evangelio por parte de los proclamadores, y aceptarlo por parte de los creyentes. Una vida cristiana así, sería pérdida de tiempo, sin ninguna esperanza que motivara la existencia, sin esperanza para los muertos y sin ilusión para los vivos. Pero gracias a Dios no es así, los cristianos tenemos motivos trascendentes por qué vivir. Pablo dice con júbilo ¡Cristo ha resucitado! Es el anticipo de quienes duermen el sueño de la muerte. Jesús es el primero que ha resucitado, pero no sólo cronológicamente, es el primero porque él es el principio activo de la resurrección, él es la resurrección y la vida. Cristo ha sido constituido por Dios Padre como principio de una humanidad completamente renovada, su vida de resucitado lleva detrás de sí solidariamente a la humanidad a una creación enteramente nueva, a una vida excepcionalmente plena que hay más allá de la muerte.  

Algunos en la comunidad de corinto piensan en la resurrección pero sólo espiritual en esta misma vida, haciendo una falsa interpretación de la doctrina que han recibido de los apóstoles, no habría anuncio de otro mundo, de la vida eterna, todo quedaría en el plano terrenal. Si no se da una resurrección real, auténtica, corporal, entonces la fe es inútil, es trabajo perdido. Si Cristo no ha resucitado entonces permanecemos en nuestro pecado. Para Pablo pecado y muerte son inseparables. La muerte no es sólo castigo del pecado, sino la expresión más perfecta del pecado, quien vive en el pecado vive en la muerte. Por eso el perdón que ahora recibimos tiene que ver ya con la resurrección, porque a través del perdón nos hacemos una criatura nueva y nos prepara para recibir la resurrección eterna. La resurrección será una realidad de triunfo, porque en el nuevo reino de Dios instaurado por la resurrección de Cristo, los enemigos de la vida: poderes demoníacos, fuerzas caóticas y la misma muerte, serán vencidos y sometidos a los designios vivificadores de Dios que no es un Dios de muertos, sino de vivos. Dios será todo en todos, se manifestará al final y actuará como Señor de todas las cosas. 

Para nosotros los católicos la muerte no es el fin, es el paso de la vida terrena a la vida eterna, donde veremos a Dios cara a cara, tal cual es. Pero también somos conscientes de que esa vida se gana desde ahora, cuando hacemos vida en nosotros los valores del evangelio que da vida. La comunión con Cristo nos hace tener vida, el pecado disminuye y hasta destruye la vida. Porque Cristo ha resucitado vivimos con esperanza, por eso vale la pena esta vida, el que entrega su vida por Cristo y por su evangelio no la pierde sino la gana.

 

 

 

3. COMPROMISO PERSONAL Y COMUNITARIO

 

- Vivir en gracia de Dios acercándonos frecuentemente al sacramento de la reconciliación para apartarnos del pecado que nos lleva a la muerte.

 

- Evitar la esclavitud de los vicios que destruyen nuestra vida condenándonos a la muerte.

 

- Defender la vida en esta cultura de muerte: aborto, eutanasia, violencia, etc.

 

- Orar por todos nuestros difuntos para que alcancen la vida eterna.

 

- Ganara indulgencia plenaria para nosotros y para nuestros difuntos.

 

 

4. ORACIÓN

 

Dios de los espíritus y de toda carne,

que sepultaste a la muerte,

venciste al demonio

y diste la vida al mundo.

Concede a las almas de los difuntos

el descanso en el lugar luminoso,

en un oasis, en un lugar de frescura,

lejos de todo sufrimiento,

dolor o lamento.

 

Perdona todas sus culpas cometidas

de pensamiento, palabra y obra,

Dios de bondad y misericordia;

puesto que no hay hombre

que viva y no peque,

ya que Tú sólo eres Perfecto

y tu Justicia es justicia eterna

y tu Palabra es la Verdad.

Amén.

 

 

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